Por Guillermina Delupi
José Meolans: "Por once centésimas me perdí la final de los Juegos Olímpicos"
El nadador cordobés se retiró de la competición profesional en 2008 y desde entonces dedica sus días a transmitir lo que le dejó su carrera deportiva a través del dictado de clínicas de natación. La realidad actual de los deportistas amateurs, tentaciones desde el showbiz y ofrecimientos en la política.
Fotos por Diego Cabrera
José Meolans fue el primer nadador argentino en ganar los cincuenta metros en estilo libre en el Campeonato Mundial de Natación en Piscina Corta, en 2002 (Moscú). Había empezado a nadar a los cinco años por el temor de sus padres a que se ahogara y a los seis ya había ganado su primera medalla. Participó de los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996), Sydney (2000), Atenas (2004) y Beijing (2008); además estuvo en catorce finales del mundo. Su récord -en juveniles y mayores- es en estilo mariposa. Hace quince años que dejó la competición y desde entonces se dedica a dictar clínicas de natación en Argentina, Uruguay, Ecuador y Chile. Ocho años más tarde de su retiro plasmó su historia en el libro ‘Nadar, por qué la natación nos ayuda a vivir mejor’. Casado con Valeria Lebeau, con quien tiene tres hijos -Martina (12), Felicitas (5) y Lautaro (3)- Meolans habla de su actualidad, repasa su carrera y cuenta cómo logró mantenerse diez años entre los diez mejores nadadores del mundo.
- ¿Cómo va tu marca de ropa?
- No la manejo tanto yo, la lleva más Valeria. No es que me desvinculé, por ahí doy alguna opinión, sobre todo en el tema de diseño y cuestiones técnicas que hacen a los trajes de baño, pero estoy más sobre mis proyectos. Ella tenía ganas de armar una línea de trajes de baño femeninos y eso va encaminado, creciendo, dando pasos pequeños pero siempre con intenciones de evolucionar.
- ¿Y vos en qué estás enfocado?
- Yo estoy más involucrado en los campus, las clínicas de natación. Después de la pandemia no volvió a ser lo mismo, pero sigo con eso. También estoy en el armado de las competencias para natación Master, que les dan la posibilidad a nadadores adultos mayores a poder intervenir dentro de un marco competitivo a partir de los 25 años y hasta los 80. Y hoy, con las redes, hay muchas marcas con las que tengo acuerdos y vamos generando contenido continuamente.
- ¿Como cuáles?
- Hay una marca que tiene que ver con productos relacionados a cuidados del cuerpo, cuando hacés actividad deportiva; lesiones, prevención o rehabilitaciones. También estoy hace tres años con una marca de electrodomésticos. No tiene nada que ver con lo mío, pero tengo una relación de varios años ya. Tengo todavía la suerte de que me sigan llamando a pesar de haber dejado la competencia hace muchos años.
- Mirado a la distancia, ¿qué balance que hacés de tu carrera?
- La natación me ha dado mucho, no solamente en el plano deportivo sino en la formación con cierta disciplina, conducta, orden, principios y valores. Creo que eso queda instalado para siempre. Si alguien puede sostener el deporte durante tanto tiempo y es consciente del esfuerzo, la dedicación y el convencimiento que hay detrás -no solo propio sino también de un equipo que trabaja a la par- eso es lo que se lleva después. Entonces, cuando proyectás algún emprendimiento, lo vas a llevar a cabo de la misma forma porque entendés que para poder lograr un objetivo en cualquier ámbito, cuando está ese esfuerzo por detrás, hay responsabilidad de por medio y mucho compromiso, va a haber muchas más chances de que se pueda cumplir el objetivo. Después puede pasar que no, como todo. Y hay que saber también evaluar por qué no sucedió, hacer autocrítica y saber cómo recomponerse de una situación no esperada. Creo que esas son las enseñanzas, más allá de las medallas.
- ¿Has tenido muchas frustraciones?
- Sí, varias. Siempre pongo de ejemplo la más fuerte que me tocó, unos Juegos Olímpicos y me fue muy mal. No nos preparamos para eso, o al menos yo nunca me preparé para un mal resultado. Pero como dije antes, cuando por diferentes factores eso no sucede, tenés que saber salir de un choque así. Y eso es parte del aprendizaje; a veces cuesta más y a veces menos, depende de cómo lo asimilás. Yo tuve malos momentos de los que salí más rápido y otros que no; y eso te lleva a generar cierta madurez. Para mí lo más importante es que eso pueda ser parte de entender y no sea parte de abandonar.
- ¿Sos muy autocrítico?
