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"El machismo y la violencia de género están muy arraigados en el deporte"

A casi dos años de la creación de la Oficina de la Mujer Deportista, la ex nadadora olímpica y vocal del directorio de la Agencia Córdoba Deportes hace un balance de su gestión. "Queremos generar acciones que promuevan un cambio cultural", afirma sobre el espacio gubernamental que trabaja contra la discriminación y la violencia con perspectiva de género.

Por Hugo Caric

Como en sus tiempos de nadadora, Georgina Bardach hace un culto del bajo perfil. Habla lo justo y necesario, y hasta denota cierta incomodidad cuando se enciende la luz del grabador. “Ahora estoy mucho mejor, pero todavía me cuesta”, comenta. Admite que la responsabilidad de llevar adelante una función pública le ayudó bastante. “Además soy licenciada en Comunicación Social, así que tengo que hablar sí o sí”, reflexiona.

Desde hace casi dos años, la cuatro veces representante olímpica y medallista de bronce en Atenas 2004 conduce la Oficina de la Mujer Deportista, espacio de la Agencia Córdoba Deportes que tiene como objetivo el tratamiento y el abordaje de la violencia y todo tipo de discriminación con perspectiva de género. “Es un gran desafío”, asegura.

La psicóloga Mara Atecas y la abogada Adriana Escrivá completan el equipo de trabajo que inició sus actividades en junio de 2020. “La pandemia nos sirvió mucho en el sentido de poder llegar a lugares donde es más difícil poder organizar actividades. La virtualidad nos permitió reunirnos con mucha gente en poco tiempo y acelerar algunos tiempos de nuestro plan de acción”, le apunta Bardach a Marca Informativa Córdoba antes de hacer una especie de balance de gestión.

-¿Cómo ha sido el trabajo de la Oficina de la Mujer Deportista?

-Desde que la creamos, la idea siempre fue producir un cambio cultural, porque el machismo y la violencia de género están muy arraigados en el deporte. Algunos comportamientos están muy naturalizados. Al tratarse de un ámbito bastante machista, no queríamos imponer nada, porque creemos que el cambio cultural se da por convencimiento. Entonces fue un trabajo muy largo, de ir charlando con federaciones, clubes, municipios,

-Hubo clubes como Belgrano e Instituto que estuvieron a la vanguardia y fueron los primeros en elaborar protocolos de género, ¿la posterior creación de la Oficina fue un impulso para otras entidades?

-En Belgrano e Instituto venían trabajando desde hace tiempo y por suerte tuvieron un apoyo institucional, porque muchas veces los clubes dan lugar a las comisiones de género pero les dicen ‘júntense ustedes’ y no se involucran. A partir de la Oficina logramos sumar a otras entidades. La que más alegría me dio, en lo personal, fue Carlos Paz Rugby Club. Que un club de rugby haya elaborado un protocolo de género, con un trabajo muy comprometido de todos sus dirigentes, y no sólo de las mujeres que habían planteado la inquietud, es un ejemplo a seguir para muchas instituciones.

-En contrapartida, hay otros clubes más “remolones” o que creen que con otros mecanismos internos pueden abarcar estas problemáticas.

-Es difícil. Algunos clubes dicen que trabajan con protocolo de género, pero el protocolo nunca se activó o la gente no sabe que existe. Después están los que no reconocen algunas situaciones y también los que no les interesa nada. En realidad, lo que vemos es mucho miedo a perder un lugar o a perder poder. En definitiva, es el miedo a lo desconocido. Por eso nuestra idea es trabajar desde la educación, para que esto se pueda entender. Cuando alguien no entiende o no está convencido de las acciones que lleva adelante, las va a hacer una vez por obligación y va a quedar ahí.

Discriminación y violencia

Aunque sostiene que el cambio es lento, Bardach identifica algunas buenas señales. Por caso, las escuelas de iniciación deportiva mixtas que funcionan en el Estadio Kempes o la decisión de la Federación Cordobesa de Hockey de que todos sus clubes presenten equipos de varones y mujeres desde el próximo torneo. “Lo que falta es tiempo”, afirma. Y dice que apunta a que cada vez haya más mujeres involucradas en la conducción de los clubes.

-Una vez identificados los problemas, ¿la gente se va animando a visibilizarlos? ¿Cuál ha sido la experiencia de la Oficina al respecto?

-Sí, se animan, Aquí nos han llegado algunas inquietudes pero no tenemos poder de actuación cuando hay una instancia judicial. Dentro de la Oficina hay una psicóloga y una abogada que asesoran, pero tratamos de hacer las cosas muy cuidadosamente para no revictimizar a las personas. La idea es cuidar siempre. Y trabajar para que cada vez sean menos los casos.

-La discriminación y la violencia son dos temas centrales en el trabajo que llevan adelante. ¿Qué se está viendo más en la actualidad?

