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Verde que te quiero verde: Escasez de dólares en el horizonte del 2023

Se estima que de los 46 mil millones de dólares que liquidó el campo y la agroindustria en 2022, el año próximo habría un recorte de al menos 10 mil millones por la sequía. Por otra parte, la energía sigue cara por la invasión rusa. ¿Llegará a tiempo el gasoducto Néstor Kirchner para evitar la importación de GNL?

Por Gonzalo Dal Bianco

El 2022 cerrará como el tercer año consecutivo bajo el influjo de La Niña, una experiencia inédita que los meteorólogos aún observan sorprendidos tras quemar varios libros y pronósticos. El fenómeno, lejos de ser inocuo, profundizó la crisis productiva que se insinuó en los dos años anteriores y ahora se agravó al extremo. En los campos el trigo atravesó su ciclo casi sin precipitaciones y los resultados fueron lapidarios: en Córdoba la cosecha dejará menos de una cuarta parte de lo obtenido el año pasado, al punto que su industria molinera no tendrá materia prima para cubrir la demanda anual y deberá comprar en otras provincias. La campaña gruesa, mientras tanto, avanza en el desierto: los productores retrasaron las fechas de implantación esperando las lluvias, que nunca llegaron. Echaron mano a todas las herramientas disponibles para enfrentar la falta de humedad, pero el recorte de producción será inevitable y significativo.

La situación enciende alarmas en el Ministerio de Economía, luego de haber transitado un año con liquidación récord del campo, estimada en unos 46 mil millones de dólares, equiparable al préstamo tomado ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la gestión de Mauricio Macri. Sin embargo, ese volumen no permitió un tránsito económico simple en 2022. Las tensiones fueron una constante y las reservas del Banco Central permanecieron durante meses contra las cuerdas, sumando ruido a una economía plagada de distorsiones. Si la sequía golpea con fuerza al agro y hay menos dólares disponibles en 2023, ¿qué pasará con la economía?

“En los campos el trigo atravesó su ciclo casi sin precipitaciones y los resultados fueron lapidarios: en Córdoba la cosecha dejará menos de una cuarta parte de lo obtenido el año pasado, al punto que su industria molinera no tendrá materia prima para cubrir la demanda anual y deberá comprar en otras provincias” “En los campos el trigo atravesó su ciclo casi sin precipitaciones y los resultados fueron lapidarios: en Córdoba la cosecha dejará menos de una cuarta parte de lo obtenido el año pasado, al punto que su industria molinera no tendrá materia prima para cubrir la demanda anual y deberá comprar en otras provincias”

Allí se cruza un elemento no menos importante a la hora de valorar la disponibilidad de divisas: la balanza energética. En 2022, el efecto de la invasión rusa a Ucrania disparó los valores de la energía en el mundo y agravó el panorama en países importadores como lo es Argentina desde hace unos años. A pesar del enorme potencial energético que tiene el país, necesita comprar gas y hasta combustibles en el exterior para mantener la rueda de la economía real girando. Por eso, la guerra desatada por Putin pega de lleno en la balanza comercial argentina. Y durante los meses del invierno pasado el Banco Central permaneció en alerta roja porque la salida de dólares era constante para pagar las facturas del Gas Natural Licuado que ingresaba por Escobar y Bahía Blanca. Para dimensionar el efecto de la invasión a Ucrania hay que considerar que, en el invierno de 2021, el GNL tenía un valor de 8,33 dólares el millón de BTU (British Thermal Unit, la unidad de medida que se utiliza comercialmente y que equivale a 27,8 metros cúbicos). Un año después, el valor escaló a un promedio de 31 dólares. Eso provocó que la balanza energética pasara de un déficit de 534 millones de dólares a más de cinco mil millones de dólares. Básicamente eso se explicó por importaciones que crecieron de cuatro mil millones (2021) a 12 mil millones de dólares (2022).

Una reacción directa de esa situación fue que el Gobierno apuró una obra inexplicablemente demorada por años como el gasoducto Néstor Kirchner, que permitirá en parte exportar el shale gas obtenido en Vaca Muerta y en parte inyectar al mercado interno. Hoy no hay cómo transportarlo.

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Se espera una importante merma en la cosecha de trigo por la sequía.

Se espera una importante merma en la cosecha de trigo por la sequía.

Dos variables

Este elemento hace que 2023 tenga en materia energética dos variables clave para la Argentina: la guerra en Ucrania y la evolución de la obra de infraestructura que parte desde Neuquén. Si esta última llega antes del invierno (está previsto su inauguración en junio, aunque muchos creen que será algunos meses después) la necesidad de importar GNL será bastante menor porque se evitará el período de mayor demanda, para el cual el país podría contar con autoabastecimiento, o casi. Caso contrario, no sólo habrá menos ingresos de dólares del campo, sino que se replicará la fuga por pago de energía.

