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Fer Guarneri: Un río de vida

El músico Fer Guarneri se presentó en la sala mayor del Teatro Ciudad de las Artes, donde desplegó su talento en un marco de emoción y placer estético. Técnico iluminador de esa sala desde hace 17 años, el músico oriundo de San Vicente pero radicado en el valle de Paravachasca alumbró esta vez su propia figura en el magnífico escenario cultural de La Docta. 

Por Carlos Ruiz / @qarlos_ruiz

La sala mayor del Teatro Ciudad de las Artes es difícil de llenar. A la hora del show del 12 de junio hay algunas butacas vacías, pero se puede decir sin faltar a la verdad que la sala está colmada. No en un sentido cuantitativo, sino cualitativo. Un montón de gente se ha trasladado desde el Valle de Paravachasca para ver en escena al cantor y guitarrero Fer Guarneri. Todo está listo para que la magia suceda, no sólo entre el público, sino en el detrás de escena. Guarneri es técnico de sonido e iluminación en el teatro hace 17 años. Ha trabajado haciendo la técnica para los artistas más diversos, muchos de ellos consagrados. Tantos años han hecho que sus compañeros, el resto de los técnicos de la sala, pasaran de ser sus amigos a convertirse en su familia. Desde bambalinas, “el Fer” siempre había soñado con subirse al escenario de ese teatro maravilloso que tiene Córdoba. A veces las cosas suceden por pura fuerza del destino, de tanto soñarlas. A veces, todo se conjuga de la manera más inesperada.Y el 12 de junio de este año, un río de vida irrumpió en la sala grande del Teatro de la Ciudad de las Artes.

Fernando Guarneri es cordobés, nacido en barrio San Vicente de la capital, pero hace muchos años que anda regando su amistad por el Valle de Paravachasca. Antes de ser cantor, ya vivía en una canción, que circula por los valles. Yo soy de Anisacate, soy un rio de vida /Entre piedras los sauces, los que me anidan / Yo soy de Anisacate, soy un rio de vida. “Un río de vida” es una canción que Emanuel Orona, cantante, amigo y compositor, le regaló hace un tiempo. En Paravachasca los músicos regalan canciones a sus amigos. Y así, su “ranchito de chapa” quedó en una letra que viaja de patio en patio y de rasguido en rasguido. Cuatro años atrás, Fer Guarneri construyó su casa en un viejo chasis de colectivo que era usado por la empresa El Petiso para cubrir el trayecto Córdoba – Villa Dolores. Una gran grúa se lo trajo y lo emplazó en su lote del barrio La Marianita en Villa La Bolsa. Con ayuda de los amigos, lo dotó de una piel de tierra, maderas y adobes y lo convirtió en su hogar. Por eso, la canción de Orona habla de él y su casa: Allá en “La Marianita” tengo un rancho de chapa / Pa’ recibir amigos con la guitarra…Guarneri vivía, hasta ahora, en los extremos del fenómeno “canción”. Adentro de “Un río de vida” y afuera, en el backstage, en la cocina del teatro donde se producen canciones.

Ahora, le tocaba el turno de tocar e interpretar las suyas.

Incondicionales

Y subió al escenario con todo. Ninguno de sus amigos músicos quiso quedarse afuera. Entre los invitados estuvieron los bailarines Pancho Sparantino, Sonia Lescano, el gringo Antonio y Claudia Aranda, de “Los Aromos”. Walter Barco y Enriqueta Fornesno pudieron llegar tiempo. Estuvieron acompañando también el dúo de Juan Murúa y Jota Figueroa, los “Serenateros del bombo” y José Luis Aguirre. Su compañera en el dúo “Corazonando”, Gabriela Torres Nadal, no podía quedarse afuera.La banda estuvo integrada por los músicos Renzo Rodríguez (bajo), Franco Ceballos (guitarra), Martín Gallo (batería).

“Lo más loco de todo fueron los nervios de la previa, me preguntaba si iba a poder hablar, qué iba a decir. Me quedo con la palabra de los amigos que me dijeron: subite al escenario y sé vos. Eso es lo que quise transmitir y por eso terminamos todos llorando”, dice Guarneri a MI Córdoba.

Hay tiempo para contar varias cosas más de ese pequeño gran show increíble. Guarneri se animó a tocar dos canciones propias que la gente se fue coreando: “Chacarera del petiso”, con letra de Martín Sánchez, que habla del bondi en el que hizo su casa y “Chacarera de la Negra”, que habla de un amor que se termina.

Al finalizar el concierto, cuando llegaron los bises, apareció su mejor invitado: su hijo Genaro en la batería. Padre e hijo interpretaron “Un río de vida”.

Al término del concierto, Guarneri corrió a saludar al público en el hall del teatro. Abrazó a todo el mundo. Y entregó los arbolitos que había prometido. Es que debajo de 20 butacas de la sala había pegados papelitos que habilitaban a quien los encontrara a recibir plantines de árboles autóctonos como talas, algarrobos, espinillos, molles. Como dice la letra en la canción que cantó con su hijo: Cantando soy semilla que me ofrezco al brotar /Y en el monte florido soy espinal /Cantando soy semilla que me ofrezco al brotar.

Guarneri conoce la técnica del teatro a la perfección. Sabe que la grabación que se hizo del show esa noche es de primer nivel, como la de cualquier artista consagrado: “Grabamos multipista y un compañero del teatro lo está llevando a su estudio para mezclarlo y masterizarlo. Va a quedar con el sonido de un disco grabado en vivo. En realidad, no sé si es un disco, grabamos el concierto, que se puede convertir en algo parecido a un disco”. Cuando llegó el lunes siguiente a trabajar, todos lo felicitaron y abrazaron, empezando por su jefa y coordinadora general del Teatro, Aldana Casio. Algo lindo de lo que había pasado en su show todavía circulaba en el teatro.

Acá en Paravachasca tan zarpao los cantores /Aguirre con Navarro y el Ese López /

Acá en Paravachasca tan zarpao los cantores, concluye la canción de Orona. Y habría que nombrar también a Fer Guarneri.

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