-Depende. Hay mucha discriminación en cuanto a las diversidades. Es un tema que el deporte todavía no tiene muy en cuenta y que se está empezando a trabajar a nivel mundial y nacional. Nosotros también vamos a empezar a abordarlo, pero queremos ir de a poquito y no abarcar tanto de golpe. Y la violencia es algo que se ve mucho. Está muy naturalizado el maltrato como forma de motivación y también el meterse mucho con el aspecto físico de una deportista, cosa que, salvo en el caso del ‘Ogro’ Fabbiani, nunca escuché de un varón. Durante los Juegos Olímpicos los medios de comunicación hablan de ‘las 10 mujeres más lindas de la Villa’ o critican a las deportistas que no está dentro de los cánones de belleza hegemónicos. Notas así siguen saliendo, y acá en Argentina ni hablar.

-¿Cuáles son las conductas que más cuesta erradicar en el deporte?

-El deporte no es ajeno a la sociedad; es una muestra de ella. En él encontramos las mismas cosas que vemos todos los días: la violencia de género, la violencia en general… Actúa como un reflejo, lamentablemente.

-¿En qué se pudo avanzar más y en qué se debe poner mayor énfasis?

-Desde un primer momento la idea de nuestro grupo de trabajo fue encarar acciones que sienten un precedente para poder realizar ese cambio cultural dentro del deporte. Sabíamos que no iba a ser sencillo, ni de un día para el otro. Yo estoy muy conforme con la forma en que estamos trabajando, aunque obviamente hay cosas para ajustar. Hay gente que está convencida de que haciendo ruido va a lograr los cambios, pero yo prefiero hacerlo más callada, más estratégico. Donde nos tocó ir nos fue muy bien por esa cuestión de que vamos primero a escuchar de a poquito. Vamos bien. Quizá lo que esté faltando sea tiempo para ver los resultados.

-¿El hecho de que seas una figura conocida contribuye a que las mujeres del deporte se animen a visibilizar sus problemas?

-Creo que sí. Igual, soy muy perfil bajo. Me gusta más trabajar y gestionar que andar mostrándome. Se me acerca mucha gente, sí. Pienso que el hecho de que te reconozcan les brinda a las personas mayor seguridad a la hora de hablar sobre asuntos que siempre generan muchos temores e inseguridades

Tiempos difíciles

-Trazando una comparación entre el presente y tu época de deportista, ¿en materia de género se cambió mucho, poco, más o menos?

-Casi nada. Yo en 1997 integraba la selección, o sea que estamos hablando de 25 años. En esa época mi papá siempre decía que quería viajar conmigo a los torneos, por las dudas o qué se yo. De grande entendí mucho de eso. Lo que sí noto como positivo es que las mujeres cambiaron en cuanto al trato entre ellas. Lo veo dentro del grupo que tiene mi hermana (Victoria, nadadora olímpica en Tokio 2020) y también en el mío, ya que hoy reconocemos un montón de cosas. Antes te inculcaban que no podías tener amigas o que debías ir en contra de las otras. Hay un cambio de mentalidad entre las deportistas. En el caso de los entrenadores sigue siendo más o menos lo mismo, pero entre ellas el trato y la contención son distintos.

-Se lo escuché decir una vez a David Nalbandian: “El deporte de alto rendimiento es insalubre”. ¿Lo compartís?

-Sí.

-¿Tanto es así?

-Sí. Porque estás pasando el límite siempre, todo el tiempo, y eso no es saludable ni física ni mentalmente.

-¿Cuál es el momento en que el deporte se convierte en insalubre?

-En ese nivel es siempre es igual, desde que uno es chico. Con todo eso, yo lo elegí. Y lo disfruté. Me gustaba entrenar, competir. En los últimos años fue cuando se me hizo más pesado, pero fue un proceso que debía hacer para dejar de nadar y no extrañar.

-¿Encontraste tu lugar en el mundo fuera de una pileta?

-La verdad es que esto es algo que me movilizó mucho y que desde el principio me generó un desafío enorme. Es algo que ya lo veníamos viendo, que lo queríamos trabajar desde hace mucho, pero que ‘Pichi’ (Héctor Campana, titular de la Agencia Córdoba Deportes) nos permitiera formalizarlo nos dio un impulso mucho más grande. En mi caso hubo mucho aprendizaje. Si bien tenía experiencia en el deporte, tuve que formarme mucho más. Y la verdad es que me gusta.

-¿A qué apuntás como objetivo desde la Oficina de la Mujer Deportista?

-Mi propósito es sentar precedentes para que el cambio cultural en el deporte pueda convertirse en realidad. Y que la igualdad sea una política de Estado, más allá de que yo esté o no esté. Soy una convencida de que estas políticas deben exceder a las personas.

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