Por Marcos Jure
Soledad Urquía: "Publicar libros es abrir una conversación con los lectores"
La hija del empresario Roberto Urquía salió del mandato familiar y creó su propio camino. Hoy ella y su marido viven en Traslasierra, donde fundaron y dirigen una de las editoriales de narrativa contemporánea más interesantes del país. Cómo nació el proyecto en un tiempo en el que editar libros es casi una odisea
Soledad lleva en su apellido una marca registrada: Urquía. La familia tradicional de General Deheza que construyó un imperio con una aceitera que hoy es una de las principales exportadoras del país. Es hija de Roberto, el ex senador nacional que conduce los destinos de la empresa.
Pero Soledad eligió otro camino. Geográfico, profesional y hasta vital. Hoy, junto a su marido y socio Santiago La Rosa, vive en Traslasierra. Ella se recibió de ingeniera, pero nunca ejerció la profesión. Después estudio psicología hasta que, de manera natural, llegó a lo que siempre la movilizó: la literatura.
Con Santiago fundaron en San Javier una editorial que hoy es de culto. Publican apenas ocho libros al año, con una edición cuidada, traducciones impecables y un catálogo de escritores extranjeros que, a pesar de su calidad innegable, eran casi desconocidos en español. Algunos, la mayoría, nunca habían sido traducidos. Son escritores que están unidos por un hilo invisible: tratan de interpretar al ser contemporáneo. Cómo somos, qué somos, qué nos conmueve y nos moviliza. Preguntas que han atravesado a la literatura desde siempre.
Cada nuevo libro de Chai Editora es un acontecimiento literario. Sus lectores fieles los esperan con la ilusión y el presentimiento de que estarán, otra vez, ante una historia que los interpelará, los emocionará y con la que se sentirán identificados.
Chai ha traducido a grandes escritoras norteamericanas que curiosamente en español son casi desconocidas -Deborah Eisenberg y Ann Beattie- y que se están abriendo camino no solamente en Argentina sino en todos los países de habla hispana a los que Chai está llegando.
- ¿Cómo surgió la idea, la necesidad de crear Chai Editora?
- Con Santiago La Rosa, que es mi marido y mi socio, lanzamos juntos la editorial. Siempre leímos mucho. Si bien nos formamos en otra cosa y nos dedicábamos a otra cosa, siempre la literatura fue algo muy importante y que tenía un lugar destacado en nuestra vida, en nuestro día a día. Siempre tuvimos muchos amigues editores, escritores. Estábamos en ese mundo. Y lo que siempre sentimos es que una editorial surge de esas ganas de compartir lecturas. Viste que cuando leés un libro que te gusta mucho, querés que lo lean tus amigos. Un poco la editorial era profesionalizar eso: estos libros que nos encantan y que no están en castellano, que nos gustaría que otras personas los lean. Y un poco desde el principio la idea fue hacer traducciones y narrativa contemporánea. Es bastante específico. Primero porque nos interesó hacer eso y después porque nos daba la sensación de que era algo que no había. Hay muchas editoriales que publican argentinos y argentinas y lo hacen muy bien; hay varias editoriales que publican traducciones pero más de rescate, no tanto de autores contemporáneos. Era una apuesta grande porque son todos nombres en principio desconocidos que teníamos que presentar acá porque la mayoría nunca habían sido traducidos. Por suerte enseguida los lectores y lectoras se coparon y empezó a ir bien.
- Lo que pasa con muchos lectores es que están esperando los libros de Chai Editora. En mi caso espero los libros de Deborah Eisenberg, de Ann Beattie… Son libros que uno necesita ver en su biblioteca y disfrutarlos. Además, esas ediciones salieron con traducciones excelentes de Federico Falco, un gran escritor de General Cabrera.
- Fede es muy amigo y estuvo también desde el principio en la editorial. Él vive también acá en Traslasierra y dirige la colección de cuentos. Deborah Eisenberg es una de sus escritoras favoritas y siempre tuvo ganas de publicarla. Conseguirla fue bastante trabajoso y es curioso que nunca se haya traducido. Taj Mahal, el primer libro que publicamos de Eisenberg, es espectacular. Después hicimos la selección de los mejores relatos y este año va a salir el segundo tomo. Me parece una autora espectacular. Y también Ann Beattie, es rarísimo que no se haya traducido porque a diferencia de nuestros autores de narrativa que son más desconocidos acá, Beattie y Eisenberg son autoras muy consagradas en su país y por eso es raro que no hayan sido traducidas antes. Tuvimos esa suerte de poder presentarlas nosotros.
- Es una apuesta de ustedes la decisión de dar a conocer autores que nunca habían sido traducidos.
- Totalmente. Porque es presentar nombres que la gente nunca escuchó y autores que en general no se conocen, pero de alguna manera se fue armando una confianza en el catálogo. Por ahí lo que nos dicen los lectores es que confían en el catálogo total más que en el nombre del autor, que no lo conocen. Y entonces de alguna forma funcionó. La gente un poco confía en la selección que tratamos de hacer.
- ¿Cómo llegan a esa selección, a ese catálogo que tiene una identidad?
