Por Juan Cruz Taborda Varela
Luis Agustín Carnevale: Escondan al senador
Muy cercano a Eva y delegado cordobés de Perón. Con el fin de la proscripción se convirtió en senador nacional por Córdoba en representación del peronismo, sin olvidar su pasado comunista. Fue una de las primeras víctimas del Terrorismo de Estado. Pero nadie, en esta provincia, se acuerda de Luis Agustín Carnevale. Incluso algunos intentan ocultarlo.
El nombre de Luis Agustín Carnevale no bautiza nada en Córdoba: ni un pasaje, ni un jardín de infantes, muchos menos una unidad básica. Por alguna extraña razón hemos preferido olvidar al hombre que como candidato a senador en las elecciones de 1973 resultó el más votado de la provincia. Por alguna extraña razón hemos preferido olvidar al senador nacional por Córdoba que a los 20 días de iniciada la última dictadura, el Terrorismo de Estado asesinó a sangre fría. Por alguna extraña razón en Córdoba siempre preferimos olvidar.
Luis Agustín Carnevale formó parte de una boleta histórica no sólo para el Partido Justicialista, sino también para nuestro país. Porque en aquellas elecciones del 11 de marzo de 1973 lo que volvía no era sólo el peronismo, sino, fundamentalmente, la plena democracia, clausurada desde 1955.
Carnevale, primer candidato a senador por Córdoba, acompañaba a Cámpora y a Obregón Cano en aquel voto que se transformaría en amplio ganador: una boleta realmente histórica y con un destino breve y, lo sabemos, también trágico. Junto a Carnevale llegaban al senado José Antonio Allende, un viejo conservador cordobés aliado al peronismo y una joven promesa del radicalismo, que ocupaba su banca por la minoría: Eduardo César Angeloz.
El propio Angeloz supo relatar la amistad entablada con su par peronista Carnevale, con quien viajó a la vieja Yugoslavia. En el país hoy desaparecido, Carnevale se retrotrajo a sus años mozos y a su vieja militancia comunista: estar cerca del Mariscal Tito fue, para el senador cordobés, tocar el cielo con las manos.
Del comunismo argentino Carnevale había sido expulsado en 1945 cuando, a sus poco más de 30 años, criticó la alianza del partido pro soviético con la conservadora Unión Democrática: pequeña contradicción de los camaradas. Ese pasado que lo anclaba a su juventud primera derivó en su militancia en la inicial generación peronista.
En Alta Gracia primero y en José de la Quintana después, Carnevale abrazó los ideales de Eva y abrazó también a Eva, con quien tenía una cercanía estrecha. Ese vínculo le permitió al futuro senador convertirse en el fundador de la Escuela Libre de Alta Gracia y también de la Escuela de Minería de José de la Quintana: Carnevale fue el Sarmiento del pago chico de Paravachasca.
Hombre cercano a la actividad minera, las penurias insalubres que atravesaban los trabajadores del gremio lo llevó a tener una especial sensibilidad en el tema. Una escuela para formarlos era el primer paso hacia la dignidad.
Más tarde y al mismo pueblo llegarían el agua potable y el dispensario, gestiones del mismo Carnevale, que antes de ser senador por Córdoba fue director del Banco Industrial de la República Argentina durante el primer peronismo. Vendría después el golpe del ‘55, la resistencia y su rol como engranaje fundamental en la creación de la CGT de los Argentinos que conducía Raymundo Ongaro, central de trabajadores que combatió a la dictadura de Onganía y a la ortodoxia de Augusto Timoteo Vandor.
En paralelo, a mediados de los ‘60, Carnevale se convirtió en el delegado personal de Perón en la provincia de Córdoba. Su responsabilidad política lo ubicó de lleno en la revuelta planificada que hoy recordamos como el Cordobazo.
Cuatro años después llegaría el momento de la recompensa: retorno de la democracia, fin de la proscripción, senador nacional por Córdoba y la satisfacción de sentir que los viejos anhelos finalmente se cumplían. Pero sabemos que esa primavera duró poco. Y con el fin de ella, llegó también, de modo violento, el fin del senador nacional por Córdoba Luis Agustín Carnevale.
*
Poco antes de 2010, a partir de la iniciativa del Ministerio de Educación de la Provincia, se buscó que la histórica escuela de Minería de José de la Quintaba, actual IPET 265, que el propio Carnevale había fundado, llevara su nombre, el nombre del hombre que después de haberla fundado se había convertido en mártir por su compromiso y militancia. El hombre que había construido su propia casa al lado de la escuela: las aulas eran una extensión de su cuerpo. Pese a la legítima iniciativa, los directivos del Ipet rechazaron la resolución y el expediente fue pasando de cajón en cajón con un fin tan propio de otras épocas: hacerlo desaparecer. Carnevale pudo tener su homenaje. La desmemoria y la ingratitud lo impidieron.
Jorge Giménez fue director del IPET 265 desde diciembre de 2017 a diciembre de 2020, momento en que se jubiló. “A fines de mi último mes como director encontré, cajoneado en la escuela, medio escondido, un expediente de hacía más de 10 años, un trámite caratulado ‘imposición de nombre al IPET 265 de José de la Quintana’. A pesar de que hacía muchos años que estaba allí igual lo remití a la Inspección de Escuelas Técnicas que correspondía y que funciona en el Nacional de Alta Gracia (ENSAG). En dicho expediente obra una resolución ministerial (sin número) del ministro Walter Grahovac imponiendo el nombre del senador Luis Carnevale al IPET 265. Luego sobrevino la pandemia, yo me jubilé y la verdad es que no sé en dónde está el expediente”, cuenta Giménez. Sin datos precisos de quiénes habían operado el ocultamiento del expediente, el ex director plantea la presencia, la presión y la voluntad de personas que disentían con nombrar a la escuela con el nombre de una víctima del Terrorismo de Estado.
El nombre de Carnevale formó parte de la primera lista publicada por la Triple A. En ella se enumeraban los hombres que debían ser ejecutados de modo inmediato. Junto al senador cordobés estaban Tosco, Angelelli, Santucho, Ongaro y otros.
*
Su cercanía a Eva queda inmortalizada en las fotos que los muestran juntos, cercanos, sonrientes. Su cercanía al pueblo queda inmortalizada en aquel 16 de abril de 1976, día en que el senador nacional por Córdoba fue secuestrado y desaparecido. Sus restos aparecieron nuevamente en 1983, en una fosa común. Hoy descansa en su Pergamino natal. En su Córdoba adoptiva, mientras, seguimos optando, casi como una postal obsesiva, por el olvido.

