"Se nos perdona la mitad y se nos exige el doble"

Ante la vorágine de un periodismo del instante, acelerado en la producción de contenidos, intentando seducir al algoritmo, hay cambios que revisten otro ritmo. Periodistas mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales e intersex, empujan transformaciones en los medios de comunicación, que vienen más lentas. El testimonio de Paula Hernández, periodista cordobesa, sobre los avances y los desafíos actuales en la profesión.

Por Anabella Antonelli

¿Cómo se expresa la violencia de género en el ámbito periodístico? ¿Cuáles son los roles ocupados por mujeres e identidades diversas en los medios de comunicación y en los espacios gremiales? ¿Qué problemáticas particulares pesan sobre los cuerpos feminizados? ¿Cómo se enfrentan estas desigualdades? El Día de les periodistas es una buena ocasión para buscar algunas respuestas.

No es una novedad que en los ámbitos laborales se viven a diario situaciones de violencia y discriminación por razones de género. Anulación, desvalorización, acoso y humillación son algunas de las más extendidas. El periodismo no está exento de esa realidad: “Hay situaciones de abierta desigualdad en el desarrollo de la tarea, que difícilmente viven los varones”, cuenta Paula Hernández a Marca Informativa Córdoba.

El contexto Ni Una Menos habilitó transformaciones en los espacios de trabajo y, si bien se avanzó, “todavía falta muchísimo para que encontremos soluciones que nos permitan gestionar esas situaciones que son barreras en el ejercicio de la profesión”, señala la comunicadora, trabajadora de Radio Nacional Córdoba y activista feminista.

“Hemos construido protocolos, en algunos medios se implementaron dispositivos interdisciplinarios de denuncia y abordaje, pero no terminan de darnos respuesta, contenernos y protegernos”, agrega Paula. Explica que es necesaria una transformación cultural de las lógicas de trabajo, con medidas preventivas que avancen sobre los micromachismos y las violencias cotidianas, simbólicas y psicológicas.

En este tiempo, hubo incorporación de mujeres a algunos roles antes ocupados por varones. Sin embargo, Paula afirma: “Seguimos en lugares de co-conductoras o de productoras y, a pesar de que trabajo en una radio con mujeres fuertes y que han sido muy protagonistas en el aire de Radio Nacional, nos ha costado mucho, incluso animarnos a ocupar esos espacios frente al micrófono, porque siempre se nos perdona la mitad y se nos exige el doble”.

Editoras

“El rol de las editoras de género es bastante incipiente y novedoso, pero ya son varias. Hay compañeras asumiendo jefaturas de redacción, algo que unos años atrás no existía, se incorporaron también a roles técnicos o a tareas históricamente masculinas, como deportes o para relatar y comentar partidos de fútbol -cuenta Paula-. Hubo cambios, aunque todavía somos sólo el 30% de quienes estamos al frente de los micrófonos o firmando notas”.

Desde el año 2015 se le dio mayor visibilidad al importante rol de la comunicación en la construcción de una sociedad libre de violencia. “En la mayoría de los medios comenzó a haber espacios, secciones, programas, editoras de género o periodistas especializadas en temáticas de género, incluso de feminismos, que llevan adelante esa agenda. Algunos medios por compromiso real, otros por corrección política y otros porque los feminismos han empezado a vender también”, señala.

El desafío es multiplicar estos espacios y que la mirada de género sea transversal a toda la agenda informativa, es decir, que los contenidos se analicen teniendo en cuenta el impacto específico que tienen las situaciones sobre los cuerpos feminizados. “Soy una defensora de la transversalidad y siempre intenté ejercerla, requiere un gran ejercicio reflexivo y de autocrítica, porque incluso las periodistas feministas nos hemos formado en una profesión con lógicas, criterios y reglas machistas, construidas por los varones que dominaron esta profesión durante años -señala Paula-. Romper con eso implica pensar nuevos temas, jerarquizar los que históricamente se consideraban ‘blandos’ o de menor importancia, ampliar y diversificar las fuentes, promover la vocería de expertas mujeres en temas tradicionalmente adjudicados a varones, como economía o política”.

Otro tema de preocupación es la desigualdad económica, “nuestras condiciones laborales y salariales porque, como en todos los sectores, cada vez trabajamos en condiciones más precarias y en el caso de las disidencias y las mujeres, eso se profundiza -expresa la periodista-. Garantizar mejores condiciones laborales y salariales también tiene que ver con lograr una mayor corresponsabilidad y equiparación en relación a las tareas de cuidado”.

Estrategias colectivas

Para Paula, las soluciones a estos desafíos deben ser colectivas, “porque es la forma en la que construimos respuestas desde los feminismos a nuestros problemas”. Existen múltiples redes de periodistas con lógicas colaborativas, solidarias, cooperativas que potencian el ejercicio de la profesión y las discusiones en clave feminista. “Estos espacios fueron la forma que encontramos por fuera de las estructuras gremiales, que eran un modo tradicional de organización de los trabajadores, varones en su mayoría. Recién ahora, fruto del activismo de muchas compañeras, están abriendo estos espacios a las agendas de las mujeres, disidencias y feminismos”, afirma.

El sindicalismo machista, vertical y conducido históricamente por varones está cambiando: “Las últimas elecciones del CISPREN son una muestra de eso. Que por primera vez tengamos una comisión directiva de un gremio de prensa con paridad es importante y ha sido fruto del trabajo y la militancia de muchas colegas que vienen desde adentro dando esas discusiones difíciles. Es importante ocupar esos espacios para, por ejemplo, discutir mejores condiciones salariales o laborales. Hace falta que esté nuestra voz, nuestra mirada y, en ese sentido, está empezando a haber un cambio”, concluye Paula.

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