"Somos un cuerpo, no tenemos un cuerpo"

La escritora y periodista cordobesa Eugenia Almeida atraviesa su mejor momento. Ganó el premio a la "Mejor Creación Literaria 2019" en la Feria del Libro de Buenos Aires por su ensayo híbrido "Inundación: el lenguaje secreto del que estamos hechos". Y presentó en Córdoba su cuarta novela "Desarmadero",  un esperado policial negro.

Por Carlos Ruiz

Eugenia Almeida es capáz de sorprender con un registro bello, íntimo, cadencioso y profundo sobre el acto de escribir, como en el premiado “Inundación, el lenguaje secreto del que estamos hechos”; y pasar a un policial negro puro y duro, sin concesiones, como en “Desarmadero”. Dos extremos que quizás no lo sean tanto, pero que hablan de la madurez y la potencia de una escritora excepcional. Luego de la exitosa presentación de su última novela en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNC, Almeida dialoga con Marca Informativa Córdoba.

-En Inundación decis que “se escribe con el cuerpo, no se trata de una actividad mental” ¿La revalorización de lo corporal es algo de la época también? ¿Cómo es eso?

-El espíritu, el alma, el inconsciente, o como se llame, tiene su sede en el cuerpo. No está desprendido. En nuestra cultura tenemos esa costumbre de decir “tengo un cuerpo equis”. En realidad somos un cuerpo, no tenemos un cuerpo. Y el cuerpo en relación a la escritura aparece porque quienes escribimos y quienes trabajamos en la cultura en general necesitamos un reconocimiento en tanto trabajadores. Si uno envuelve la escritura como una cosa del alma, entonces no necesitás sustento, no estás produciendo y no pertenecés al sistema capitalista a la hora del reparto. Y creo que hay una operación que tiene que ver con las épocas ¿Quiénes pueden escribir y publicar? Quienes tienen fuerza de trabajo disponible.

-En este sentido, en la reciente Feria del Libro de Buenos Aires se presentó un tarifario para valorar el trabajo del escritor. También se refirió a eso el escritor Guillermo Saccomano en su discurso inaugural ¿Qué opinión te merece su discurso?

-El tarifario de la Unión de Escritoras y Escritores a mi me parece muy bien, vienen trabajando hace años en relación a la defensa de quienes escribimos como trabajadores. Con respecto al discurso, me pareció muy importante que Guillermo tocara unos puntos que son los que estamos discutiendo entre muchos colegas. Después tengo claros matices con algunas de las cosas que él plantea, que respeto totalmente. Creo que lo hizo muy bien y que abrió un campo de discusión que ya había abierto Claudia Piñeyro en 2018 cuando planteó temas similares. Abrió el campo para que habláramos de cosas que siempre quedan en el circuito de los escritores, pero que no circulaban mucho más. Para mi siempre que esa discusión sea con argumentos y respetuosa, me parece buenísima.

-“Inundación” fue premiado como el “Mejor libro publicado en 2019”, nada menos ¿Qué te provoca eso?

-Es una alegría muy grande. Es un libro que hice con Documenta/Escénicas y eso implica mucho trabajo, un trabajo muy artesanal y muy hermoso. Si uno ve la lista de los ganadores de años anteriores, están ahí los nombres de grandes referentes, mis maestros y maestras: Hebe Uhart, Isidoro Blaustein, Abelardo Castillo y otros, nombres que conmueven mucho. Estar en esa lista es muy emocionante. También los compañeros de premiación, que se agruparon en tres por la pandemia, que son Laura Ramos, por su libro “Las señoritas” (Lumen editorial) y Martín Kohan por “Me acuerdo” (Ediciones Godot), dos escritores que admiro, al igual que el jurado. Muchos reconocimientos juntos.

Libro Almeida.png

-La pandemia modificó nuestras vidas. De hecho, el premio se postergó por eso ¿Cómo la viviste vos? ¿Qué nos pasó como sociedad?

-Supongo que lo que fue para la mayoría de la gente: una calamidad, una catástrofe. Perdí muchos amigos. Perdimos un mundo que ya no existe. Hubo varias etapas, al principio hubo bastante desesperación y después con la llegada de las vacunas, bastante tranquilidad. Desasosiego también. Gente no cuidándose y poniendo en riesgo a otras sólo por capricho. Creo que se profundizaron las desigualdades, se incentivaron los odios, se crisparon todos los discursos. Está bastante más feo el mundo que antes de la pandemia. Es una pena porque era una oportunidad de repensar un sistema que destruye el planeta, que ejerce crueldad con la naturaleza, que nos ofrece vidas miserables, que hace que unos acumulen mucho y otros se mueran de hambre. Era una posibilidad de pensar otra cosa.

-En “Inundación” hablás también del deseo y de la escritura como un acto de fe (en el lenguaje) ¿Cómo afectó al deseo y a la fe la pandemia?

-No me animaría a hacer una reflexión en general. En lo personal creo que esas cosas fueron perforadas por la pandemia. El deseo fue atacado, y la fe, no como algo religioso, también fue afectada. Hemos tenido un evento catastrófico en todos los planos, menos en lo económico. El capitalismo pegó su vuelta carnera y sacó incluso ganancias de la desgracia de todos nosotros. Todas las cosas que hemos propiciado para nuestra propia catástrofe, como las granjas de explotación animal, la minería, la contaminación del agua, la pérdida de fauna, la aglomeración en las ciudades, el glifosato… Nada de eso se detuvo.

-¿Escribiste “Desarmadero” durante la pandemia?

-Tenía la mitad antes de que empezara. En 2020, el primer año, no escribí ficción, sino que trabajé en periodismo, que es otro tipo de escritura. No escribí porque era imposible, por esa catarata de pérdidas y la sensación de finitud muy cercana. El segundo año retomé la escritura y lo terminé en noviembre del año pasado. Este tercer año, porque estoy convencida que no terminó, veremos qué nos depara…

-Tiene un impecable registro del habla de la marginalidad, ¿Cómo construiste esa novela?

-Todas mis novelas nacen de una imagen que aparece y que me llama la atención. En este caso era la imagen de un tiroteo en un desarmadero. A partir de ahí, me senté a trabajar con la ficción, a intentar describir esas imágenes que me vienen a la cabeza. Luego viene otro trabajo de corrección para que todo ese trabajo se ajuste y pueda ser publicado. No trabajo con un plan, así que me es difícil reconstruir ese proceso, porque voy viendo qué pasa mientras.

-¿Qué pensás del lenguaje inclusivo y el debate que hay en la sociedad acerca de su uso?

-Me parece muy potente buscar nuevas formas, más afinadas y al mismo tiempo más abiertas, para nombrar a un mundo que es mucho más amplio que nuestro lenguaje. Me parece muy bien que quien quiera usar el lenguaje inclusivo lo use en todas las circunstancias. A muchos de los de mi generación no nos sale naturalmente, así que hay una posición política de buscarlo. Yo trato de hacerlo siempre porque estoy convencida de que lo que se nombra también crea una realidad. Me conmueve mucho cuando veo a las generaciones nuevas, que les sale muy fácilmente.

Dejá tu comentario