- Sí. Y muy autoexigente también. Creo que en cierta medida eso me permitió alcanzar cierto lugar. Pero hay que aprender a dividir la autoexigencia que apunta a la excelencia de la que puede llegar a ser una presión que no debería. Se trata de generar un equilibrio para que esa autoexigencia te permita llegar cada vez más lejos. Siempre me gustó mirarme a mí mismo porque fue parte de lo que aprendí de mis entrenadores, de mis viejos, de lo que me fueron inculcando ellos. Vos podés mirar al que tenés al costado para aprender ciertas cosas, pero cuando te va mal tenés que mirarte a vos mismo y ver qué hay que modificar para poner el barco de nuevo a navegar.
- Antes de retirarte definitivamente intentaste varias veces dejar la competencia, ¿qué fue lo que te terminó decidiendo?
- Sí. Miles de veces intenté dejar. Siendo adolescente llegaba a mi casa y decía que no quería nadar más. No tanto por los malos resultados, sino por la exigencia diaria: levantarme a las cuatro y media de la mañana, ir al colegio, volver a la tarde a entrenar. Había momentos que físicamente me costaba y no rendía en el colegio. Tenía amigos que me invitaban a diferentes programas a los que no podía ir porque nadaba o porque tenía una competencia.
- ¿Te arrepentís de algo?
- No, para nada. La natación me dio muchísimo más de lo que me hizo perder. Entiendo que es parte del juego, que cuando vas subiendo esos escalones hay que doblegar esfuerzos. Sí me parece que fue una decisión acertada el momento que decidí alejarme. Se había cumplido un ciclo, tenía treinta años y me parecía que ya había dado mucho por el deporte y el deporte también me había correspondido, claro.
- ¿Te quedaron pendientes?
- Me hubiese gustado nadar una final de un Juego Olímpico. Por once centésimas no pude. Pero el deporte, por lo menos en la natación, no es matemáticas. Competís contra un cronómetro, contra rivales y tenés que entender esa regla de juego.
- Recién hablabas de lo difícil que era compatibilizar estudio y deporte, ¿hoy sigue siendo igual o es más fácil para los deportistas?
- Quiero creer que sí. En mi época, por darte un ejemplo, me hacían rendir gimnasia en marzo porque esa materia coincidía con el horario de entrenamiento y como yo faltaba para ir a entrenar, me la llevaba por acumulación de faltas. Y no había contemplaciones, más allá de que yo en ese momento ya representaba a la provincia y al país. Hoy desconozco cómo será la situación. Ojalá que a aquellos nadadores que están federados y que representan a la provincia o al país no les pongan trabas u obstáculos.
- ¿Y en ese sentido ves políticas públicas que acompañen?
- La verdad es que no lo sé. A diferencia de otros países, no tenemos un deporte universitario; pero porque no hay una estructura detrás. Entonces se genera mucha deserción en el deporte a la hora de tomar ciertas decisiones. Sobre todo entendiendo que en el deporte amateur tampoco vas a ver un futuro económico; para salvarte tenés que ser Michael Phelps. Son contados con los dedos de la mano los que pueden vivir del deporte. No digo que no se pueda pero no es como en Australia, Japón, Estados Unidos o países de Europa. El deportista tiene que acomodar sus tiempos y ver hasta dónde puede seguir trabajando o estudiando. Un tipo que hace alto rendimiento tiene que disponer de seis horas por día y necesita tiempo para descansar. No es fácil y no hay una estructura para sobrellevar esto. La realidad es que el deportista sigue padeciendo en su nivel amateur estos condicionantes.
- Vos tuviste que elegir entre estudiar y competir.
- Sí. Mi viejo era fanático del deporte y una vez llegué a casa, yo estaba en tercer año, y dije que no quería ir más al colegio. A mi madre no le gustó mucho la idea y mi viejo intercedió. La negociación fue dejar el secundario y dedicarme de lleno a nadar, con el compromiso de que en algún momento lo iba a terminar. Pero ese compromiso se fue esfumando en el tiempo.
- ¿Te gustaba estudiar?
- No, me costaba. Todo lo que no tenía de vago para entrenar lo tenía para estudiar.
- Pero después empezaste la carrera de Periodista Deportivo.
- Sí. Hice un año y medio. Pero nació Felicitas, después Lautaro y no retomé más. Comenté algunos mundiales y juegos olímpicos, eso me sirvió mucho pero no retomé. Aunque ese no es el consejo que hoy quiero dar. Mi experiencia no debería servir para que los chicos tomen esas decisiones. Creo que hasta un nivel secundario se pueden hacer ambas cosas. Pero no podés hacer una carrera terciaria a la par de alguien que solo se dedica a estudiar y que no hace deportes de competición.
