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Celebración de la Madre Tierra: Descolonizar la mirada patriarcal

Córdoba negó históricamente la existencia de los pueblos comechingones, sanavirones y ranqueles, dejándolos en el olvido. Sin embargo, las comunidades habitan y defienden sus territorios ancestrales. El testimonio de Juana Manuela López, curaca de la comunidad Hijos del Sol Comechingón y primera curaca trans de su pueblo.

Por Anabella Antonelli

“El primero de agosto se agradece la cosecha y se prepara la tierra para la nueva siembra. Es el momento en que empezamos a sembrar lo que va a venir -explica Juana López-. Es una ceremonia de agradecimiento, de pedido y de introspección, donde hay que trabajar con la tierra sembrando lo nuevo dentro nuestro”. Juana es curaca (autoridad comunitaria) de la comunidad Hijos del Sol Comechingón, ubicada en la localidad de Dolores, San Esteban, a siete kilómetros de Capilla del Monte. Trabaja en dos radios de la zona difundiendo temas diversos desde la cosmovisión de su pueblo, “construyendo una nueva forma de ver, de pensar y, tal vez, de hacer política. Intentando al menos”, señala.

Este primero de agosto, como cada año, abrirán una boca en la tierra para alimentarla con lo cosechado o con lo que se quiera ofrendar. “La importancia de esta ceremonia de agradecimiento, de perdón, de alegría es el saber dónde estamos parados y quiénes somos, que somos parte de esa Pachamama, no un ente aparte que sólo extrae cosas de la tierra, la destruye y ensucia”, explica Juana.

Nuestra comunidad está conformada por unas doce familias. Nos reúne el territorio, la preservación del monte y de los lugares sagrados, aunque no todas las familias viven en el territorio comunitario, algunas por cuestiones de salud o laborales están en otros lugares Nuestra comunidad está conformada por unas doce familias. Nos reúne el territorio, la preservación del monte y de los lugares sagrados, aunque no todas las familias viven en el territorio comunitario, algunas por cuestiones de salud o laborales están en otros lugares

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-Muchas personas no saben que siguen existiendo comunidades indígenas en Córdoba, ¿podrías contarnos sobre tu comunidad y cómo viven en Dolores?

-Nuestra comunidad está conformada por unas doce familias. Nos reúne el territorio, la preservación del monte y de los lugares sagrados, aunque no todas las familias viven en el territorio comunitario, algunas por cuestiones de salud o laborales están en otros lugares. Lamentablemente acá no tenemos acceso a ningún derecho, hay que mudarse para poder acceder, es un acto de desahucio que hace el Estado a través de la falta de atención. En relación al pueblo, a veces se tiene más y mejor relación con gente que no es del territorio, “los venidos” de otros lados, como se les dice, que con los nativos que tienen ascendencia indígena comechingona y deberían defender más el territorio. Atravesamos una colonización donde ser indígena estaba muy mal visto, negado y penado. Toda esa violencia e invisibilización, el tiempo de silencio, la negación, hace que hoy esas personas mantengan costumbres y formas de vivir que no son las que corresponden a su sangre y apellido. A otras comunidades de acá sí se las acepta más, porque son rurales, no indígenas, entonces tienen más de acercamiento, por el tipo de costumbres, como cuestiones gauchas o de la Iglesia. Nosotros tenemos una postura muy desde otro lugar, desde nuestra ceremonia, nuestra cosmovisión, nuestra forma de ver e interpretar el mundo.

Atravesamos una colonización donde ser indígena estaba muy mal visto, negado y penado. Toda esa violencia e invisibilización, el tiempo de silencio, la negación, hace que hoy esas personas mantengan costumbres y formas de vivir que no son las que corresponden a su sangre y apellido Atravesamos una colonización donde ser indígena estaba muy mal visto, negado y penado. Toda esa violencia e invisibilización, el tiempo de silencio, la negación, hace que hoy esas personas mantengan costumbres y formas de vivir que no son las que corresponden a su sangre y apellido

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-¿Qué problemáticas atraviesan las comunidades originarias en Córdoba?

