Por Juan Cruz Varela Taborda
Las locas aventuras de Guillermo Patricio (parte 3)
Escapó de la cárcel de Río Gallegos para volver a estar con su líder. Pero una vez reunidos en República Dominicana, Guillermo Patricia Kelly le robó el pasaporte a Roberto Galán para retornar a la Argentina. ¿Cómo ingresa el inolvidable casamentero en las locas aventuras de Guillermo Patricio Kelly?
Roberto Galán, en la década del ‘50, ya era un reconocido locutor argentino. Pero a diferencia de la creencia general que indica que debió huir de nuestro país una vez derrocado el peronismo, lo cierto es que el hombre de radio y televisión se exilió antes, durante el propio peronismo.
El anticipador de Thinder ya vivía en Venezuela cuando llegó Perón escapando de las bombas de 1955. Galán vivía en Caracas junto a su pareja, la folclorista María Olga Traolagaitia. ¿Cómo habían llegado a tal destino? El hombre de los medios había encabezado una huelga de locutores durante el peronismo. Perdió la contienda sindical, lanzó duras críticas a Eva y tuvo que irse. Primero a Brasil y finalmente Caracas, donde puso una fiambrería y vendía publicidad para una revista de la Policía de la ciudad.
Ya en el epílogo de su carrera, el creador de “Si lo sabe cante” ha contado de su amistad con Perón. Una amistad que fue, inicialmente, enemistad. Isabel, que ya convivía con el General, fue la primera en acercarse. Y Galán, el primero en decirle a Perón que la tratara mejor, que la incorporara a su vida y, lógicamente, que se casara. Su espíritu era evidentemente casamentero.
Y no sólo eso: como Galán tenía una fiambrería, le daba alimento a Perón, al que no le sobraba un peso en aquel exilio obligado. La amistad hizo que una vez que tuvieron que escapar a República Dominicana Galán se sumara a la comitiva del ex presidente. Una comitiva cada vez más numerosa, que vivía a expensas de los pocos pesos que Jorge Antonio le giraba al líder expatriado. La escasez de fondos generó las primeras internas entre los integrantes de esa comitiva. Galán, que en Dominicana no hacía nada, se cruzó con Ramón Landajo, uno de los choferes de Perón, que le gritó en pleno almuerzo:
- ¿Por qué no te pones a trabajar Roberto? ¿No ves que el General no te puede mantener toda la vida?
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Pero volvamos a Kelly, que volvió al país con el pasaporte de Galán en 1958. Igual la gestión de Frondizi lo descubrió y, a contramano de lo que hubiera esperado, en función de la alianza del radical intransigente con el peronismo, Kelly fue encarcelado y esta vez no pudo escaparse. Estuvo cinco años preso.
Apenas Kelly recuperó la libertad, el General le dio su primera tarea: Augusto Timoteo Vandor, el del peronismo sin Perón. Kelly se encargó de perseguirlo y hostigarlo todo cuanto se pudiera. Su función era que Vandor no pudiera dormir en paz. Un día lo siguió hasta el casino de Mar del Plata. Una vez que el gremialista juntó varias fichas en la ruleta, Kelly pasó a su lado y le desparramó toda la fortuna. Gran escándalo. El país se enteró que un gremialista, que el propio Vandor, iba al casino, una conducta inesperada para alguien que se decía peronista.
La segunda jugada de Kelly fue colocar una bomba molotov en una tribuna a la que Vandor asistiría. ¿Tribuna en cancha de fútbol? No, en el hipódromo de San Isidro, a donde Vandor iba con asiduidad, también a apostar. Una vez más se supo que al gremialista, además del casino, le gustaba ponerles fichas a los caballos. Eran inconductas para un dirigente del movimiento obrero.
El propio Perón había escrito, en una carta al gremialista José Alonso, que en esta lucha, la lucha que llevaban adelante, el principal enemigo era Vandor y su trenza. “Hay que darle con todo y a la cabeza, sin tregua ni cuartel. En la política no se puede herir, hay que matar”, decía abiertamente el General.