En números concretos, hay cierta coincidencia en los pronósticos. El escenario más optimista refleja que la Argentina podría tener unos 10 mil millones de dólares menos aportados por las distintas cadenas agroindustriales. El más pesimista estira esa cifra a 15 mil millones. El campo es el principal aportante de divisas en el país, por lo cual la consecuencia sería sustancial. Ese pronóstico de recorte de dólares fue presentado por la Bolsa de Comercio de Rosario semanas atrás. En paralelo, el Ieral de la Fundación Mediterránea, publicó un informe de su economista jefe, Juan Manuel Garzón, algo más optimista: un escenario moderado de las exportaciones asociadas a la cosecha 22/23 (ciclo comercial) mostraría una caída de US$ 6,6 mil millones respecto a las del ciclo previo. En el escenario pesimista se ampliaría la caída a US$ 10,4 mil millones, mientras que en el optimista se reduciría a US$ 1,6 mil millones. En diálogo con Mi Córdoba, Garzón explicó que hoy la mayor probabilidad de ocurrencia se ubicaría entre los dos primeros supuestos.

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Plano aéreo del Gasoducto Néstor Kirchner.

Plano aéreo del Gasoducto Néstor Kirchner.

Pronósticos

¿Qué probabilidades hay de que la energía pase de ser un problema a ser una solución? MI Córdoba consultó a dos especialistas y ex secretarios de Energía de la Nación para analizar el escenario: Daniel Montamat y Jorge Lapeña.

Montamat no dudó en advertir que 2023 seguirá coqueteando con el riesgo de la devaluación, posiblemente agravado por la sequía en el campo. Lapeña advirtió que “la cuenta energía será muy similar a la de este año porque ni el conflicto en Ucrania ni el gasoducto Néstor Kirchner se terminarán en el corto plazo” (ver subtítulo).

Montamat, que además fue presidente de YPF y director de Gas del Estado, recordó que 2022 cierra con un déficit en la balanza energética de unos cinco mil millones de dólares. “Importamos bastante menos barcos de gas licuado de lo esperado al principio porque tuvimos muy buena hidrología en las cuencas de Brasil y eso mejoró la generación de las hidroeléctricas en Yacyretá y Salto Grande. Por eso los meses de pico de demanda hubo mucha generación hidroeléctrica que evitó algún consumo de gas, sino hubiésemos tenido que importar más volumen de GNL”, explicó.

- Sin buena generación hidroeléctrica hubiese sido un adicional de termoeléctrica…

- Claramente, iba a ser necesario más generación termoeléctrica que puede ser con GNL o gasoil. En 2021, la compra promedio de gas por barco fue de 8,33 dólares el millón de BTU; en 2022 subió a 31 dólares promedio. El conflicto europeo no se diluye, llegó el invierno allí y los países están pagando el gas a precios muy elevados. Esos precios se trasladan al gas de importación argentino, pero nosotros por suerte ahora estamos en contra estación, en verano, y no tenemos que importar.

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Daniel Montamat, ex secretario de Energía de la Nación.

Daniel Montamat, ex secretario de Energía de la Nación.

- ¿Cómo se proyecta esa balanza para 2023?

- El tema de si la balanza comercial de energía de 2023 puede compensar en parte la pérdida de las cosechas va a depender de cuánto GNL tengamos que importar, a qué precio, y cuándo tengamos listo el gasoducto Néstor Kirchner que tiene fecha para junio del año próximo, pero eso está por verse. Nos aportaría unos 11 millones de metros cúbicos por día.

- ¿Cuánto volumen es eso para nuestro mercado?

- Pensemos que en invierno el país consume 160 millones de metros cúbicos y que en la media anual alcanza 120 o 130 millones de metros cúbicos diarios. Si no tenemos el gasoducto, como creemos muchos de los especialistas en la materia, vamos a tener que importar más barcos o algo más de gasoil para generar electrones.

- ¿Puede haber una tabla salvadora, una alternativa?

- Nos puede ayudar que tengamos un clima no tan seco en determinadas cuencas. Que siga así en Brasil, para tener Yacyretá y Salto Grande con volumen importante de generación. También vamos a tener que ver las cuencas del Comahue, que este año estuvieron bastante secas. Esas cuencas almacenan agua durante el verano, no como las de Yacyretá, que son de paso; y en invierno se libera esa potencia hidroeléctrica para tratar de disminuir las compras de combustibles. Ese es un factor que a esta altura no viene bien.

- ¿Y los precios de importación?