- Nosotros leemos un montón. Nos llegan un montón de cosas. De todo eso descartamos muchísimo. Publicamos ocho libros al año, o sea que no es tanto y tienen que pasar varias cosas. Primero, que el libro nos encante, que nos entusiasme, que nos den ganas de leerlo. Apostamos a una experiencia de lectura que sea de disfrute. A veces te das cuenta de que hay libros buenísimos pero que son aburridos. Bueno, eso no es para nuestra editorial. Es algo relacionado con el disfrute. Después, en general lo leemos y lo dejamos un rato descansar, seguimos hablando del tema, pensando en eso. También es importante que valga la pena traducirlo porque es todo un trabajo y, por ahí, si es algo que se está haciendo en español no tiene demasiado sentido. Si hay novelas parecidas o con el mismo mecanismo, quizás no vale la pena hacer todo ese trabajo de traducción. Esa es la idea. Y también buscamos algo que hable de la subjetividad contemporánea: qué es ser un sujeto hoy, cómo es, cuál es la emocionalidad, lo que nos atraviesa. Y después la colección de cuentos la hablamos con Fede; a los libros los decidimos entre los tres.
- Hay un aspecto importante en lo que mencionás que es la decisión de volver a una tradición argentina: darle mucha importancia a la traducción. Por ahí uno lee libros españoles y las traducciones nos suenan muy ajenas.
- Los argentinos y en general en América Latina estamos muy acostumbrados a leer traducciones españolas. Anagrama, por ejemplo, hace buenas traducciones, pero españolas, muy españolas. Nosotros lo que buscamos es que la traducción esté bien: tratamos de buscar escritoras o escritores que traduzcan, entonces tiene esa vuelta bien literaria. Y después las trabajamos mucho. A mí en lo personal es casi lo que más me interesa del proyecto: pensar la traducción, cómo se mantiene el espíritu del libro, cómo se transmite eso. Eso es clave porque si no el libro no funciona; puede ser un libro espectacular pero si la traducción no funciona va a expulsar a los lectores y las lectoras.
- Es un momento complejo desde el punto de vista del mercado editorial; sin embargo en Argentina han surgido varias editoriales independientes con una propuesta muy cuidada. Pienso en Chai pero también en Compañía Naviera o La Bestia Equilátera.
- Nosotros hablamos mucho con editores amigos, incluso gente que hace otras cosas. Somos muy cercanos a Godot, que es una editorial más de ensayo. Me da la sensación de que hay un montón de editoriales interesantes que de alguna manera le van encontrando la vuelta. Me da la sensación de que este año se va a publicar un poquito menos, pero siempre se va ajustando. Compañía Naviera por ejemplo tiene muchos libros de fondo, lo mismo La Bestia Equilátera y se van sosteniendo de alguna forma esas editoriales.
- Se hace difícil también para el lector en cuanto a costos en este contexto.
- Y… es difícil porque el precio de imprenta está muy alto. Nosotros pensamos mucho los precios porque una de las ideas de la editorial es que haya traducciones literarias de mucha calidad a un precio relativamente accesible y hoy los libros realmente no son accesibles. No es algo posible simplemente por el precio de la imprenta. Es algo que está pasando medio a nivel mundial. El año pasado empezamos a imprimir y distribuir en España y ese aumento también se dio allá.
- ¿Qué opinás de un debate muy actual de la literatura como es la cancelación de algunos autores? Hubo algún episodio en los últimos días, como el de Roald Dahl.
- Es difícil. Nosotros por suerte tenemos un catálogo muy diverso. Hoy no se pueden publicar sólo varones. Y está bien que sea así. Nosotros siempre pensamos en tener un catálogo equilibrado. Hay mucha diversidad en nuestro catálogo; hay personas trans, porque se fue dando así y porque hoy la literatura pudo tomar todas esas voces que antes no tenían un lugar y que me parece muy interesante que empiecen a aparecer. Y en relación a Dahl a veces pienso si no habrá sido algo medio marketinero porque estamos hablando de eso y van a vender un montón de libros. A mí, a priori, me parece un horror agarrar un texto de un autor y agregarle o sacarle partes. Me parece que hay algo con esos libros que rompen y que generan esa discusión. Provocan discusiones interesantes y que están buenas. Está bien que se hable de eso. A veces los libros sirven para que se empiecen a pensar temas que no están tanto en la agenda.
- Quería preguntarte sobre tu propia historia. Tu apellido se asocia a una empresa muy importante de esta zona. Y uno de los temas de la literatura son los mandatos familiares. Vos te saliste de ese mandato: vivís en Traslasierra, tenés una editorial literaria, publicás cuentos y novelas.
- Es algo que se fue dando un poco de manera natural a partir de un interés muy claro que tuve desde siempre que fue la literatura. No siento que hubo algo ahí demasiado forzado. De hecho, soy ingeniera, pero al final nunca terminé trabajando de eso. Después estudié psicología. Fui haciendo distintas cosas pero siempre la literatura fue un interés muy claro y decantó en este proyecto de manera natural, que quizás no tiene nada que ver con lo que hace mi familia. Son cosas que se van dando de forma relativamente natural. Siento que mi vínculo con leer siempre fue natural.
- ¿Qué tienen pensado para la editorial?
- Siempre tratamos de seguir cuidando mucho el catálogo. Por suerte nos está yendo bien en otros países. En Chile nos fue bien siempre, casi desde el principio. En Uruguay, en España, en México también. Como que hay algo del catálogo que funciona en distintos lugares. Queremos seguir publicando. Tenemos todo el catálogo de este año ya definido. Y tenemos cerrados varios libros para 2024. Santiago siempre dice que publicar libros es abrir una conversación con lectores y lectoras. Y la idea es esa: seguir esa conversación a través de libros. Siento que la idea del proyecto es bastante simple y sencilla: compartir lecturas.
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