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Malvinas: las mujeres también estuvieron

Construir memoria implica tener en cuenta a todas las personas que fueron parte de los hechos. En plena guerra de Malvinas, las mujeres tuvieron un rol imprescindible para el cuidado de la vida. Cuarenta años después, Dora Ruíz, Stella Botta y Sonia Escudero cuentan su experiencia como enfermeras durante el conflicto bélico.

Por Anabella Antonelli

“Estuvimos ahí, corresponde que nos incluyan en esa historia que no se contó y se dejó en el olvido -afirma Stella Maris Botta- Es necesario que salga a la luz para que todos se enteren que en ese momento, en Comodoro Rivadavia, había enfermeras profesionales que estaban atendiendo a los heridos”.

La guerra de Malvinas es uno de los hechos más dolorosos de nuestra historia reciente. Es parte de la memoria desgarrada de la última dictadura cívico-militar-eclesial. Cada dos de abril recordamos a quienes fueron enviados como soldados a una guerra absurda. Construir memoria para la verdad y la justicia exige reconocer la participación y el trabajo que las mujeres realizaron en los 74 días de guerra.

Las enfermeras

El personal de salud desempeñó un rol fundamental en el cuidado, contención y recuperación de más de mil soldados heridos. Las enfermeras estaban a bordo del buque argentino Irízar, en un hospital ambulante en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia o en centros militares.Todas eran muy jóvenes. Algunas, incluso, adolescentes. La Armada Argentina había convocado a un curso para que las mujeres ingresaran a la carrera militar y de enfermería mientras estaban en la escuela secundaria. “Estas jóvenes niñas fueron las primeras mujeres que alistaba la Armada. Yo estaba cursando el segundo año cuando fuimos atravesadas por el conflicto bélico”, cuenta Dora Ruíz.

Además de la atención sanitaria fue muy importante el apoyo y el vínculo emocional que ellas establecían con los soldados. Eran el primer contacto que recibían los jóvenes después de haber estado en la zona de conflicto. “Siempre teníamos una sonrisa para ellos -refiere Stella- Cuando llegaban al hospital me pedían que me comunicara con su familia. Yo les pedía el número de teléfono, se lo daba a alguien para que hablara y así ellos se tranquilizaban. Venían con horror en la mirada”.

“A mí me preguntaron si teníamos miedo, pero una no tiene tiempo de pensar cuando vienen los heridos”, expresa Sonia Escudero. Cuando ellas llegaron a los hospitales en la división de cuidados los enfermeros varones ocuparon los puestos en las oficinas, avalados por los suboficiales. La tarea de enfermería, imprescindible en una guerra, quedó fuertemente en manos de las mujeres.

Doble olvido

La guerra de Malvinas fue silenciada. Les sobrevivientes regresaron a sus hogares sin reconocimiento y en silencio. “La sociedad supo que había una guerra y participó donando cosas, pero cuando nosotras estábamos en el infierno, de Comodoro Rivadavia para arriba estaban jugando el mundial de fútbol. Entonces mucho no lo vivió la gente. Lo sentí cuando volví a Córdoba porque nadie me preguntaba nada”, reflexiona Stella.

Al finalizar el conflicto no se les proporcionó asistencia médica o psicológica y no pudieron comunicarse con sus familias en los primeros días. Algunas tuvieron prohibido hablar sobre lo vivido. “La imposición era que de lo que se vio y escuchó no se hablaba. Estábamos en un gobierno militar y nosotras estábamos dentro de las normas y reglas militares. Ese silencio nos silenció dentro de nosotras mismas. Yo empecé a hablar en el 2016, cuando mis compañeras me encontraron”, cuenta Dora.

Pasaron treinta años hasta que estas mujeres se reunieron y le pusieron palabras a sus vivencias, recordando en voz alta lo vivido, entendiendo el valor de su tarea: “No nos creemos heroínas, pero nuestro trabajo tuvo una trascendencia en ese tremendo conflicto”, dice Dora.

Reconocimiento

“¿Si queremos la pensión? Sí, la merecemos”, afirma Sonia. Las enfermeras navales y aspirantes que trabajaron en los buques hospitales en Puerto Belgrano atendiendo heridos de guerra no son consideradas veteranas porque no se movilizaron más allá del paralelo 42. Ellas siguen reclamando un reconocimiento.

Alicia Reynoso es una de las referentes de las mujeres en Malvinas. En 2010, 23 años después del conflicto bélico, consiguió que le otorgaran una bonificación como “Veterana de Guerra”. En el fallo, los camaristas sostienen: “Pensar en un combate físico solamente y excluir la labor de la enfermera no solo lleva a invisibilizar su contribución al esfuerzo bélico, sino que a su vez prolonga la supervivencia de estereotipos en la sociedad y contribuye a perpetuar prejuicios sociales y culturales que deben ser desterrados”.

El trabajo imprescindible de las enfermeras no fue el único rol de las mujeres invisibilizado en la guerra. También estuvieron las madres que acompañaban a la distancia con la esperanza de ver volver a sus hijos; las esposas que debieron sostener el hogar en una época donde el rol proveedor de los varones era central; mujeres que protegieron del dolor a sus propios hijos e hijas; las isleñas que dieron de comer a soldados desesperados, malnutridos y abandonados a su suerte.

Recuperar la participación de las mujeres y las tareas que llevaron adelante en la historia es oponer un poco de justicia ante tanto silencio. Conocer los relatos de estas mujeres y reconocer su trabajo insustituible en la guerra de Malvinas forma parte de construir una memoria para la verdad y la justicia.

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