Octava marcha contra el 'Gatillo Fácil'

Mujeres en la primera línea contra la violencia institucional. Son madres, hermanas, tías. Se conocieron atravesadas por el dolor de perder un ser querido por la violencia policial. Se encuentran en la calle, en plazas, en festivales, denunciando, gritando, llorando y honrando la vida de sus pibes y pibas, víctimas de gatillo fácil. La mayoría son mujeres. Son parte de la extensa trama de lucha por la memoria, la verdad, la justicia y los derechos humanos.

Por Anabella Antonelli

¿Qué hacer cuando quienes se supone que deben cuidarte, matan a tu hijo, tu hermano, tu amigo? ¿A quién se le reclama? ¿Dónde se busca justicia? La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) contabiliza, desde la vuelta a la democracia hasta el 2021, 8.172 personas asesinadas en Argentina por las fuerzas de seguridad del Estado. De ese total, 2.877 fueron víctimas de gatillo fácil, la segunda causa después de la muerte en calabozos. Destacan que la información de los años ´80 es poca e incompleta y que hay aumentos considerables en años de crisis. En 2020 y 2021 se incrementaron notablemente las muertes en lugares de detención en contexto de pandemia. Las víctimas son principalmente jóvenes varones pobres de 15 a 25 años, chivos expiatorios de las respuestas efectistas y demagógicas a la problemática de seguridad, que implican más efectivos policiales, menos formados, con escasa perspectiva de derecho, con el castigo como premisa y el hostigamiento como método. Políticas de seguridad que, además, demuestran no bajar el delito.

Continuando el legado de Madres de Plaza de Mayo, las madres de víctimas de gatillo fácil y violencia institucional también dejan el espacio hogareño para lanzarse a la lucha por sus hijes, ocupando el espacio público. “Le decimos a los vecinos que nos disculpen si les tomamos las calles -decía por micrófono una de las madres en la Séptima Marcha contra el Gatillo Fácil- pero tenemos que visibilizar la muerte de nuestros hijos, de verdad vecina, nos están matando a nuestros hijos y no importa la clase social, pero los pobres no tenemos justicia”.

La Coordinadora de Familiares contra el Gatillo Fácil es un espacio que nuclea a unas seis familias, organizadoras de la Marcha que se realizará el próximo viernes y por octavo año consecutivo, en diferentes ciudades del país. La mayoría de sus integrantes son mujeres y, aunque hubo papás, con el tiempo se fueron alejando.

Gabriela Sanzo es mamá de Rodrigo Sánchez, asesinado por la policía en 2015. “Antes de eso no estaba organizada, era simplemente una mamá ama de casa, laburante, mi tarea era criar a mis hijos -dice en conversación con MI Córdoba-. Sabía de la represión, el hostigamiento, de cómo actúa la policía porque crecí en un barrio vulnerable y era algo cotidiano”.

Salir a luchar por Rodrigo y por todos los pibes fue “un caminito de hormiga, me costó mucho y me sigue costando. Como mamá fui sintiéndome empoderada y sintiéndome una guerrera por no tener miedo a salir, a gritar y a denunciar”. Hace casi 7 años que integra la Coordinadora y es una referente de la lucha en Córdoba: “He hablado con muchísimos familiares cuando matan a un pibe. Cada vez que hablo remuevo lo que nos pasó a nosotros con Rodrigo, vuelvo al principio, y los veo descolocados. Tratamos de apoyarlos sentimentalmente, contarles la historia, tratamos de orientarlos, de que sepan que no están solos, porque no es el único caso, no es un caso aislado”, señala.

El rostro infantil de David Moreno aparece en fotos, en carteles, en murales. Tenía 13 años cuando fue asesinado por la Policía de la Provincia de Córdoba en Villa 9 de julio, una de las víctimas cordobesas de las jornadas calientes del 19 y 20 de diciembre del 2001. “David no volvió en toda la tarde”, le dijo su hija cuando Rosa Martínez de Moreno llegó a su casa. Salieron a buscarlo, ya circulaba la versión que durante la represión afuera de un supermercado habían matado a un niño. “No estaba preparada. Me cambió la vida. Perder un hijo no tiene palabras”, le dijo al tribunal en el juicio, 15 años después del asesinato.

