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El género: una lupa para analizar la pobreza

La pobreza, el desempleo y la precariedad de la vida no se viven igual en todos loscuerpos. Analizar el empobrecimiento de la población desde una perspectiva de género permite poner de relieve las particularidades para planificar respuestas específicas.

Por Anabella Antonelli

Repasamos las cifras de la pobreza comparando en gráficos las variaciones anuales. Los números no son números. Son personas reales, vidas que transitan el penoso escenario de lariqueza concentrada en pocas manos, de miles de habitantes que sobran en un sistemaexcluyente, de políticas públicas estériles. Los datos revelan, además, que las mujeres cis, lesbianas, trans, travestis y no binaries sienten de forma diferencial las consecuencias de una crisis de larga data, profundizada por los efectos de la pandemia por Covid-19.

Los datos hablan por sí solos. Según los informes del Instituto Nacional de Estadística yCenso (INDEC), la mayor proporción de personas pobres en Argentina son mujeres eidentidades sexuales disidentes, y el mayor número de hogares bajo la línea de pobreza sonencabezados por mujeres.

Samantha Vaccari y Rosario Escola son licenciadas en Economía e integran el Espacio deEconomía Feminista. En conversación con Marca Informativa Córdoba, explican que pensaren feminización de la pobreza “permitió visibilizar la incidencia del género a lasposibilidades de obtener un ingreso y su vinculación con las condiciones de vida de las mujeres y plantea la necesidad de incorporar la perspectiva de género a la hora de pensarpolíticas públicas dirigidas a mitigar o erradicar la pobreza”.

De acuerdo con el informe para el cuarto trimestre del 2021 publicado por INDEC, lasmujeres presentan una tasa de actividad de 19,6 puntos menos en relación a los varones y unatasa de desocupación 1,3 puntos más alta. La Encuesta Permanente de Hogares para el tercertrimestre de 2021 arroja que, mientras la tasa de subocupación de las mujeres asciende al15,3%, para los varones es del 9,7%. En cuanto a la informalidad, la brecha entre varones ymujeres es de seis puntos porcentuales.“Todos estos indicadores, sumados a los fenómenos de segregación vertical y horizontal, impactan en la diferencia de ingresos entre ambos géneros, y por ende en las posibilidades deacceder o no a la Canasta Básica”, afirman las economistas y señalan que en 2021, enpromedio, las mujeres ganaron un 26% menos que los varones.

Por su parte, pese a la sanción de la Ley de promoción del acceso al empleo formal parapersonas travestis, transexuales y transgénero, esta población sigue estando mayoritariamente fuera del mercado laboral formal. No hay producción de datos para analizar cómo es suinserción laboral y con qué recursos cuentan, pero por sus relatos sabemos que ladiscriminación que sufren se traduce en dificultades económicas, falta de ingresos laborales yexclusión de la protección social pública.

Tareas de cuidado

La pandemia por Covid-19 y la cuarentena obligatoria evidenció el lugar central de las tareasde cuidado para sostener la vida, es decir, del trabajo no remunerado que se resuelvemayoritariamente al interior de los hogares, como la atención de infancias, enfermos yancianos, la limpieza, comida y traslados.“El hecho de que el trabajo reproductivo recaiga en mayor medida sobre las mujeres, juegaun rol fundamental en las posibilidades de incorporarse o no al mercado de trabajoremunerado y especialmente en el tipo de inserción”, explican las economistas. El mayor tiempo dedicado a estas tareas significa menor actividad y más subocupación en el mercadode trabajo.

“Las mujeres dedican menos horas al trabajo remunerado que los varones, y encontraposición más horas al no remunerado, lo que impacta directamente sobre el nivel de ingresos -siguen Vaccari y Escola- Si bien actualmente los roles clásicos de ‘mujer ama decasa’ y ‘varón proveedor’ se han modificado y las mujeres aportan a los ingresos del hogar,este cambio no se ha visto reflejado en el reparto de tareas domésticas y de cuidados”.

En 2013 el INDEC realizó la Encuesta sobre Trabajo No remunerado y Uso del Tiempo. Losdatos evidenciaron que casi el 90% de las mujeres realizan tareas domésticas y de cuidado,mientras que este porcentaje se reduce a menos del 60% en el caso de los varones. En cuantoal tiempo, ellos destinan en promedio 3,4 horas al trabajo no pago, y las mujeres unas 6,4horas. En los hogares donde varones y mujeres están desocupados, ellas dedican 6,8 horas aeste trabajo, mientras que las ocupadas destinan unas 5,9 horas. Entre los varonesdesocupados y los ocupados no hay diferencias notables, ambos dedican entre 3 y 4 horasdiarias.“Esta asignación de tareas, fruto de la división sexual del trabajo, desemboca en una doblejornada de trabajo para las mujeres que repercute en su salud física y mental, y más aún enaquellas que se encuentran en situación de pobreza. Ante la ausencia de infraestructuras decuidado o la dificultad de acceder a este tipo de servicios son ellas quienes los proveen”,afirman las economistas.

Pensar la pobreza desde una perspectiva de género obliga a preguntarnos, además, por larelación con la violencia y el aumento de femicidios en contextos de crisis económica; sobrecómo opera el acoso y la discriminación laboral para la permanencia en un trabajo; sobre laconexión entre cantidad de responsabilidades de cuidado y los requisitos valorados para lacontratación, como la experiencia laboral, la calificación y la formación.

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