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Presentaron el proyecto de Ley "Cuidar en Igualdad"

El cuidado en debate. El 2 de mayo pasado, el Ejecutivo Nacional presentó el proyecto de Ley "Cuidar en Igualdad" que establece la creación del Sistema Integral de Cuidados de Argentina. La extensión de licencia por paternidad es uno de los puntos clave que reaviva el debate sobre la distribución del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

Por Anabella Antonelli

“Sin trabajos de cuidado, no hay vida posible, la vida se sostiene a partir de que hay cuidadoras” afirma Paola Bonavitta, investigadora de CONICET y de El Telar-Comunidad de Pensamiento Feminista. Invisibilizado y sin protección, el trabajo de cuidado es imprescindible para la sostenibilidad económica del país, garantizando la crianza y la atención a personas mayores o con discapacidad, asegurando la limpieza y los alimentos a diario, acompañando tareas educativas y necesidades emocionales y de salud.

“Todas las personas somos vulnerables y dependientes a lo largo de nuestra vida, nadie subsiste en soledad, pero quienes se ocupan de ese sostén son las mujeres y cuerpos feminizados, entonces es una tarea que está mal distribuida”, señala Gabriela Bard Wigdor, también investigadora de CONICET, docente en la Universidad Nacional de Córdoba y coordinadora de El Telar-Comunidad de Pensamiento Feminista.

Según el INDEC, el 10% de las personas mayores de 60 años están en situación de dependencia, recayendo en un 77% sobre las mujeres de la familia. De las cinco millones de personas con discapacidad, 126.000 necesitan un alto grado de asistencia directa y diaria. El 95% de las infancias de 0 a 2 años y el 60% de 3 años no asiste a establecimientos educativos, que en un 45% no cuentan con sala de 3 años. La Encuesta sobre Trabajo No remunerado y Uso del Tiempo, evidenció que casi el 90% de las mujeres realiza tareas domésticas y de cuidado, mientras el porcentaje se reduce a menos del 60% en el caso de los varones. En promedio, ellos destinan 3,4 horas al trabajo no pago y las mujeres unas 6,4 horas.

La distribución asimétrica de estas tareas impacta en una menor participación de las mujeres e identidades feminizadas en el mercado laboral, con trabajos más precarios y mayor desprotección social. Mientras más tiempo le dedican al trabajo de cuidado, menos actividad y más desocupación o subocupación tienen en el mercado de trabajo, con menores ingresos. Este mapa se agudiza en los sectores más empobrecidos.

“Cuidar en Igualdad”

“Invertir en cuidados es una estrategia inteligente para el desarrollo y tiene un efecto multiplicador en la economía -manifiestan desde el Gobierno-; los países que más invierten en políticas de cuidado alcanzan tasas de empleo femeninas mayores al 70%, generando resultados positivos en términos económicos”. En lo concreto, el proyecto de Ley propone, entre otras cuestiones, modificar el régimen de licencias en el sector público y privado para trabajadoras/es gestantes, no gestantes y adoptantes, lo que impacta en la corresponsabilidad entre los géneros e implica un reconocimiento del trabajo de cuidados.

“Hoy, al ser la licencia por maternidad mucho más larga que la de paternidad, contribuye a la injusta sobrecarga de las mujeres en tareas de cuidado y a la discriminación por género en el mercado laboral”, expresa Bonavitta. En la propuesta, la licencia por paternidad se extiende de 2 a 90 días, llevando de 90 a 126 días la de personas gestantes. Además crea una de 90 días para adoptantes, con hasta 12 días por año para visitar a quien se pretende adoptar. Se aplica a trabajadoras dependientes, monotributistas y autónomos/as, previendo para éstos un Salario Mínimo Vital y Móvil.

“Esta ley es un avance si pensamos que Argentina, a nivel latinoamericano, es uno de los países con licencia de paternidad más regresiva”, señala Bard Wigdor. Para que el reparto de tareas comience a ser equitativo, sostiene que es necesario articularlo con políticas integrales que interpelen a la sociedad, como estrategias comunicacionales, debates y formaciones. “No se modificó el imaginario de que esas tareas se hacen por amor y que le compete a los cuerpos feminizados, entonces si no damos ese debate y solo legislamos en términos formales, la transformación real no va a suceder, pero habilita un espacio formal y simbólico donde empieza a cuestionarse”, continúa.

Cambiar la lógica de las tareas de cuidado es repensar el sistema de producción y reproducción: “Si una persona toma licencia por maternidad se lo ve como una pérdida de productividad, un gasto no justificado. No se ve el aporte social y económico que significa traer un hijo al mundo y criarlo, que en concreto es la fuerza de trabajo futura del orden socioeconómico. Considerarlo una carga es algo tramposo y perverso -sigue la investigadora-. Si hiciéramos una radical transformación del sistema de distribución económico y remuneráramos las tareas domésticas y de cuidado, no se podría pagar ese volumen de horas, entonces hay que reveer las formas de producción”, analiza Bard Wigdor.

Si bien la propuesta es un avance a una demanda histórica de los feminismos, “es importante pensar también los cuidados de las vejeces y de personas discapacitadas -afirma Bonavitta-. Se debe abordar la responsabilidad familiar, pero también incluir a otros actores: mercado, Estado, las comunidades, las obras sociales”. Es un debate sobre “el buen vivir, sobre cómo queremos vivir y ver qué necesitamos en términos de trabajo de cuidado para que eso sea posible”, concluye Bard Wigdor.

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