“En general somos las mujeres las que hacemos frente a todas estas luchas. No es que sentimos más o menos dolor que el resto de la familia, pero creo que nos impulsa un sentimiento como mamás, que sentimos algo distinto”, dice Rosa en diálogo con MI Córdoba. “En mi caso, hasta el día de hoy, si bien he tenido el apoyo de la familia y de mi esposo, siempre la que ha tomado la iniciativa, ha llamado, ha ido a muchísimas reuniones, en estos 20 años que pasaron, siempre he sido yo. Nos mueve algo, inclusive te acostás en la noche y todavía te salta una lágrima. Los familiares intentan sacarte de ese rol, te dicen que la vida empieza de nuevo, pero hay un sentimiento que nos lleva siempre a estar primeras en la línea de la lucha”.

“La mayoría somos mujeres madres. Yo no le tengo miedo a nada, lo peor ya me lo hicieron -dice Gabriela-. Salimos, nos acompañamos, nos conocemos como mujeres y con el correr de los años ya no es solamente el pibe que falleció, sino el día a día nuestro, estamos en contacto, sabemos una de las otras, nos apoyamos, sabemos cuándo una está mal cuándo la otra está bien, festejamos, lloramos, nos acompañamos como mujeres”.

Multiplicidad de luchas

En 2018 se estrenó el documental “Madres”, una realización del equipo de Antropología Social del “Núcleo sobre muerte, violencia y política” de la Universidad Nacional de Córdoba, que muestra el proceso de las madres de víctimas de gatillo fácil. El material permite entrar en el universo de estas mujeres y en su duelo cotidiano, ver la construcción de espacios de memoria en sus casas o comunidades y la búsqueda colectiva de justicia.

Natalia Bermúdez, directora del equipo, cuenta que, si bien estas luchas se han consolidado con el tiempo, es un camino arduo por tratarse de madres sostenes de hogar de sectores populares: “A esta violencia institucional vinculada a la muerte de sus hijes, se suman otras violencias que sufren en lo cotidiano; en sus historias de vida hay varias otras dolencias”, señala.

Estas mujeres colectivizan el duelo, tornando denunciables esas muertes. Para eso, “se requiere un trabajo político, simbólico, social y enfrentar muchas acusaciones por merecimiento, ‘tu hijo merece la muerte por haber estado robando una billetera’, por ejemplo. Estos prejuicios sociales son a lo primero que se tienen que enfrentar. El duelo individual muchas veces es congelado o vivido en el medio de todas las actividades que llevan adelante”, explica Natalia. Politizar la muerte de sus hijos, las convierte en muertes condenables, injustas, denunciables.

Una de las acciones que suelen realizar es construir garitas, pintar murales, levantar monolitos, crear comedores comunitarios con los nombres de sus hijos muertos. Hacen presente la ausencia y visibilizan un hecho que difícilmente llegue a juicio, y si llega no se salda con el fallo porque, como dijo Rosa frente al juez, “no hay condena que valga si esto sigue sucediendo”. Esas construcciones materiales, para Natalia, implican “volver a inscribir a ese joven muerto en esa comunidad a la que pertenecía y en sus redes de afecto”. Para les familiares, implica también decirle a la Policía que no olvidan a sus pibes ni lo que pasó con ellos.

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A los cinco días del fallecimiento de Rodrigo, Gabriela fue a su primera movilización en la puerta de la Central de Policía “y hasta el día de hoy no he parado y pase lo que pase con la causa de Rodrigo, que todavía está abierta, yo siempre digo que esta lucha me la dejó mi hijo y voy a seguir participando. Aunque la Justicia busca el cansancio físico y psicológico de nosotras, les voy a seguir dando batalla”.

La octava Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil se realizará el próximo viernes 26 de agosto. En Córdoba la concentración será en Colón y General Paz a partir de las 17 horas.

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