Por Carlos Ruiz / @qarlos_ruiz
Nacho Sánchez Mestre, guionista: La cocina de División Palermo
MI Córdoba conversó con uno de los realizadores de la última sensación de las series argentinas: la descontracturada e incorrecta División Palermo, una hilarante parodia que se ríe de todos y con todos
Es la serie del momento en Netflix. Estrenada recientemente, es una de las más vistas de Argentina y se consolida en el ranking global de la plataforma. Creada por Santiago Korovsky, consta de ocho capítulos protagonizados por el propio Korovsky, quien es, además, guionista y codirector junto a Diego Núñez Irigoyen.
Un grupo de civiles es reclutado para conformar una guardia urbana “inclusiva” que busca “servir a la comunidad”, aunque en realidad es una operación de marketing para mejorar la pésima imagen que tienen las fuerzas de seguridad.
El escuadrón está integrado por el propio Korovsky (Felipe Rosenfeld), un ciego (Facundo Bogarin), un joven con enanismo, fanático de las armas (Hernán Cuevas), una escritora trans que busca inspiración para un libro (Valeria Licciardi), un adulto mayor que se niega a aceptar su sordera (Julio Marticorena), y un inmigrante de Bolivia que lucha por triunfar en el stand up (Renato Condori Sangalli). El grupo es conducido por Daniel Hendler (Miguel Rossi). Como contrapunto, Martín Garabal (Esteban Vargas) y Charo López (Paloma Gutiérrez) son dos policías de foja dudosa que subestiman y al mismo tiempo se ven amenazados por esta troupe bastante particular. Los miembros de este nuevo escuadrón se ven envueltos en desopilantes situaciones y deben enfrentar a una banda criminal liderada por unos bizarros narcotraficantes.
La serie acierta en el tratamiento de temas incómodos para la sociedad, como la discapacidad, la diversidad de género, religiosa y étnica, con inteligencia y un humor eficaz, dinamitando y burlándose de la corrección política que nos inunda hasta el cuello.
¿Cómo se construye un éxito de esas características? ¿Cómo es el proceso creativo que hay detrás?
MI Córdoba dialogó con Ignacio Sánchez Mestre, sanjuanino, formado en la carrera de Publicidad en Córdoba y ligado a la escuela de teatro de la provincia “Medida x medida”. Luego de un breve paso por México, donde trabajó en agencias de publicidad, Nacho llegó a Buenos Aires buscando perfeccionar su formación teatral. Trabajó en la productora Pramer realizando spots para Canal “a”, Cosmopolitan y otras a la par que se desempeñó como actor. Allí conoció a Santiago Korovsky, quien lo convocó para integrarlo al equipo de guionistas que trabajó en la serie.
- ¿Cómo fue la convocatoria para trabajar en División Palermo?
- Con Santiago Korovsky nos conocemos porque nos formamos en la misma escuela de actuación y somos del mismo grupo de amigos. Es un proyecto que nace bastante entre amigos. Santi venía hacía un tiempo con la idea, tratando de venderla a productoras. En un momento se le ocurrió grabar un teaser y gracias a eso consiguió el interés de la productora K&S Films. Hubo que armar un equipo de guionistas y me convocó. Éramos cuatro al principio.
-La idea de la serie es clara y creo que eso es gran parte del éxito que tiene. La gente detecta de entrada donde apunta, muchos nos sentimos identificados por las temáticas y las situaciones y esa sensación de falsedad que esconde la corrección política. ¿Cómo lo encararon desde el otro lado, desde la escritura, desde la “cocina” del guión? ¿La tenían clara de entrada? ¿Fue surgiendo a medida que avanzaba el proyecto?
- La idea es bastante fuerte, como decís vos. Nos colocaba a nosotros como guionistas en un lugar que nos teníamos que correr de lo que se podía esperar de una serie. Correr un poco los límites de lo políticamente correcto, desde el humor. Ya la idea nos colocaba ante un desafío: hacer humor desde otro lugar, con los chistes que nosotros solemos hacer todo el tiempo, pero que no vemos tanto en las ficciones. La escritura fue eso. Tratar de salirse de lo correcto y de quedar bien, pero con respeto y también en contacto siempre con personas que lo sufren mucho. Por ejemplo Lucre, una chica cordobesa, que está en silla de ruedas, y nos contaba un poco acerca de su vida diaria, su vida cotidiana. Lo hacía con mucho humor, entonces también había algo de eso, de trasladar su humor a la ficción. Los diálogos tienen mucho de esas vivencias, de la vida cotidiana de esas personas y no caer en los estereotipos.
El equipo de guionistas estuvo integrado por el mismo Santiago Korovsky, Ignacio Sánchez Mestre, Florencia Percia, Martín Garabal, Mariana Wainstein, Ignacio Gaggero y Martina López Robol.
- ¿Cómo es trabajar con una productora grande, tuvieron libertad o hubo alguna bajada de línea?
