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Falleció la periodista y locutora Magdalena Ruiz Guiñazú

Tenía 87 años. Fue una figura de la radio argentina y participó de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que en 1984 se encargó de recibir y recopilar las denuncias por las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura cívico militar.

La periodista, locutora y escritora Magdalena Ruiz Guiñazú, figura de la radio argentina y partícipe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que en 1984 se encargó de recibir y recopilar las denuncias por las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura cívico militar, falleció hoy a los 87 año, confirmaron las redes de Radio Mitre, donde desarrolló gran parte de su actividad profesional en el éter en las últimas décadas.

“La periodista y pionera de la radio argentina falleció a los 87 años de edad. Condujo durante casi 20 años el programa Magdalena Tempranísimo en Radio Mitre”, posteó la cuenta de Twitter de la radio, donde los últimos años conducía los sábados "Magdalena y la noticia deseada".

https://twitter.com/radiomitre/status/1567190824475131904

“En los últimos días Magdalena no estaba bien. Pero ella tenía una fortaleza enorme, y había sorteado momentos difíciles”, dijo Marcelo Bonelli en El Trece, y mostró todo su penar: “Arranqué en la radio con ella. Era una persona con mucho humor, mucha clase y compañerismo”. Pese a todo, la periodista se encontraba en actividad. “El sábado pasado no trabajó, pero todos los anteriores sí -agregó Bonelli-. La pandemia la golpeó mucho, porque ella tenía una gran vida social. Pero se sobrepuso, y estaba todos los sábados en la radio (Mitre): cuando terminaba mi programa, arrancaba ella. Mantuvo su pasión por el periodismo hasta el último minuto”.

En junio del año 1979 visitó, junto al Papa Juan Pablo II, Auschwitz, el campo de concentración donde fueron asesinadas más de 4.000.000 de personas. “Era como estar en una película. Fue el viaje más importante de mi vida, cruzamos la muralla de hierro, iba a bordo del avión con el Papa, con Wojtyla, que venía de un campo de prisioneros”, contó años después.

Hasta el campo de concentración llegaron en tren y el clima contrastaba “con el horror que íbamos a ver”. No se imaginaba, relató, que la primavera era tan bella y tan llena de flores en Polonia. Después de bajarse del tren, caminaron 5 o 6 kilómetros. “Nos impresionaron los sobrevivientes, que deben haber sido niños en Auschwitz porque llevaban sobre los hombros el saquito a rayas en talle pequeño”, contó, y describió la misa de Juan Pablo II, austera y sobre un altar rústico con una corona de espinas como único adorno. Una experiencia bisagra para su vida.

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