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El deseo imperial de Sarmiento: tanta plata (y tan poca plata)

¿Por qué todo lo nuestro, lo patrio, lo nacional, lo argentino, gira en torno a la plata? El río más ancho del mundo, de la Plata. Nuestro nombre, del latín argentum, que significa plata. Y la más grande idea de Domingo Faustino Sarmiento: Argirópolis, un derivado del griego que significa Ciudad de la Plata.

Por Juan Cruz Taborda Varela

Argirópolis, el sueño sarmientino. Un sueño que soñó en su exilio en la época rosista y que plasmó en uno de sus libros: Argirópolis o los estados confederados del Río de la Plata, publicado en 1850.

¿Y que pretendía Sarmiento con Argirópolis? Emular, como siempre quiso, en todo aspecto, a Estados Unidos. Y así como allá habían unido a muchísimos Estados -muchos a la fuerza-, acá, el maestro mayor también quería unir. Unir Argentina, Paraguay y Uruguay para conformar un solo gran estado, enorme como el del Norte, pero al Sur del Sur, con la capital en la pequeña isla Martín García.

En su libro -que no firmó, porque pretendía que fuera un testimonio anónimo-, Sarmiento es un Sarmiento distinto al que conocimos posteriormente: se muestra pacífico y deseoso de una unión en concordancia y amor. “Entremos a un régimen cualquiera -dice el sanjuanino-, que salga de lo arbitrario, de lo provisorio, de lo inconstituido. Y el tiempo, la tranquilidad, la experiencia irán señalando los escollos y apuntando el remedio”. Un Sarmiento sosegado y armónico buscaba una unidad en base a acuerdos, amistad y amor. ¿Cuánto duraría eso?

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La tapa del mencionado libro ed Domingo Faustino Sarmiento.

La tapa del mencionado libro ed Domingo Faustino Sarmiento.

El título completo de la obra, que reconoció como propia en 1851, era: “Argirópolis: Solución de las dificultades que embarazan la pacificación permanente del Río de la Plata por medio de la convocación de un congreso y la creación de una capital en la isla de Martín García, de cuya posesión (hoy en poder de la Francia) dependen la libre navegación de los ríos y la independencia, desarrollo y libertad del Paraguay el Uruguay y las provincias argentinas del litoral”.

Esos sí que eran títulos de libros.

Razonado, bien documentado (mucho conocimiento de geografía tenía Domingo) y apacible. Así definen a las páginas de Sarmiento quienes las han estudiado. Su propósito era el de terminar la guerra, constituir el país, acabar con las animosidades, conciliar intereses y dar a cada provincia y cada Estado comprometido lo que le pertenece. Sarmiento buscaba el Nobel de Paz en esta idea atravesada por el sueño bolivariano de la gran Colombia y los planteos que previamente habían hecho Alberdi y el cordobés Mariano Fragueiro, entre otros.

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Mirar al Norte

A la hora de poner ejemplos, el futuro presidente siempre miraba a Estados Unidos y contaba las proezas de los inmigrantes que llegaban a Nueva York a hacer la América. Y si Estados Unidos era el ejemplo, la contracara la representaba la avanzada de Rosas contra los originarios, aquella primera Campaña del Desierto:

- Nuestras expedicioncillas a los indios -dice Sarmiento en Argirópolis- para volver con historias y paparruchas son especulaciones ruines de gobernantes para arrancar contribuciones y enriquecerse, o para preparar con ellas medios de engrandecimiento personal. No son los indios los que quedan cautivos; son los pobres pueblos, que suministraron soldados y dinero.

Páginas siguientes, Sarmiento abandonaba su bravura acostumbrada y volvía el Sarmiento piola en camino al Nobel de la Paz. Y les aclaraba a los hermanes paraguayes y uruguayes:

- Lejos de nosotros la idea de querer someter a Uruguay o al Paraguay. Por eso pedimos un congreso general en que todos los intereses sean atendidos y que el pacto de Unión y Federación se establezca bajo tales bases.

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En el inicio de Argirópolis hay una razón al por qué pensar la unión de los pueblos. Se pregunta el sanjuanino:

“¿Cuántos años dura la guerra que desola las márgenes del Plata? ¿Cuánta sangre y cuántos millones ha costado ya y cuántos ha de costar aún? ¿Quiénes derraman esa sangre, y cuál es la fortuna que se malgasta? ¿Quién tiene interés en la prolongación de la guerra? ¿Por qué se pelean y entre quiénes? ¿Quién, en fin, puede prever el desenlace de tantas complicaciones? ¿No hay medio al alcance del hombre para conciliar los diversos intereses que se chocan?”

