Deportes |

"No me considero el salvador de Belgrano"

Dos décadas atrás evitó la desaparición del club de Alberdi y un año más tarde se marchó en silencio porque un pacto de confidencialidad le impedía hablar sobre los motivos de su salida. Llevó a un jugador de Boca a River, fue socio de Andrés Fassi, fundó la liga de fútbol amateur más importante de la ciudad yalquiló su casa a la Embajada de Estados Unidos.

Por Hugo Caric

Norberto Castaños se reconoce como “hincha de Belgrano de toda la vida”.Cuenta que en su juventud los partidos en el Gigante de Alberdi eran una cita impostergable para él y sus hermanos Luis Felipe, Enrique y Gustavo: “Vivíamos en la Quinta Santa Ana y nos íbamos caminando hasta la cancha. Me acuerdo que teníamos las butacas 1, 2, 3 y 4 de la Platea Celeste”.De aquellos tiempos enumera a algunas figuras históricas del club de sus amores: “Jugaban Mameli, Suárez, Tocalli, Coletti, Garay y ‘la Chiva’ Altamirano”. Con el mismo cariño, el empresario al que sus amigos apodaban “el Rata” recuerda los años en los que le tocó manejar los destinos del Pirata, continuando el legado de su tío Oscar Orgaz, uno de los integrantes de la primera comisión directiva de la institución.

Castaños fue el primer gerenciador que tuvo Belgranoluego de la quiebra del 18 de setiembre de 2001. El socio mayoritario de la original ‘Córdoba Celeste’, que repartía sus acciones entre él (50%) y otros seisinversores: Carlos Bustos, Pablo Reyna, Marcelo Oliva, Fernando Cáceres y los hermanos Luis y Alejandro Manzanares (50%). El grupoinició su gestión el 20 de junio de 2002, tras haber quedado como único oferente por la deserción del otro interesado que había adquirido el pliego de bases y condiciones, Armando Pérez. Castaños dejaría la sociedad un año más tarde, por desavenencias con los Manzanares. “No son personas de mi agrado”, enfatiza.

“Fue una etapa muy linda de mi vida, que recuerdo con mucho cariño. Hoy estoy alejado del fútbol, disfrutando de mi esposa, mis seis hijos y mis nueve nietos. aunque no me pierdo ninguno de los partidos que juega Belgrano. Lo veo bien al equipo, somos grandes candidatos”, cuenta Castaños desde la ciudad bonaerense de Pilar, su lugar de residencia.

Hombre de fútbol

Castaños lleva más de cuatro décadas viviendo en Buenos Aires. “Me fui en enero de 1980. Me contrataron como contador de una empresa e iba a ir por un año,pero me quedé para siempre”, refiere. “Entonces, los sábados veía a Belgrano y los domingos a River”, apunta sobre su relación con el fútbol, que ya tenía otro capítulo en la Unión Cordobesa de Fútbol Amateur (UCFA). “Fui uno de los socios fundadores. Integraba un equipo que se llamaba ‘Cerveceros’ y jugábamos con unas camisetas celestes que nos prestaba ‘la Juana’ Oscar Díaz, el utilero de Belgrano”, rememora.

Cuenta que en esos torneos tuvo como rival al actual presidente de Talleres Andrés Fassi. “Él jugaba para otro cuadro, que se llamaba ‘Gradientes’. Nos hicimos muy amigos con su familia. Es una persona muy capaz, que ha logrado sacar adelante a Talleres”, refiere sobre el mandamás albiazul, con quien también compartió la propiedad de un complejo de fútbol en territorio porteño. Fue en esas canchas donde acordó el pase del mediocampista cordobés José Luis Villarreal de Boca a River, en 1995: “Allí cerramos el trato con el presidente Alfredo Dávicce y otros directivos, tomando café de la maquinita. Antes me había reunido con Daniel Passarella, que era el técnico de River, en su casa de San Isidro”.

Villarreal fue el primer y único futbolista que Castaños representó. “Le compré el pase cuando estaba en Boca y lo llevé a préstamo al Atlético de Madrid. Allá tuvo muchos problemas con el presidente Jesús Gil y Gil, un ‘loco de la guerra’ que hablaba con su caballo, que se llamaba ‘Imperioso’, para pedirle consejos sobre cómo manejar al club”, comenta. “Cuando quisimos volver a Boca, Carlos Heller, que era el vicepresidentepero manejaba todo, nos dijo que ‘Villita’ fuera a entrenarse con los juveniles, porque acababan de comprar a (Alejandro) Mancuso. ‘Si lo ponemos con la primera, la gente va a pedir que juegue el tuyo y yo quiero que juegue el mío’, me dijo. Y entonces me lo llevé a la contra”, añade el empresario. “Al final de su carrera lo convencí de que volviera a Belgrano y anduvo bárbaro”, apunta sobre el exfutbolista del seleccionado argentino.

