Héctor Raúl Sandler: De derecha a izquierda y de izquierda a derecha (1era parte)

De furibundo antiperonista a defender legalmente a Montoneros. De hombre de las Fuerzas Armadas a ser referente de los Derechos Humanos. El cordobés Héctor Raúl Sandler, que hoy tiene 101 años, tuvo un destacado protagonismo en la política nacional de los '60 y '70. Ese protagonismo fue de la mano con sus paradojas ideológicas.

Por Juan Cruz Taborda Varela

Si nuestra Universidad hiciera una lista de personajes inclasificables surgidos de sus claustros, sin dudas que el abogado cordobés Héctor Raúl Sandler estaría a la cabeza. Militar y antiperonista acérrimo, amigo de Aramburu y participante del golpe del ‘55, más tarde se haría de izquierda e incluso estaría cerca del propio peronismo. Para terminar el combo perfecto, la vida le daría una sorpresa más: ser consuegro y amigo del ex gobernador Ricardo Obregón Cano e inspirador (sí, esto también) del canal Utilísima, fundado por su hijo.

Hoy Sandler contabiliza 101 años: nació en 1921. Es historia viva. En su juventud fue piloto de la Fuerza Aérea y estudiaba Abogacía en la Facultad de Derecho. Por entonces llegó el golpe del ‘55, del cual participó como buena parte de la sociedad cordobesa opositora al peronismo. El nuevo régimen de facto le dio su primer cargo público: inicialmente, como secretario privado del interventor de facto de Córdoba, el ultra conservador Dalmiro Videla Balaguer. Después fue nombrado presidente del Consejo General de Educación. Las críticas le llovieron. Tenía poco más de 30 años y nula experiencia. Pero ahí estaba Héctor Raúl Sandler como funcionario mientras que quien en el futuro sería su amigo y consuegro quedaba preso en la Penitenciaría de barrio San Martín.

Desde entonces Sandler formó parte del círculo rojo del golpista Pedro Eugenio Aramburu, de quien era amigo personal. Cuando el militar se sacó las charreteras para dedicarse a la política, formó su propio partido: Udelpa (Unión del Pueblo Argentino). Desde Udelpa, Aramburu fue candidato a presidente en 1963. Y su amigo Sandler fue candidato a gobernador de Córdoba. Illia se quedó con el triunfo a nivel nacional con poco menos del 32%. Tercero quedó el otro cordobés, Aramburu, con el 18%. Su delfín en esta provincia también quedó lejos. Con el peronismo proscripto, en 1963 en Córdoba arrasó el radical del pueblo Justo Páez Molina, que se llevó el 61% de los votos. Los demócratas lograban nuevamente el segundo puesto y en tercer lugar quedaba el radical frondicista Hugo Vaca Narvaja. Recién detrás de él aparecía el inclasificable Héctor Raúl Sandler, con el ocho por ciento de los votos.

No fue gobernador, pero sí fue electo diputado nacional por Córdoba a través del sello aramburista Udelpa. Durante sus tres años como representante de Aramburu en la Cámara fue un férreo opositor al radical Illia.

Entrevistado por la revista Primera Plana en 1965, Sandler se definía de modo muy escueto cuando le preguntaban:

- Frondizi vende desarrollo; los socialistas, marxismo; los peronistas, justicialismo... ¿Y Udelpa?

- Una verdadera democracia.

- ¿Nada más que eso?

-Antes de las elecciones de presidente, en 1963, la cara de Aramburu representaba un conjunto de ideales preexistentes; democracia, sí, pero algo más; ahora hay que exhumar esa cara.

La misma publicación señala que “Aramburu le dio -a Sandler- la suma de poderes”. Lo que había obligado al cordobés a dejar sus tareas como abogado para dedicarse al rearmado de Udelpa a tiempo completo y por todo el país. Lejos, por entonces, del radicalismo y el peronismo, Sandler aspiraba a reconstruir una gran fuerza nacional moderada. La crónica de Primera Plana señala que el ahora referente de Udelpa y los suyos “actúan con recato y prudencia”. Cita una definición del ex oficial de Aeronáutica -claro, Sandler- con una metáfora histórica muy clara para autodefinirse:

- No como Roca, que se lanzaba contra los indios, sino como Alsina, que para combatirlos cavaba zanjas.

El cronista de Primera Plana, que no firma el artículo, caracteriza a Sandler y los suyos como seguidores de la filosofía liberal individualista del siglo pasado (el XIX); “cuyas deformaciones serían oligarquía, imperialismo, predominio del privilegio y explotación social”.

El único partido -se vanagloriaba Sandler- en condiciones de pivotear el frente de las fuerzas moderadas es Udelpa, por una suerte de implacable destino ante la incapacidad de los demás. Su programa doctrinario incluía:

1) Máxima expansión de capital y trabajo;

2) Constitución de un Estado dinámico social con remoción de factores opresivos (monopolios, privilegios);

3) Plena expansión de la fuerza de trabajo;

4) Plena expansión del capital;

5) Libre acceso a la tierra.

*

La historia que sigue, en aquellos años, es más conocida: llega el secuestro y asesinato de Aramburu por parte de Montoneros y Udelpa, su partido, se queda acéfalo. El cordobés Sandler, ya instalado en Buenos Aires, asume como presidente del espacio anti peronista por excelencia y con visos fuertemente católicos. Pero como en los ‘70 todos fueron setentitas, Sandler y Udelpa empiezan a modificar sus posturas. Acá inicia lo extraño.

Como hombre de leyes, Sandler se incorporó a la Gremial de Abogados, un colectivo de defensores de presos políticos con una visión amplia y progresista: desde Ortega Peña a Jorge De la Rua, la militancia perseguida tuvo quien los defendiera. Ahí estaba Sandler, con una paradoja: como abogado defensor, defendía a militantes montoneros. Y más: en algunos casos, se trataba de militantes que habían tenido alguna participación, directa o indirecta, en el asesinato de Aramburu. Y más aún: Sandler, en su rol de abogado de presos políticos, fue uno de los primeros en viajar a Trelew a asistir a los cientos de detenidos por razones ideológicas que quedaban a expensas del régimen de Lanusse, post fuga y masacre.

Sandler, el abogado antiperonista cordobés y amigo de Aramburu que terminó defendiendo a los propios Montoneros.

Pero hay más. En el próximo capitulo (que incluye, sí, su amistad con Ricardo Obregón Cano y el canal de televisión que más veían los dos viejos amigos cuando se juntaban en las tardes porteñas y Córdoba era parte de un pasado al que no querían volver).

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