- En el caso de los precios del GNL creemos que van a seguir siendo caros porque el conflicto europeo, lejos de solucionarse, parece estancado y con amenazas de recrudecer luego del invierno. Pensemos que Europa compraba el 40% de su gas a Rusia, y hoy no compra casi nada, lo tiene que sustituir comprando barcos. Eso compite con lo que necesitamos nosotros y levanta los precios. Creo que el aporte va a venir por una mayor exportación de shale oil, porque estamos produciendo bastante más. Además, todo lo que se produzca se puede exportar. Y pensemos que el oleoducto trasandino se volvió a habilitar y va a jugar con entrada de dólares.

“El escenario más optimista refleja que la Argentina podría tener unos 10 mil millones de dólares menos aportados por las distintas cadenas agroindustriales. El más pesimista estira esa cifra a 15 mil millones. El campo es el principal aportante de divisas en el país, por lo cual la consecuencia sería sustancial” “El escenario más optimista refleja que la Argentina podría tener unos 10 mil millones de dólares menos aportados por las distintas cadenas agroindustriales. El más pesimista estira esa cifra a 15 mil millones. El campo es el principal aportante de divisas en el país, por lo cual la consecuencia sería sustancial”

- ¿Eso habla de que podríamos recortar el déficit de la balanza energética pero no revertirlo?

- Exacto. La suma de factores da que el año que viene vamos a estar en una balanza energética deficitaria de entre 3 y 4 mil millones de dólares. Con lo cual la energía no soluciona el problema de los dólares agropecuarios que van a faltar. Tal vez pueda aportar una leve reducción de déficit con respecto a 2022, que fue de US$5 mil millones. Todo sujeto a variables que son muy difíciles de cuantificar en muchos casos. Hoy los futuros de GNL están altísimos, pero un día Putin se levanta y frena esta locura y los valores van a caer. Por otro lado, está el gasoducto: si se termina a tiempo o no; pero recordemos que el barco de Bahía Blanca se fue y dijeron que no iba a volver, pero ahora trajeron otro. Necesitamos el barco en Escobar y el otro en Bahía Blanca, eso es una señal de que el gas que se iba a sustituir con el gasoducto que entraba en operaciones no llegaría a tiempo.

- ¿Cómo imagina la economía del año electoral en este contexto?

- Creo que, salvo que haya un mensaje tranquilizador de la oposición, con un programa claro y planteando las reformas estructurales necesarias, estamos jugando con el factor tiempo. Con la bomba de tiempo que hay con las Leliq, el déficit cuasi fiscal y la falta de dólares, se va a hacer complicado. Y ni hablar si hay peleas duras en la oposición y los agentes económicos empiezan a advertir que lo que viene va a seguir siendo malo, eso puede agravar la situación.

Lapeña: “Argentina es una tortuga para ampliar capacidad energética”

El exsecretario de Energía de la Nación y actual director del Instituto General Enrique Mosconi, Jorge Lapeña, advirtió que hay que ordenar las principales variables económicas para dar señales que atraigan inversiones en energía y así transformar el potencial del país en una realidad.

- ¿Cómo cerró 2022 en la cuenta energía para el país?

- Cerró con un balance de importaciones energéticas mayor que el del año pasado y mayor que en 2020. Y eso ocurre porque hay más cantidades importadas junto con mayores precios respecto a los ciclos previos. Y el mayor precio está relacionado íntimamente con la guerra en Ucrania. Sabemos que Europa es un teatro de operaciones de guerra y que es a su vez un lugar de tránsito de grandes flujos de energía que se vieron interrumpidos por la situación bélica. Rusia es el gran proveedor del gas europeo y eso se hace a través de gasoductos que pasan por debajo de Ucrania para abastecer al resto de los países. Esa situación de guerra inflamó precios a niveles extraordinarios, sobre todo de gas natural licuado, que es lo que Argentina importa en Bahía Blanca y Escobar. Esa es la razón por la cual la factura de compra de la Argentina se vio incrementada en un nivel importante en dólares.

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Jorge Lapeña, especialista en energía, no es optimista de cara al 2023.

Jorge Lapeña, especialista en energía, no es optimista de cara al 2023.

- ¿Y 2023?