Vandor fue asesinado en junio de 1969 en lo que se conoció como el “Operativo Judas”. Nadie se adjudicó el atentado. Es uno de los grandes misterios de violenta historia argentina. Aun no se sabe quién fue. ¿Descamisados, con Dardo Cabo a la cabeza? Algún testimonio dice que antes de ser fusilado, Vandor saludó a su hipotético homicida:
- Hola Cóndor -dijo el hombre de la UOM, ¿refiriéndose al líder del “Operativo Cóndor” que intentó recuperar las Malvinas?
¿O habrá sido otro nacionalista, como Walsh, en aquel momento en el Ejército Nacional Revolucionario? Gran enigma.
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Y lo que sigue, otra gran incertidumbre: ¿Quién generó este divorcio inimaginable? ¿Fue el asesinato de Vandor? ¿Alguna reacción inesperada? Jamás lo sabremos. Lo que sí se sabe es que en algún momento, Perón se enojó con Kelly. Y no fue una antipatía momentánea, fugaz, por algún desacierto de Guillermo Patricio. Fue determinante. Fue el divorcio entre el líder y su agente más desprendido y arriesgado.
En una carta fechada en Madrid, España, del 20 de agosto de 1964, Juan Perón esboza algunas directivas al Comando Superior Peronista, en donde resuelve, en el punto cinco, que:
“...dado que Guillermo Patricio Kelly con sus actitudes y la prédica hecha a través del periódico ‘Alianza’ continúa creando confusión y perturbación con la intención de dividir al Movimiento, ratifico que el mismo no pertenece más al Movimiento Peronista”.
No obstante la resolución de dejar a la deriva a Guillermo Patricio, es preciso tener presente que a Perón siempre hay que leerlo entre líneas. Y, si acaso si pudiéramos, traer a un intérprete que ayude a una tercera lectura. ¿Era un verdadero divorcio o era el modo de distraer a sus adversarios?
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Lo que pasó, dos años y medio después en el cementerio de la Recoleta, podría darnos una respuesta a la anterior pregunta. Ossorio Arana era un militar argentino que reunía todas las características del antiperonismo nacional: había sido pasado a retiro en 1951 por atentar contra el gobierno y desde 1955 había sido funcionario todo terreno de aquella dictadura. Muerto en diciembre de 1967, se organizó un gran funeral para despedirlo. Aramburu, Rojas, Lanusse: todos estaban en el camposanto más elegante del país en esa mañana de verano del ‘67 cuando Guillermo Patricio Kelly junto a Humberto Guidi, se subieron al campanario de la Iglesia del propio cementerio y desde allí acusaron a los jefes de la mal llamada Revolución Libertadora de asesinos.
Kelly y Guidi no se quedaron con el insulto desde lo alto. Ya alborotado el entierro, los dos peronistas bajaron a tierra y lejos de escapar, comenzaron a repartir trompadas entre las 600 personas que despedían al uniformado. Una vieja foto en blanco y negro, tomada por un fotoreportero que había ido a cubrir el funeral, muestra a Kelly, enérgico y de saco y corbata, atendiendo a varios militares a la vez.
No menor es el dato que el último respondo de Arana, su tumba, fue sobre otra tumba, anónima que pertenecía a un viejo mazorquero rosista que había sido ahorcado en la Plaza de Mayo apenas cayera Juan Manuel de Rosas. Esa tumba anónima le pertenecía a Leandro Alen, el padre de Leandro N. (por nada, solo para diferenciarse de su padre, de quien se avergonzaba) Alem (con “m” final, también para diferenciarse del Alen paterno). El mazorquero en cuestión, además de padre del fundador de la UCR, era, a su vez, abuelo del gran caudillo radical Hipólito Yrigoyen.
Pero esta parte de la historia será menor frente a lo que se avecinaba en las locas aventuras de Guillermo Patricio Kelly: José López Rega, su enemigo íntimo en el peronismo.