- Aprendiste a nadar obligado por tus padres, pero ¿cuándo fue el momento en que te diste cuenta que la natación era lo tuyo?
- Tenía 14 o 15 años. A partir de ahí dejó de ser más un juego y me empezó a conquistar la adrenalina que me generaba lo competitivo. Me gustaba el deporte pero mucho más la competencia. Disfrutaba medirme. Era estresante pero me gustaba.
- Se está muy solo en este deporte, ¿no?
- Sí. Es como cuando estás en el ring y te sacan el banquito. Pero creo que también tiene mucho que ver el entrenador porque el que sea un deporte individual también te lleva a tener una mayor atención del entrenador en el día a día y se va generando un vínculo y una relación que hace a lo deportivo y al rendimiento.
- ¿Tuviste buenos entrenadores?
- Tuve solamente dos en mi vida. No es como en el deporte colectivo, el fútbol por ejemplo, que perdés dos o tres partidos y el entrenador se va. Acá pasa todo lo contrario. De hecho, el conocerse entre ambas partes lleva un proceso largo y genera una confianza mutua que es muy importante. Los dos entrenadores tuvieron perfiles muy distintos pero aprendí muchísimo de ambos. Ellos siempre trataron de potenciar lo que yo podía hacer y sacaron lo mejor de mí. Al momento de la competencia estás solo pero el entrenador es clave.
- ¿Tuviste ofrecimientos de otros países para irte?
- Sí. Tuve posibilidades de irme a España pero no quise cambiar la nacionalidad. Nací acá y sentía que tenía que representar al país, aunque la propuesta económica era tentadora. Siempre me pesaba más el quedarme que el irme. Los viajes siempre me costaron. Me iba un mes a una gira de competencias y subía al avión pensando cuándo iba a volver. Lo disfrutaba pero no me gustaba estar mucho tiempo afuera. También me ofrecieron irme a Estados Unidos. Sí competía en Brasil, no iba a entrenar allá pero representaba un club. Iba dos veces por año porque me servía. En Argentina los clubes no pagaban, entonces iba, competía y me volvía.
- ¿Has tenido ofrecimientos en el ámbito de la política?
- Sí. Varios. Una vez para vicegobernador por el Frente para la Victoria, te estoy hablando del 2008 más o menos. Y después también me han ofrecido integrar listas.
- ¿No te interesa la política?
- No. Estoy al tanto de lo que sucede en el país pero de ahí a involucrarme, no. Y si en algún momento decido estar, debería ser en algo relacionado al deporte. Estuve un año en la Agencia Córdoba Deportes, dentro de un programa, y decidí irme porque la experiencia no fue buena. Es cierto que también me agarró muy verde, yo había dejado la natación, me llegó esa posibilidad y pensé que era interesante ver qué se podía hacer. Pero no es una prioridad hoy en mi vida. De todos modos, si me sumase debería ser algo relacionado al deporte porque creo que es donde yo podría aportar algo, no como vicegobernador.
- Del mundo del espectáculo también te han tentado.
- Sí. Varias veces. Pero siempre me he sentido sapo de otro pozo ahí. De ‘Bailando por un sueño’ me llamaban todos los años. Una vez fui a hacer una apertura de aquadance para hacer la experiencia.
- ¿Y qué tal?
- Fue medio traumática, no volvería a hacerlo porque no la pasé bien. Me di el gusto de estar en el programa más visto del país en su momento y ya está. Y eso que siempre fueron ofertas muy tentadoras. Ahora me llamaron para ir a ‘The challenge’ (NdeR: un reality de destreza física conducido por Marley, que se emite por Telefé) y te dicen lo que vas a ganar por día y lo pensás.
- ¿Y qué respondiste?
- Les dije que no. Pienso mucho en cómo la voy a pasar ahí y en la exposición que puedo llegar a tener. Prefiero no hacerlo porque la termino pasando mal.
- Estuviste una década entre los diez mejores del mundo, ¿por qué creés que fue?
- Creo que por la disciplina y por entender que el norte siempre tiene que estar puesto en la superación constante. Para eso hay una preparación, una planificación y cuando tenés eso bien en foco y alineado, hay muchas más chances de lograrlo. Después, por supuesto que depende del rendimiento de los rivales, pero es un combo. Y me parece que junto a mi entrenador pudimos ejecutar y llevar adelante esa proyección y las intenciones que teníamos de poder estar en un alto rendimiento constante en el tiempo.
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