- Mirando hacia adelante, la pregunta es qué pasa con la guerra. Y la verdad es que cuando se desató el 24 de febrero todos pensaban que dado el volumen de Rusia y el de Ucrania iba a durar poco tiempo. Sin embargo, no fue así, como ocurrió en otros momentos históricos. Y a esta altura es una guerra de larga duración y posiblemente sea un conflicto que no va a terminar fácilmente. Los contendientes no son exclusivamente Rusia y Ucrania, porque si fuera así ya hubiera terminado. La verdad es que Occidente ayudó a Ucrania a defenderse con armas, pero además sancionando a Rusia. Y esto también genera un adicional de incremento de precios. Rusia obviamente va a privilegiar otros mercados, va a dejar de abastecer a Europa y entonces se reorientará hacia el Este: China, Japón, India. Eso reconfigura el mundo. Lo que se ve es un año 2023 con características parecidas a 2022 y por lo tanto veo a Argentina gastando mucha más plata de la que debiera en importaciones de energía. No creo que la factura de la importación baje.

- Entonces si vamos a tener menos dólares del campo y el mismo gasto para importar GNL, vamos a un escenario peor que el de 2022…

- Si el agro aporta menos dólares, la energía no va a colaborar con menos importaciones. Esto sólo sería posible si el gasoducto Néstor Kirchner entra en servicios antes del invierno y evita las compras. Pero me parece que eso es dudoso porque es una obra de muchos kilómetros. Pensemos que el último gasoducto que se intentó hacer en Argentina fue el del Noreste, que conecta Bolivia con Santa Fe, pasando por las provincias del medio, y que se comenzó en 2013 y todavía no se terminó. Hoy es una cantidad de hierro enterrado que no sirve para nada; incluso con dinero público mal gastado. Por eso es difícil jugarse a que el 15 de junio va a estar operativo el gasoducto y se van a evitar importaciones. Pero además esas importaciones deben ser compradas antes; no es como ir a comprar lechuga a la esquina. Por eso, aunque entre en junio a operar, gran parte de las importaciones se seguirán haciendo. Y sumemos que del gasoducto va a entrar a operar una primera etapa que aportará unos 10 o 15 millones de metros cúbicos de gas por día. Por eso veo un invierno igual de complicado que el anterior desde el punto de vista de las importaciones. Si a eso le sumamos una menor cosecha del agro, vamos a estar complicados.

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La energía hídrica palió el grave déficit en 2022.

La energía hídrica palió el grave déficit en 2022.

- Se habla mucho de la potencialidad energética de Argentina, ¿es realista eso?

- Hay una potencialidad, pero para que se transforme en realidad se necesita una gran inversión, en particular de nueva infraestructura. Si quiero producir más gas de Vaca Muerta puedo hacerlo, pero para vendérselo a España, por ejemplo, hay que hacer gasoductos, puertos, plantas de licuefacción de gas. Y eso implica un volumen de miles de millones de dólares que la Argentina no demostró que sea capaz de hacer en breve plazo. Insisto con el gasoducto del NEA que comenzó en 2013; o las centrales hidroeléctricas de Santa Cruz que están apenas comenzadas; la central nuclear de Atucha III todavía no empezó a construirse y se firmó en mayo; vemos que la Argentina es una tortuga en materia de construcción rápida de infraestructura nueva e intensiva de capital.

- ¿Cuánto impacta ahí el desorden económico para acelerar inversiones?

- Mucho. Si la Argentina fuera un país con economía y moneda estable, sin un gran déficit fiscal, sin emisión, sería otro escenario. Hoy tenemos una inflación que es de las más grandes del mundo, un riesgo país que es de los más altos del mundo. En un país normal, cuando alguien quiere hacer una inversión, tiene capitales internacionales prácticamente al mismo precio que en cualquier país desarrollado. En Uruguay se paga una sobretasa muy pequeña con respecto a lo que paga un inversor en Estados Unidos; pero en Argentina, con el riesgo país, tiene un costo prohibitivo para el que pida dólares en el extranjero. Evidentemente primero hay que resolver los problemas económicos crónicos como el déficit fiscal, la inflación galopante, la pobreza cuantiosa que orilla el 50% e implica que la gente no puede consumir. Y no es un país con un PBI que crezca. Por eso debería darle una prioridad absoluta al rebalanceo de la economía. Sólo así va a bajar el riesgo país y una serie de incertidumbres y muchas inversiones podrían tener cabida.

- ¿Por qué no cree que llegue a tiempo el gasoducto Néstor Kirchner?

- Justamente el gasoducto Néstor Kirchner, que es una obra necesaria para poder sacar el gas de Vaca Muerta, no fue encarado por empresas privadas que hayan visto en esa ejecución un negocio. Las empresas privadas se borraron y le dejaron ese rol a la empresa estatal Enarsa, que ha demostrado a lo largo de su existencia ser una empresa incapaz de llevar adelante con eficiencia obras públicas de esta magnitud. Cuando vemos que ese gasoducto está en cabeza de Enarsa quiere decir que no hay inversores privados que hayan dicho ‘voy a hacer el gasoducto porque es un buen negocio’. Es el síntoma que sugeriría mirar.

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