-Hay de distintos tipos. Algunas son urgentes y particulares de acuerdo a la situación del territorio. En el caso de Pluma Blanca fue una situación muy urgente porque ese territorio estaba siendo avasallado y esa familia estaba totalmente indefensa ante matones y gente que tiene poder, no sólo político, sino económico e intereses sobre la tierra para su negocio inmobiliario y la explotación de las canteras. Eso se replica en casi todos los territorios, problemas con las canteras y las minerías. En San Esteban no, pero sí en San Marcos Sierras que también es nuestro territorio, porque ahí están nuestros lugares sagrados. Ante esto, el Estado hace la vista gorda, dice no entender, no saber de leyes. Nosotros tenemos que llevarle las leyes cuando ellos tienen que interesarse y ocuparse de saber eso que ellos mismos firman. Es una presión constante y somos nosotros quienes les decimos cómo tienen que hacer las cosas. En nuestro territorio tuvimos un juicio que perdimos hace varios años. Vino una persona con un título de propiedad falso, pero ante el juez pesaron más esos papeles que los vestigios y pruebas que se habían presentado. El relevamiento territorial que había hecho el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas nos reconocía como comunidad, pero no reconocía el territorio, entonces queda indefenso, a la buena de Dios y a merced de cualquier persona que venga a hacer este tipo de acciones, por ejemplo, tomar propiedad sobre una reserva prehispánica, como es este territorio. Al lado tenemos un privado que tiene un emprendimiento avícola que quiere seguir ampliando, destruyendo monte nativo, con árboles de más de 100 años. Los ha volteado en lugares donde hay vestigios, donde hay morteros, donde hay casas. Es un sitio arqueológico, un lugar sagrado, de memoria.

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-Las mujeres y disidencias tienen un lugar protagónico en las comunidades y las luchas. ¿Cuál es su rol hoy y cuál ha sido históricamente?

-Es muy importante el rol de las mujeres y las disidencias en las comunidades porque son las que vienen a enseñar y mostrar una nueva forma de hacer las cosas. Antiguamente las comunidades eran matriarcales, la voz de la mujer hoy no vale. Hay mucho a deconstruir y descolonizar, es un proceso que se van dando las comunidades, algunas están empezando a abordar esos temas y son las mujeres las que tienen un rol importante sobre ese punto, las que abren un poco el juego a los hombres que a veces mantienen el pensamiento de una visión colonizadora en esto. La disidencia es un tema delicado dentro de las comunidades. Si bien algunos dicen que sí las reconocen, en el cotidiano no sucede. En mi comunidad no tengo ese problema, soy mujer transgénero y soy autoridad comunitaria, tenemos otro tipo de visión más relacionada a la teoría de los dos espíritus, que viene de los hermanos de Norteamérica, que reconocen que una persona puede tener más de un espíritu dentro de su cuerpo. La persona no es solamente un cuerpo y una mente, hay un espíritu habitando ese cuerpo y está en nosotros descubrir quién es ese o esos espíritus. Antiguamente la homosexualidad no estaba vista como se la ve hoy desde la visión católica y represora. Por la colonización las comunidades adoptaron esa mirada, pero en las comunidades hay disidencias, hay mujeres que son lesbianas, mujeres que son trans, hay chicos trans y hombres que son gays. No es algo traído por el hombre blanco, existíamos de antes, teníamos un rol espiritual, no sé si de autoridad, en algunos casos sí, pero en otros eran personas sabias que daban consejos a las comunidades y no éramos solamente, como a veces nos quieren hacer creer, prostitutas de los otros indios. Éramos algo más allá de un cuerpo y un objeto de deseo de un hombre.

Antiguamente la homosexualidad no estaba vista como se la ve hoy desde la visión católica y represora. Por la colonización las comunidades adoptaron esa mirada, pero en las comunidades hay disidencias, hay mujeres que son lesbianas, mujeres que son trans, hay chicos trans y hombres que son gays Antiguamente la homosexualidad no estaba vista como se la ve hoy desde la visión católica y represora. Por la colonización las comunidades adoptaron esa mirada, pero en las comunidades hay disidencias, hay mujeres que son lesbianas, mujeres que son trans, hay chicos trans y hombres que son gays

-¿Qué debemos recordar este primero de agosto?

-Que la madre tierra es parte nuestra, como si fuese nuestro cuerpo, que debemos cuidar. Somos un organismo vivo más dentro de este gran ecosistema que es el planeta del que formamos parte. Deberíamos hacer lo contrario a lo que estamos haciendo: preservar la vida, el agua, la fauna, los frutos, los cultivos y entender que todo tiene espíritu. Se trata de entrar en ese orden, por eso decimos: “Nosotros no somos los dueños de la tierra, somos parte de la tierra”.

Pluma blanca resiste

La justicia frenó el desalojo

El jueves 21 de julio se llevó a cabo una audiencia pública en Jesús María que logró convencer al juez Luis Belitzky de suspender la orden de desalojo a la comunidad Pluma Blanca, de Candonga, que se presumía “inminente”. La tierra ancestral de la comunidad se encuentra en litigio desde hace años, disputada por Luis Ernesto Remonda, con intereses inmobiliarios y vínculos mineros en la zona.

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