En la vereda del frente

A pesar de estar radicado a 700 kilómetros del barrio Alberdi, Castaños siempre estuvo cerca de Belgrano. A tal punto que, en sus primeros tiempos en Buenos Aires, solía invitar a jugadores, cuerpo técnico y dirigentes del Pirata a comer choripanes en una mansión de Vicente López que fue su residencia y donde tiempo después funcionó la sede de la Embajada de Estados Unidos. La localía se invertía cuando él andaba de viaje por Córdoba y se arrimaba a presenciar algún entrenamiento de la “B”, en los que enseguida se armaba el asado. Por entonces, nadie podría imaginar que Dimecor SA, una empresa de su propiedad, terminaría manejando el fútbol juvenil de Talleres a fines de la década del ‘90. “Fue por mi relación con Mario Ballarino, que en ese momento era el coordinador de las divisiones inferiores”, explica.

“En Talleres hicimos un buen trabajo, pero (Carlos) Dossetti no tenía límites”, señala en alusión al entonces presidente de la “T”. “Por convenio, yo tenía el 30% del pase de todos los futbolistas juveniles, incluido Javier Pastore, pero nunca respetaron nada”, añade. “Después terminaron pidiéndome dinero prestado, porque la situación del club era incontrolable, y me negué. Y al final me salieron con que tenía que asociarme con un tal Joan Patsy, que supuestamente tenía vínculos con Johan Cruyff y que terminó resultando un charlatán, un versero total”, puntualiza.

“Dossetti estaba enloquecido con ese Patsy, convencido de que el tipo era Pep Guardiola y que por hablar en catalán le iba a llevar a todos los jugadores a Europa. Ahí dije ‘vendo y me voy’. Con mi abogado, que era Carlos Granero, hicimos documentar toda la deuda, aunque después una parte cayó en la quiebra y pude salvarla gracias a una gestión que hizo Fassi”, concluye. Granero terminaría siendo el primer gerenciador de la post-quiebra de Talleres, entre 2005 y 2008.

Córdoba Celeste

El 22 de mayo de 2002 no es una fecha cualquiera en la historia de Belgrano. Ese día vencía el término para que los postulantes al gerenciamiento deportivo del club de Alberdi oficializaran sus propuestas en el Juzgado de Séptima Nominación en lo Civil y Comercial de Córdoba. “Ya me avisaron que Armando Pérez no va a venir. Si no me presento, desaparecemos”, le dijo Castaños a su hijo Matías en una charla telefónica. Faltaban 15 minutos para el cierre del plazo. Cortó la llamada y presentó su propuesta en Tribunales. Sin oferentes a la vista, la Ley de Salvataje de Entidades Deportivas no tendría otro camino que el cierre del club.“No pasa nada. Doy gracias a Diospor haber podido estar en ese momento. De ninguna manera me considero el salvador de Belgrano”, afirma Castaños.

“El comienzo de la gestión fue complicado, porque nadie quería jugar en Belgrano. El club era mala palabra, hasta que empezamos a poner las cosas en orden”, detalla el empresario.De aquellos tiempos de ‘Córdoba Celeste’ recuerda como uno de los momentos más especiales cuando logró repatriar a Luis Fabián Artime desde el Melgar de Arequipa. “Conmigo ‘el Luifa’ siempre fue un tipo excelente. Un divino. En Perú era ídolo y le pagaban mucho más de lo que podíamos ofrecerle nosotros, pero igual se vino a terminar su carrera con la camiseta celeste”, destaca.

“Hoy Artime es el presidente de Belgrano y su gestión me parece brillante. Es una persona que lleva puestos los colores del club, que ha aprendido mucho y que se ha rodeado de buena gente. Me invitó un montón de veces a la cancha, pero todavía no pude ir”, agrega.

De su alejamiento de Belgrano, en 2003, cuenta por primera vez cuáles fueron los motivos: “La relación con algunos de los socios no era buena. Faltaba lo que se conoce como affectio societatis, y entonces planteé que cada una de las partes presentara en una escribanía una oferta a sobre cerrado por el 50% de las acciones. No quisieron y fue ahí cuando se acentuaron los problemas. Ellos se llevaron los libros del club y hasta presentaron un acta trucha en Inspección de Personas Jurídicas, y como se veían venir una demanda finalmente arreglamos y me compraron la parte”. “No salí a hablar en el momento porque el acuerdo se firmó con un pacto de confidencialidad que, por el término de 10años, me impedía dar a conocer los motivos de mi salida de la sociedad”, explica Castaños.

“Manejar un club hoy te lleva mucho tiempo y no es una tarea sencilla. Pero si se dieran las mismas circunstancias que en 2002, no lo pensaría dos veces, aunque posiblemente me terminen echando de mi casa (risas). La verdad es que fue una gran experiencia y me siento orgulloso de haber podido ayudar a Belgrano en un momento tan complicado”, concluye.

Dejá tu comentario