De Nora no se habla

El estruendoso silencio de la feria judicial

Por Hernán Vaca Narvaja / @HVacaNarvaja

Lo anticipó el diario Puntal de Río Cuarto en su edición del miércoles 22 de junio: el veredicto del juicio contra Marcelo Macarrón se escribiría con v de vacaciones. Y así fue. Tras la renuncia conjunta del fiscal y el abogado defensor a más de 160 testigos y sin más documentación para incorporar por lectura al debate, el juicio agonizaba. Entonces el tribunal presidido por Daniel Vaudagna dispuso un largo cuarto intermedio de una semana. La cita final sería el martes 5 de julio: si el fiscal acusaba el martes y el abogado defensor alegaba el miércoles, posiblemente el jueves se conociera el fallo del jurado popular, que debería deliberar para establecerla inocencia o culpabilidad de Marcelo Macarrón, único imputado en una causa prescripta por el paso del tiempo.

La fecha era oportuna para que los responsables de una previsible sentencia absolutoria se refugiaran en el silencio y no tuvieran que dar explicaciones de lo que presumían sería un fallo favorable al imputado, ya que durante casi cuatro meses de debate no se incorporó ninguna prueba que apuntalara la acusación y tampoco se la cambió. Pero la decisión del fiscal Julio Rivero de no acusar al imputado transformó la apatía en bronca, la decepción en indignación, la sorpresa en indignación. Y estallaron las redes sociales, que eligieron como blanco predilecto de sus críticas al fiscal de Cámara Julio Rivero, devenido en inesperado y férreo defensor del imputado y su familia. A tal punto que el verborrágico Marcelo Brito archivó el alegato que tenía preparado y -salvo sus previsibles críticas al periodismo- se limitó a acompañar la novedosa (¿?) hipótesis del fiscal: a Nora Dalmasso la mató otro amante. Que no fue su marido -que estaba en Punta del Este-, ni su amante confeso Guillermo Albarracín -idem-, ni su amante incomprobado Miguel Rohrer, cuyo ADN no coincide con el hallado en la escena del crimen.

Fue tal la sorpresa (¿?) de Brito, el imputado y sus hijos, que el abogado de Macarrón archivó su propia teoría sobre el homicidio. Que, paradójicamente, es compatible con la hipótesis del sicario. Para no contradecir al fiscal que acababa de pedir la absolución de su cliente, Brito eligió el “juicio de afuera” para referirle su hipótesis a la periodista María Esther Romero, de diario Perfil: “La dominaron, la violaron y la mataron. Esa es mi hipótesis: un homicidio posterior a un acto sexual no consentido”, dijo Brito, categórico. Uno de los peritos que convocó cuando defendía a Facundo Macarrón, Raúl Torre, ratificó su idea: “Nora fue atacada por un depredador sexual que la golpeó, violó y estranguló”, le dijo la misma semana al escriba Rodolfo Palacios, de Infobae. Y exaltó la tarea de Ricardo Cacciaguerra, “un prestigioso forense de Córdoba que coincidió con (Osvaldo) Raffo y conmigo: fue una violación”. El “prestigioso” Cacciaguerra declaró en el juicio, a pedido de Brito, pero quedó casi en ridículo cuando describió el “nudo de campo” que le hicieron a Nora para estrangularla, que otro forense -Martín Subirachs- ilustró como un simple nudo doble, muy ajustado, que desanudó con sus propias manos enguantadas cuando examinó la escena del crimen.

“Si hubo sexo consentido, no hay sicario”, dijo en cambio Rivero para justificar que no acusaría a Macarrón. Su actuación en este juicio quedó en el centro de las sospechas y el pesado silencio que se impuso de la mano de la feria judicial debería ser sólo un impasse de lo que sucederá apenas se retome la actividad en tribunales. Porque semejante bochorno institucional no resiste un cono de silencio, por más hermético que sea. MI Córdoba gestionó entrevistas tanto con el fiscal General de la Provincia, Juan Manuel Delgado, como con el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), Sebastián López Peña. Los voceros de ambos justificaron su negativa a atender a este medio en el (oportuno) inicio de la feria judicial. Pero la feria dura un par de semanas y el 5 de agosto el tribunal deberá hacer públicos los fundamentos del fallo absolutorio a Macarrón. Allí se podrá dilucidar por qué se declaró a Nora Dalmasso “víctima de violencia de género” si a casi 16 años de su cobarde homicidio el Poder Judicial de Córdoba no pudo determinar ni quién la mató ni por qué. También deberán explicar cómo harán para que el fiscal Pablo Jávega disponga de los recursos y la energía necesaria que tuvieron sus pares -incluido Rivero, a quien según trascendió le iniciarían un sumario en la Fiscalía General de la Provincia- para llegar a la verdad histórica de lo sucedido, a sabiendas de que la causa está irremediablemente prescripta y no se puede perseguir ni castigar a nadie.

Parafraseando la poco feliz evocación que Rivero hizo en su alegato sobre el histórico reclamo de los organismos de Derechos Humanos en el país, acá no hubo ni juicio ni castigo a los culpables: el juicio fue una parodia y el castigo nunca llegó.

Que no haya olvido dependerá en buena medida de la respuesta institucional que se dé a la sociedad, indignada ante el mayor bochorno judicial que se recuerde en la historia reciente de la provincia.

Eso sí, habrá que esperar que termine la feria. Hasta entonces, de Nora no se habla.

Dejá tu comentario