Las locas aventuras de Guillermo Patricio (parte 4, final)

Siempre fiel al liderazgo de Perón, férreo y ortodoxo defensor de la doctrina, Guillermo Patricio Kelly vio trastabillar toda su historia política cuando ingresó al movimiento un ignoto ex cabo de policía que se convertiría en la mano derecha del General.José López Rega, el enemigo íntimo y jurado de Guillermo Patricio.

Por Juan Cruz Taborda Varela

Cuando finalizaba la década del ‘60, el peronismo sumó a sus filas un hombre de baja estatura y pequeño porte que había nacido predestinado: un 17 de octubre. Y como buen peronista (movimiento que se había caracterizado por su condición de parricida / matricida simbólica, en cuanto el asesinato ideológico de sus padres y madres conservadores), él, José López, también era un matricida, pero no simbólico. Cuando José López fue parido al mundo ese 17 de octubre, su joven madre murió en el propio parto. López, el hombrecito sumado al peronismo en aquellos años, pronto sumó su segundo apellido. No tuvo por fin honrar a su madre muerta ni mucho menos identificarse con el doble apellido de las clases acomodadas. José López Rega comenzó a llamarse así para intentar dejar de ser una persona a la que nadie tenía en cuenta, para dejar de pasar desapercibido por su ignota presencia y su nombre tan común: no era lo mismo llamarse José López que José López Rega.

Kelly, siempre al servicio de lo que determinara Perón en el exilio, comenzó a advertir el influjo sobre el líder que estaba teniendo quien se hacía llamar ‘el Brujo’. Los asuntos paranormales no eran de la simpatía de Guillermo Patricio, quien supo que el periodista y conductor televisivo Raúl Portal llamaba al secretario personal de Perón desde radio El Mundo para preguntarle con qué color de ropa salir ese día a la calle para estar en armonía con los astros.

Kelly, pese a ser un emblema de la derecha peronista, era un hombre racional. Y mandó a Jorge Cesarky, una de sus hombres de confianza, a decirle a la prensa española en Madrid, allá por 1971, que López Rega incurría en prácticas mágicas y esotéricas y que tenía secuestrado a Perón. Se anticipó tres años a la teoría del cerco que después esgrimiría la izquierda peronista.

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Desde entonces, Kelly se convirtió en el enemigo íntimo de López Rega. Ni uno ni otro disimulaban el enfrentamiento. Con el retorno y triunfo de Perón, López Rega aisló a quien pudiera ponerlo en riesgo y Guillermo Patricio perdió todo protagonismo. Pocos años después, ya muerto Perón, quien fuera ministro de Bienestar Social debió renunciar e Isabel lo mandó a España como embajador plenipotenciario. Aquí el Poder Judicial exigía su presencia por malversación de caudales públicos. Apenas aterrizado en Barajas, Kelly se apareció en el aeropuerto y comenzó a gritarle:

- ¡Delincuente, dejá de esconderte y andá a dar la cara a la justicia Argentina!

Los custodios del ahora embajador lo protegieron y evitaron que se fueran a las manos. Igual, López Rega respondió:

- Viniste a matarme, todos los militares me quieren matar. Voy a volver y no voy a tener piedad. Y vos vas a ser el primero. No se va a salvar nadie. ¡La sinarquía me las va a pagar!

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Kelly, informante de los servicios de inteligencia y de los medios, pese a su habilidad para diferenciar entre lo real y lo falso, cayó en una trampa. Del gobierno español le llegó la información que López Rega había muerto de un síncope. Guillermo Patricio lo creyó, lo distribuyó y se publicó. López Rega leyó la noticia aliviado: le daba más tiempo para esconderse en función de la persecución que ya se iniciaba.

Este enfrentamiento visceral explica lo sucedido en agosto de 1983, cuando Aníbal Gordon, iniciado en la Alianza Libertadora Nacionalista y después jefe de la Triple A -siempre asesino a sueldo-, secuestró a Kelly y lo torturó por orden de Reynaldo Bignone. De aquella banda de secuestradores inspirados en los ideales de López Rega formaba parte Roberto Rico, el hermano del golpista Aldo. Roberto, a diferencia de su hermano, camuflado en democracia, fue asesinado por sus compañeros de armas.

Con el retorno de la democracia y López Rega oculto en distintas partes del mundo, Kelly se encargó personalmente de perseguirlo y hostigarlo. En mayo de 1986, López Rega fue encontrado y enjuiciado, inicialmente, en Miami. Hacía unos años que las acusaciones por los crímenes cometidos por la Triple A habían quedado desestimadas y se lo había liberado de esa culpa por orden del fiscal Julio Cesar Strassera. Y en función de un testimonio puntual: el de Ricardo Balbín. No obstante, con el Estado de Derecho en lenta recuperación, aquellos delitos volvieron a tomar actualidad.

A la hora del proceso de extradición en Miami, Argentina mandó tres fiscales por las diferentes causas que pesaban sobre el ex secretario de Perón. El fiscal encargado de investigar los crímenes de la Triple A era un antiguo militante de la Federación Juvenil Comunista y futuro jefe de gobierno de Buenos Aires: Aníbal Ibarra. En medio de la convulsión que suponía el juicio a un criminal argentino en tierras estadounidenses, apareció Guillermo Patricio, que dijo que se presentaría como querellante en la causa en calidad de testigo secreto. ¿Sus avales? La Embajada de EEUU y Jeff Bush, futuro gobernador de Florida, con quien Kelly se había juntado el día anterior y a quien le había entregado una foto de López Rega con Khadafi:

- Mirá con quien se junta.

Bush no dudó en apoyarlo.

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El 21 de mayo de 1986 Kelly se presentó en los tribunales pese a no estar autorizado. Llegó con una remera con la cara estampada de López Rega, pero con una pequeña intervención: los bigotes al estilo Hitler sobre el rostro del hombre ahora detenido. Y no fue solo: como no podían ingresar fotógrafos, llevó un pintor para que retratara el momento.

El defensor de López Rega, provocado por Kelly, defendió del peor modo a su patrocinado:

- A Hitler lo acusaron de infinidad de hechos criminales, de haber matado y torturado. Pero nunca se le vio un arma en la cintura. Lo mismo pasa con mi defendido.

Al cierre de la jornada, la novia de López Rega intentó robar el cuadro pintado por el pintor que había llevado Kelly. A partir de esto comenzó una pelea entre ella y él, que logró conservar la obra, pero también un moretón en el tobillo. La obra se publicó en la revista Gente.

Finalmente se lograría el cometido: López Rega fue extraditado a la Argentina. Viajó en un avión comercial que empañó el aire festivo imperante en la nave: argentinos y argentinas que volvían al país desde México, después de haber visto a D10S en persona y consagrase campeones del mundo.

Tras esto, Kelly se instalaría en Argentina definitivamente y se convertiría en un periodista que fluctuaba entre lo ácido y lo sagaz, capaz de ventilar cualquier secreto. Lejos de las cárceles, las persecuciones y la militancia peronista, Guillermo Patricio terminó sus días siendo un personaje simpático y querible de la singular televisión argentina de los ‘90.

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