A 50 años de la Fuga de Rawson

Capítulo uno: La fuga

Por Juan Cruz Taborda Varela

El 15 de agosto de 1972, hace cincuenta años, se producía en el sur austral una de las fugas más espectaculares de la historia argentina, cuando un grupo de jóvenes guerrilleros tomaron el penal de máxima seguridad de Rawson y se fueron al aeropuerto de Trelew, donde obligaron al piloto de un avión de línea a llevarlos a Chile. Un malentendido en el plan de fuga hizo que otros 19 evadidos quedaran rezagados y decidieran tomar el aeropuerto para garantizar la fuga de sus compañeros. Aunque no podían imaginarlo, serían los mártires de Trelew.

Eran las seis de la tarde del martes 15 de agosto. Al sol del Sur aún le quedaban algunas horas de vida; lo austral, en los inviernos crudos, alarga el día. Bajo esas últimas luces, el integrante y fundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Marcos Osantinsky, el único armado de los cientos de presos políticos dispuestos a fugarse, abrió fuego sobre un guardia cárcel que se resistió. La fuga había comenzado. Marcos Osantinsky, tucumano y viejo comunista reconvertido al peronismo de izquierda, es, para muchos, el mayor cuadro intelectual y político en la historia de la izquierda armada argentina. Sus dotes le dieron el privilegio, aquel crepúsculo, de ser la única persona armada ese 15 de agosto de 1972. Detrás él, Roberto Mario Santucho, Domingo Menna, Fernando Vaca Narvaja, Enrique Gorriarán Merlo y Roberto Quieto encabezan la fuga que sería también tragedia. Y, ante todo, masacre.

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A cada penal que llegan los presos políticos de la dictadura continuada de Onganía, Levington y Lanusse, le piensan una fuga. No hay cárcel que los retenga a la que no planeen violentar y burlar. Incluido aquel presidio que es un buque que flota en la inmensidad del mar argentino: hay buzos tácticos listos para el escape. La mazmorra de Rawson no está rodeada de mar, pero sí de la misma inmensidad y una perpleja soledad. Por esas características los mandan a todos ahí: presos y solos, lejos y aislados.

El primer plan para huir de la capital de Chubut incluye túnel subterráneo. Pero el terreno pedregoso y húmedo descarta la idea inicial. Es preciso escapar por tierra firme, contar con asistencia externa, al menos un arma y también un uniforme para que alguno de los cientos de presos políticos simule ser un camarada de armas de los milicos que usurpan el poder casi como una costumbre. Todo eso se consigue. Lo que no se consigue es que el hombre más respetado, no sólo por los presos, sino por la sociedad toda, se pliegue a la fuga. Agustín Tosco, preso por su participación en el Cordobazo, está al tanto de todo. Pero descarta ser parte del plan. Su idea, propio de un marxista de corte popular, es que dejará la cárcel cuando el pueblo lo libere. Mientras tanto, de todos modos, se pone a disposición. Y cuando llegue el momento, se pondrá frente a los que escapen y saludará uno a uno con su mano que envuelve todo lo que toca.

El plan de fuga fue pensado durante semanas. La fuga se realiza en minutos. El montonero cordobés Vaca Narvaja, de 24 años y con pasado por el Liceo Militar de su ciudad, se calza el uniforme militar. El arma de fuego, la única que se consigue gracias a un guardia cárcel peronista, finalmente asesinado, está en manos de Osatinsky. Con esos dos elementos logran reducir a 40 hombres armados que los custodian y maltratan y a los 80 de refuerzo que dispone el penal. Pero el plan, que avanza según lo planeado, trastabilla, tropieza, vacila cuando vacilar es pecado. Una señal que debe hacer una presa con un pañuelo no sale como se espera. Una mala interpretación de esa señal con un pañuelo hace que los vehículos que esperan afuera, el refuerzo externo para huir hacia el aeropuerto, se vayan, escapen, se fuguen sin los fugados. Los presos pueden huir, pero nadie los espera en la libertad. Un solo auto se queda, el Falcon que maneja Carlos Hosberg, de las FAR, con apenas 18 años, que entra al penal por la misma confusión y una cuota de solidaridad en sangre que excede lo conocido:

- Hay un problema, los compañeros me necesitan. La fuga tiene Plan A y Plan B para cada paso. Adentro, el A funcionó de maravillas. Con los vehículos se trastoca y es preciso apelar al Plan B. El primer grupo que integran los líderes de la guerrilla se sube al Falcon. Un tercer grupo de unos 100, que saben que nada podrán hacer, se limitan a tomar la cárcel. Pero hay un segundo grupo. Un segundo grupo de 19 personas que quedan rezagados del primero pero adelantados del tercero. Ese segundo grupo huye hacia el aeropuerto, como estaba previsto, pero en taxis y remises, de acuerdo a lo señalado en el inciso 3 del Plan B. Esa falla, la del pañuelo, la que los deja sin transporte, esa ausencia de transporte que demora los tiempos, esa falla será mortal.

Los evadidos de Rawson se entregaron en el aeropuerto de Trelew..jpg

En septiembre de 1971 se había conformado la Asociación Gremial de Abogados que integraban, entre otros, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Matarollo, Esteban Righi y los cordobeses Hugo Vaca Narvaja Yofre, Jorge De la Rúa y Gustavo Roca, el hijo de Deodoro. La primera declaración conjunta pidió la “libertad de todos los presos políticos y gremiales como Onagro, Doña, Avellaneda y Tosco”. Para entonces, la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse mantenía a buena parte de los presos políticos argentinos recluidos en la lejana cárcel de Rawson, en la provincia de Chubut. Perdido en los confines patagónicos estaba Agustín Tosco junto a los principales líderes y los militantes de las organizaciones políticas armadas. Y fue a mediados de 1972 cuando Roberto Mario Santucho dejó por un momento sus discusiones con los Montoneros por Perón y su política burguesa y avisó que al plan de fuga del Penal sólo restaba consumarlo. Los abogados más cercanos a las organizaciones guerrilleras estaban al tanto de todo, esperando el aviso.

Ese 15 de agosto de 1972, ya fuera del Penal y en un solo auto, los líderes guerrilleros llegaron al aeropuerto de Trelew, donde un avión de Austral aterrizó intervenido: entre sus 96 pasajeros, estaban la integrante de las FAR Ana Wiesen y dos jóvenes del ERP: Víctor José Fernández Palmiero, el “Gallego” (a quien Calamaro escribiría una canción), y el cordobés Alejandro Ferreyra Beltrán. Con amenazas a la tripulación y sin que nadie entendiera nada desde la torre de control, los seis fugados, ya a bordo, dan vueltas en círculos en la pista, esperando que llegue el resto. Pero eso no sucede y levantan vuelo en dirección a Chile. A los pocos minutos arriban los diecinueve rezagados en taxis y remís.

En forma paralela a la fuga, en aquel agosto de 1972 se realizaba la Primera Reunión Nacional de Abogados en la Federación Argentina de Box, en Buenos Aires, con la presencia de más de 350 hombres y mujeres de leyes. Fue en el inicio del cónclave que alguien avisó: se concretó la fuga, hay detenidos. El secretario de aquel Congreso, Manuel Justo Gaggero -que hoy vive en Traslasierra, Córdoba- cuenta que “en el segundo día de las deliberaciones, compañeros de las tres organizaciones nos hicieron saber de la fuga de presos políticos alojados en la cárcel de máxima seguridad de Rawson, que se iniciaba ese día, para que estuviéramos atentos por la posible represión que seguiría a la misma”. Al final del Congreso, que centró sus críticas en el llamado “Camarón” –la Cámara Federal Penal creada por Lanusse, que violentaba la Constitución–, Roca, Duhalde y Anaya viajaron a Chile para acompañar la gestión dirigida a lograr el asilo de los fugados y su posterior viaje a Cuba.

En Chile, los fugados argentinos deberán sortear largas conversaciones con militares y carabineros. El objetivo es uno: lograr un salvoconducto que les permita continuar viaje a Cuba y que no los deporten nuevamente al país de origen. El Estado argentino, en forma casi inmediata, le había reclamado a Chile la detención preventiva de los combatientes mientras estos solicitaban asilo político y las agrupaciones chilenas de izquierda se movilizaban en respaldo a los guerrilleros.

Mientras, en la base Almirante Zar, de Trelew, quedan detenidos aquellos 19 rezagados. 19 rezagados que se convertirán, en una semana, en los mártires de la masacre de Trelew.

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