Paradojas. Ese Sarmiento exiliado de 1850 quería paz. 18 años después, ese mismo Sarmiento sería presidente del país que lo había expulsado. Para entonces, lejos de la paz buscada, el país, Argentina, nosotros, junto a Uruguay y Brasil, masacraban (masacrábamos) al pueblo paraguayo. ¿Sería el Sarmiento de Argirópolis el que pondría fin al terror de la batalla?

No. Sarmiento, siendo presidente, volvió a ser el de siempre, lejos del Nobel de la Paz. La guerra ahora era, según sus palabras, “necesaria, legítima y honorable”.

De Argirópolis y la concordancia latinoamericana no quedaban más que algunos ejemplares que ya nadie quería leer.

Martín García: una isla a medias

En el país en donde la tierra sobra, la isla Martín García, la que sería la capital de Argirópolis, no llega a alcanzar los dos kilómetros cuadrados: apenas 160 hectáreas. En el país donde las aguas inundan, la isla flota en líquidos uruguayos.

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La isla Martín García es una anomalía normalizada al Sur del Sur. La confluencia de los ríos Uruguay y de la Plata la mojan por todos sus costados, pero esas aguas territoriales son uruguayas. Sí, la isla Martín García se configura como el único enclave argentino en territorio uruguayo. Después de años de conflictos, disputas y corrimiento de límites, en el último acuerdo de la década del ‘70, los dos países acordaron de quién sería la tierra, resolvieron que las aguas serían de uso común, pero, pequeño triunfo celeste, determinaron que el lecho y el subsuelo en donde está la Martín García les pertenecen a los charrúas.

Puerta de entrada de los conquistadores españoles, en la Martín García pasó de todo y sin embargo navega en aguas calmas y casi nunca tenemos noticias de ella. Que Mariano Moreno se la quiso entregar a los ingleses (alerta: fake news), que desde allí se ganaron las principales batallas para la independencia patria, que Rubén Darío escribió su mejor obra mientras se recuperaba en el sanatorio isleño, que los originarios derrotados por el zorro Roca fueron depositados como objetos en sus tierras, que los enfermos de cólera y fiebre amarilla eran recluidos entre las aguas para cursar su cuarentena, que de sus piedras se pavimentó toda Buenos Aires y que fue cárcel, la isla, para todo presidente destituido. Pasó de todo y ahí está, casi solitaria.

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¿Algo no fue la isla Martín García? Tanto fue, que tuvo la posibilidad de ser nuestro Washington DC si se concretaba el sueño mayor de Domingo Faustino Sarmiento. Lejos de esa gloria y más cerca de la imaginería colectiva como un gran presidio, a mitad del Siglo XX la isla Martín García se convirtió en un polo turístico impulsado por el primer peronismo. ¿Quién no soñó con pasar sus vacaciones en una isla? ¿Quién no creyó que rodeado de un mar infinito se alcanza la felicidad total? Sueños de verano, la población de Martín García alcanzó casi las cinco mil personas y todo hacía presagiar que su destino estaba atado a veranos retratados en las revistas de moda.

Exclusiva: descubrimos a Olinda Bozán descansando en las playas isleñas.

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La curiosidad por conocer las tierras donde había permanecido preso el General generó un boom turístico que desapareció cuando el General ya no estuvo más. Desde entonces todo fue muy calmo. Lo vieron a Frondizi rapado como un reo y se sacaron fotos con él, pero a los siguientes presidentes destituidos ya nos los llevaron más al enclave. La gente empezó a irse y de aquellos casi cinco mil en 1950, hoy no llegan a 200. Ser pocos no es un problema: el problema es que poco nos acordamos de ellos. Y ahí andan solos y con vecinos uruguayos tan cerquita que casi que hablan como ellos: el territorio que es Martín García está dividida en dos: de un lado, nuestra parte argenta. La otra mitad se llama Timoteo Domínguez y la casaca de su selección es toda celeste. La vecindad entre las dos conforma la única frontera seca entre la Argentina y Uruguay.

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