- Cuando se trabaja con una productora grande hay muchos filtros, muchas opiniones. Y después vinieron las opiniones de Netflix. Hay mucha gente que opina. A veces se hace difícil mantener el tono y lo que estamos tratando de contar. Te diría que fue bastante libre. En general las devoluciones que venían de K&S eran para desacartonarnos, cuando nos poníamos correctos, un llamado de atención para volver a la libertad con que se concebía la serie. Además todo esto ocurría en el 2020, con la pandemia, donde no había un cara a cara, era todo por zoom, que ya te limita bastante. Era como encontrarle la vuelta a esa dinámica, un poco fría, pantallas y que no nos podíamos ver. Creo que también por eso fue bastante largo el proceso. Todo el 2020 se escribió, en el 2021 se reescribieron los cambios pedidos por Netflix y en el 2022 se filmó.
- Un gran acierto es el casting. Son todos excelentes actores y actrices. ¿Tuvieron alguna intervención? ¿Fue un guión “de hierro” o se hicieron modificaciones en el rodaje?
- Tengo mucha memoria, me acuerdo los diálogos y creo que se respetaron bastante los textos. Quizás las modificaciones que introdujeron los actores tienen que ver con las maneras de decir, pero no con los textos. Por ejemplo, el personaje que hace Daniel Hendler, tiene muchos aportes de él. Pero no mucho más, casi todo estaba escrito.
- ¿Imaginaban el éxito que iba a tener?
- No, nunca pensamos que le iba a ir tan bien, que se iba a generar tanta repercusión. No lo pensamos. El hecho de que esté en Netflix la hace muy popular, cosa que no pasa por ahí con otras plataformas. Además la serie tocó una rama que no se había tocado, empezó a hablar de la inclusión con un humor quizás no tan explorado. Así y todo sigo pensando el porqué de tanto éxito. Creo que hay ahí algo bastante fuerte. No lo imaginamos. El rodaje estuvo lleno de complicaciones, gente que tenía Covid, no es que era un rodaje donde vos decías “esta serie la va a romper”. Fue un rodaje con problemas. La pandemia que volvía, todo se atrasaba, fallaban algunas locaciones. Yo creo que cuando los proyectos están conectados con el presente no hay tiempo como para pensar en un futuro, la repercusión y los resultados. Fue un trabajo donde todo el tiempo se le pidió al equipo que estuviera conectado con el proceso, que era bastante arduo.
- Cuando uno ve la serie no puede dejar de hacer conexiones con la realidad, la ciudad de Buenos Aires, políticos reconocibles… ¿Hubo alguna repercusión desde ese lado?
- No, creo que no. Lo que es gracioso es que cuando salió la serie nos juntamos un grupo de amigos y Santiago estaba dudando si ir al programa de Majul o ir al de Rial, o ir a los dos. Después Netflix también dijo que no politicemos nada. La verdad que no esperábamos que de la serie se termine hablando en programas que tocan el terreno más político. La serie hace humor con eso.
- Se ríe del marketing…
- Si, se ríe del marketing en general. De hecho, en la ciudad de Buenos Aires hace unos años, para cuidar la imagen, se hizo una guardia urbana, solamente para quedar bien. El marketing está muy presente. Hay partidos políticos que se acercan más a eso. Nosotros no quisimos hacerlo ligado a un partido en particular. Pero es obvio que la ministra de Seguridad puede hacerte acordar a alguna ministra que tuvimos, si puede pasar. Pero va más allá de los partidos. Es como reírnos de un tipo de política que no nos representa.
- Y eso es también parte del éxito que tiene en toda Latinoamérica. En varios países existen estas situaciones y se identifican con las mismas cuestiones.
- Sí, creo que es una bajada que en cualquier lugar va a estar presente. Es cierto que se relaciona mucho más a la derecha usando ese tipo de recursos, lleno de discursos duros y a veces un tanto fachos. Bueno, eso sí puede hacerte acordar a alguien, pero eso pasa en cualquier lugar.
- ¿Qué cosas rescatás de la experiencia de hacer División Palermo?
- Rescato el trabajo en equipo. Es un desafío personal aprender a escuchar las opiniones del otro. También trabajar al servicio de un proyecto que es de alguien. Más allá de que está repleto de aportes de cada uno de los que fuimos trabajando, es un proyecto al servicio de la cabeza de Santiago, entonces hay que tener en cuenta que no es tan fácil ponerse al servicio del otro, creativamente. Es muy enriquecedor, es un trabajo casi personal también, empezar a pensar qué le vendría bien al otro. Son las dos cosas, es un proyecto de Santi, pero también Santi nos llamó, entonces hay también algo tuyo que debería aparecer. Está buenísimo. También es importante lo que sucede con el tiempo. Se puede escribir una serie en menos tiempo, pero también hay algo que solamente hace el tiempo con respecto a los grupos y a la energía de ese proyecto, que solamente lo produce el tiempo. Cuando hay tiempo para trabajar eso queda reflejado en el trabajo.
- ¿Cuánto tiempo llevó el trabajo?
- Dos años de escritura, un año entre la preproducción y la producción y el cuarto es cuando se estrena. Antes de la escritura, Santi hizo el teaser. Fueron como cuatro años.
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