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Trabajo comunitario: Compromiso Social Femenino

Las mujeres son esenciales en el trabajo comunitario y tuvieron un papel destacado en las tareas de cuidado durante la pandemia del Covid 19. Según el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular, más de la mitad del trabajo informal corresponde a las mujeres y seis de cada diez ayudan en comedores comunitarios.

Por Anabella Antonelli

Cientos de mujeres en las barriadas más empobrecidas de nuestro país se encargan todos los días de sostener la vida. Cuidan, alimentan, educan, acompañan a personas en situación de consumo problemático, de violencias y el largo etcétera de acciones frente a las necesidades que emergen. Se organizan ante la urgencia y trabajan en la primera línea. La pandemia por COVID-19 remarcó la importancia fundamental de estas tareas de cuidados comunitarios. ¿Cómo hubieran sobrevivido al confinamiento, en las zonas más empobrecidas, sin esas ollas populares y la asistencia inmediata a vecinos y vecinas afectadas por el virus o por la imposibilidad de trabajar?

Jacqueline Lynch es coordinadora de los espacios sociocomunitarios del Encuentro de Organizaciones, movimiento social que sostiene 38 copas de leche y comedores en Córdoba capital y algunos pueblos de la provincia. "Por día salen 4.500 raciones de meriendas y 5.500 de almuerzo o cena -explica-; se realizan con esfuerzo, pero con la satisfacción de ver en la cara de esas personas la alegría de recibir ese gesto tan profundo". Asisten mayormente a niños, niñas, familias empobrecidas y adultos mayores.

Estas mujeres realizan una gran cantidad de tareas comunitarias. Los espacios de alimentación, principalmente destinados a la infancia, son considerados primordiales. "Los comedores existen en nuestros barrios por la fuerte problemática del hambre y la desigualdad que sufrimos -sigue Jacqueline- Ante la crisis que nos golpea nos organizamos en las distintas asambleas para garantizar las meriendas o almuerzos. También porque es un lugar de encuentro con nuestras comunidades".

Cuidado comunitario

"La gran mayoría de las compañeras que trabajamos en los comedores, merenderos y espacios comunitarios somos mujeres, seguimos cumpliendo y haciéndonos cargo de las tareas de cuidados, creemos que deben ser compartida con los varones, pero al ser nosotras las que estamos en las casas con las infancias y habitamos mucho más tiempo el barrio nos ponemos en ese rol", refiere Jacqueline.

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Las mujeres de las barriadas populares derriban los muros del hogar y proyectan sus tareas, comúnmente llamadas domésticas y de cuidado, sobre sus barrios. Lo que históricamente fue privado y confinado al hogar, asume un compromiso barrial, llamado trabajo sociocomunitario.

Este trabajo responde a la crítica situación alimentaria que atraviesan las infancias en la provincia. A nivel local, la principal política alimentaria es el Programa de Asistencia Integral de Córdoba (Paicor). Según el informe “Infancias y nutrición: ajuste presupuestario del Paicor en la Provincia de Córdoba”, elaborado por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH), su inversión cayó un 33% entre 2016 y 2020. En los últimos cuatro años, el Gobierno de Córdoba disminuyó la cantidad de alimentos que los niños reciben, a pesar de que en ese tiempo aumentó la demanda un 37%.

El informe señala que 197 mil niños, niñas y adolescentes recibían alimentos del Paicor en 2016. En 2020, pandemia mediante, la cifra aumentó a 270 mil. Se pasó de destinar anualmente $17.915 por niño en 2019 a $16.218 en 2020. "Coincidentemente, este ajuste se dio durante un periodo donde la pobreza aumentó fuertemente, pasando el indicador de pobreza para niñ@s de 0 a 14 años de 45,8% en 2016 a 57,7% en 2020", señalan desde la APDH.

En junio de 2021, el Gobierno provincial lanzó el Programa Fortalecer, que financia una copa de leche caliente saborizada y un alimento sólido para 220.000 niños y niñas. Con un presupuesto mensual de $100 millones, implica destinar 23 pesos diarios por día per cápita, insuficiente, según el informe, por los precios actuales de los alimentos.

Economía popular

En 2020, el Ministerio de Desarrollo Social de Nación lanzó el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular (ReNaTEP), empadronando las ocupaciones antes llamadas informales, que configuran otra economía desde los márgenes a partir de la aplicación de políticas neoliberales y la destrucción del modelo formal de empleo. La Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) logró que el trabajo sociocomunitario sea reconocido como una de las ramas del trabajo de la economía popular.

El Registro señala que de las casi tres millones de personas inscriptas el 57,4% son mujeres. La rama de Servicios Sociocomunitarios agrupa al 28,8% y la actividad que registra la mayor cantidad de inscripciones en esa rama es el trabajo en Comedores y Merenderos Comunitarios (63,5%), en muchos casos vinculados a organizaciones sociales.

Las mujeres de sectores populares, que lidian con las mismas problemáticas que sus vecinos y vecinas, se encargan del bienestar de sus comunidades ante el abandono estatal. Desafían la lógica de lo privado y derraman sobre sus barrios las tareas históricamente relegadas al ámbito doméstico. Son trabajadoras y, como tales, exigen el reconocimiento por su labor fundamental para la vida.

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