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El Chango Pirola: "El encierro es del corazón"

Trabaja en las cárceles de Bouwer y de Villa María dictando talleres de coro a los internos. Oriundo de Paraná, Entre Ríos, llegó a Córdoba traído por el amor y el huracán económico y político del año 2001. Desde entonces, en el marco de un programa del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia, desarrolla su arte y hace docencia en el escenario menos pensado: tras las rejas.

Por Carlos Ruiz / @qarlos_ruiz

Trabaja desde 2016 en las cárceles de Bouwer y de Villa María como parte de un programa cultural en los establecimientos penitenciarios. Rubén “El Chango” Pirola es entrerriano, oriundo de Paraná. Llegó a Córdoba en el desmadre que significó la crisis del 2001. Luego de años de cruzar los derroteros artísticos con los de la militancia, recibió la propuesta de dirigir el taller de coro de la cárcel como parte de un proyecto del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Desde ese momento hasta el presente ha desarrollado un camino de descubrimiento, arte y libertad.

Michael Foucault escribió en 1975 que la prisión, desde su origen mismo, “es la intersección de destinos desafortunados y de la ley, el lugar de encuentro del sujeto y de la verdad”. Algo de eso le tocó descubrir a Pirola en su contacto con los internos de Bouwer. Llegó a su primera clase, en el módulo MD1 con las partituras y una estructura de ensayos típicos de un coro tradicional. Pero a poco de comenzar se dio cuenta de que en la cárcel las cosas son muy diferentes.

Su perspectiva en cuanto a la enseñanza en esos lugares cambió definitivamente. “Estaba borrando unas cosas en el pizarrón y se me acercan dos pibes y me dicen: 'profe, quédese tranquilo porque nosotros queremos ayudarlo acá. Si le va bien a usted, nos va bien a nosotros. Es una ida y vuelta'. Se ve que me notaron medio nervioso. Eso me sirvió para todo el camino”, recuerda.

“Comencé a desarrollar con ellos el hecho artístico de la actividad coral. Encontrándome con su realidad, con lo que ellos estaban esperando y eso me hizo explorarlos, descubrirlos desde su potencialidad como cantantes, en un gesto colectivo que es lo coral”, relata Pirola.

Desarrolló los arreglos desde la perspectiva de los internos y de lo que ellos le proponían. “Descubrí una sensibilidad totalmente distinta a la de “afuera”. Me encontré con un ambiente creativo muy concentrado, porque los internos, en ese encierro físico,hacen muchas cosas, escriben mucho sobre su vida y no son pocos los que descubren que pueden desarrollarse como músicos en ese ámbito. Yo lo único que tuve que hacer es hurgar un poco desde dónde podía hacer que ellos se pudieran descubrir”, afirma Pirola.

El “Chango”

Rubén Pirola es el menor de doce hermanos, que lo bautizaron “Chango”, algo inusual en una provincia donde se usa el término “gurí” para referirse a los niños. Se crio en Paraná. A los nueve armó su primer grupo folclórico y a los trece se anotó para integrar el coro de la Universidad Tecnológica de Paraná. Comenzaba a descubrir que los conjuntos vocales y la construcción colectiva de la música iban a ser su pasión en la vida. Tres años después ya había armado su grupo vocal, con sus propios arreglos, que tomó el nombre de un poema del poeta entrerriano Carlos Mastronardi: “Luz de provincia”. Una novia cordobesa y los avatares del país en la crisis del cambio de siglo lo trajeron a Córdoba en 2002.

Participó del coro de la Voz del Interior que dirigía Gustavo Maldino, quien se convirtió en su padre artístico. Al mismo tiempo comenzó a hacer arreglos para el grupo vocal “Eusemos” y a participar de encuentros de coros que lo insertaron en el ambiente. Pronto tuvo una carrera como arreglador y director. Su primer coro fue el que armó en la capilla de barrio Rosedal. Allí, con el apoyo del párroco Carlos Ponce de León, pudo desarrollar todo su potencial como director.

El Chango sentía que al ambiente coral le faltaba un carácter más político y social. Cuando lo llamaron para dirigir el coro “Contra Coro Al Resto”, integrado por expresos políticos, sintió que era la oportunidad de abrir el juego a un mensaje más político. Las canciones eran compuestas por el ex preso Manuel Nievas. Poco a poco la mirada social y política se fue metiendo en el ambiente coral, con participaciones en la Semana de la Memoria, una presentación frente a Tribunales en la Megacausa de 2016 y encuentros en toda la provincia. “Había muchos directores con los que compartíamos desde lo ideológico, pero que no lo podíamos canalizar hasta ese momento”, recuerda Pirola.

Las cárceles

“Profe, este es el único momento en que yo me siento en libertad”, le decían los internos. “La cuestión estética del arreglo vocal o de la construcción de la música pasó a estar en función a esa sensación de libertad”, reflexiona. La pandemia hizo que se suspendieran los talleres. Recién pudo volver a las cárceles en agosto del año pasado para continuar con las clases de manera presencial. “Había que armar un repertorio y les propuse “Sobreviviendo”, de Víctor Heredia, relacionándolo un poco con la pandemia y cómo transformar eso en un mensaje también”, relata.

Lugo de varios años de enseñanza y de práctica con grupos vocales intracarcelarios, sostiene que “si esa actividad artística y creativa hubiera estado presente en otro momento de la vida de los presos, muchos de ellos no hubieran llegado a esa instancia de estar encerrados. La potencialidad siempre estuvo, era cuestión de que se descubrieran en esa identidad. Lo que desnuda el hecho artístico ahí es la falta de posibilidades”, asegura.

“En mi experiencia en la cárcel, el encierro es más del corazón. Ahí adentro hay más libertad en lo artístico que el que encuentro en el “afuera”, donde hay más prejuicios. Creo que si la gente que está afuera tuviera más contacto con los presos disminuirían la discriminación, los prejuicios, las estigmatizaciones y hasta es posible que salieran enriquecidos, como me pasa a mí”, concluye.

Podés disfrutar de su música en este enlace:

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Fotos: Gentileza Instagram @changopirola

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