Por Anabella Antonelli
25 de julio: Día internacional de la mujer afrolatina, afrocaribeña y de la diáspora
Córdoba negra Nuestra provincia es tierra de tonalidades diversas, aunque insista en mirarse en el espejo blanco de los barcos y los apellidos europeos. El sonido de los tambores se escucha por lo bajo. Llama a reconocernos en otras historias de otros barcos que vinieron de otro continente. Nos muestra el tapiz multicolor que nos compone.
El color de la piel, los rasgos fisonómicos, el pelo crespo, su forma de caminar. A Luciana Loza, activista afro de Córdoba, siempre le dijeron que tenía “algo de africano”. “Mi padre, después de la presentación del libro ´Córdoba Morena´, reconoció que su abuela era negra, negra por afrodescendiente, no negra porque sí. Esa abuela se llamaba Rita Cabanillas, hija no reconocida de un tal Moyano, el patrón de su madre. Un relato frecuente en historias de afrodescendientes”, explica. El hallazgo le hizo comprender aspectos “que no sabía cómo explicar porque tengo un abuelo español y otro criollo. Pero en el criollaje hay una mezcla que la escuela no me enseñó. Entonces, cuando uní la mirada de los otros sobre mí con las fotos de mis antepasados, el resultado fue que soy afrodescendiente”.
Reconocer las identidades invisibilizadas tiene la potencia de sacudir el pasado y hacerlo hablar para re-armar el presente. “El autorreconocimiento es un chispazo. Ese momento en que dos cables que parecían desconectados se juntan, que demuestran ser parte de lo mismo”, dice Luciana.
El 25 de julio del año 1992, en República Dominicana, se realizó el primer encuentro de mujeres afroamericanas y afrocaribeñas con participantes de 32 países. Se estableció esta fecha como punto de partida para profundizar la lucha por los derechos y la visibilización de las mujeres afro en toda la región, destacando su contribución cultural, social, económica y política a las naciones.
“Las personas afrodescendientes de mi árbol genealógico sabían de dónde venían y quiénes eran, pero preferían ocultarse, pasar desapercibidos, callar y olvidar”, sigue Luciana. Según las Naciones Unidas, hay más de 200 millones de afrodescendientes en el continente americano y “se estima que más del 40% de les pobres de la región son afrodescendientes”, enfrentándose a formas estructurales de violencia racista, sobre todo, las mujeres.
La presencia africana en Córdoba comienza desde muy temprano. Apenas 15 años después de su fundación, en la ciudad comenzaron las ventas de esclavos africanos. Según registros de la época, las personas eran compradas en el puerto de Buenos Aires y se las traía a Córdoba para re-venderlas a Potosí, Chile y Lima. Además, la instalación de las órdenes religiosas, principales esclavistas de América, aumentó el número de personas africanas y afroamericanas en este territorio. El censo de 1778 señala que, en la provincia, las castas afromestizas conformaban el 48% de la población y, para 1832, la ciudad tenía un porcentaje del 51,95% de habitantes de origen africano.
Con la conformación del Estado nacional comenzó la desaparición simbólica de lo afro. Como parte de un plan de invisibilización y negación, se dejaron de dar referencias étnicas en los censos, se borró su existencia de los libros de historia y en la escuela solo aparecían en los actos patrios como un pasado extinto. Esa narrativa colonial es parte de la matriz de desigualdad y estigmatización del presente.
En Plaza San Martín, hace tres meses y por el impulso de la Mesa Afro Córdoba, existe un sitio de memoria que recuerda que el 27 de abril de 1588 fueron vendidos Pedro y Yomar, traídos de Angola, la fecha más antigua documentada de la presencia afro en Córdoba.
“Nuestra ciudad ha sido reconocida mundialmente por su acervo patrimonial, histórico cultural, sin aún reconocer que en cada ladrillo, teja, reja, adoquín, existió una mano de obra de origen africano esclavizado -explican desde la Mesa Afro Córdoba-. Pretendemos otorgar a la ciudad ese giro humano, objetivo y crítico del patrimonio (...) educando en los procesos históricos que contribuyeron a invisibilizar la raíz afro dentro de nuestro territorio”.
Mujeres afro
Claudia vino de Senegal hace apenas unos meses. Camina por la calle. Un policía la mira sospechando que algo puede hacer. Una vecina la ve con recelo, la cree una amenaza para su trabajo de empleada doméstica. Un hombre la observa con deseo, traduce la voluptuosidad de su cuerpo en disponibilidad sexual.
En Córdoba no sólo habitan personas que se reencuentran con sus raíces afro negadas, también los flujos migratorios, producto de la exclusión de cada vez más personas, tienen a las mujeres afros como protagonistas. Ellas lidian con el prejuicio xenófobo de ser peligrosas o una amenaza para las fuentes laborales, que suelen reducirse a trabajos relacionados con la servidumbre y muy por debajo de la canasta básica. La extranjerización se suma al racismo, el machismo, el sexismo y el clasismo.
Marcele Pereira, docente y académica brasilera, decía en el sexto encuentro de mujeres afro en Córdoba que las mujeres lidian, además, con estereotipos de belleza patriarcales y coloniales. Alisan los cabellos y ocultan las marcas identitarias de sus pueblos. “Tenemos otra estructura corporal, con más volumen, otra forma de caminar, otra energía que tiene que ver con las mujeres afrocaribeñas. Tenemos una forma de estar en el mundo que despierta en los hombres la creencia de que siempre estamos disponibles, que estamos hechas para la diversión”, explicó.
Las organizaciones y colectivos de afrodescendientes cumplen un rol fundamental. En Córdoba, cada 25 de julio, la Mesa Afro organiza el encuentro de Mujeres Afrodescendientes para visibilizar su presencia, problematizando y reivindicando el rol de la mujer negra en el entramado social. Este año se realizó el 22, 23 y 24 pasados, bajo el título “Hacedoras de memoria, desde la memoria a la interculturalidad”. Asistieron numerosas artistas, académicas y mujeres relacionadas a la cultura afro de Latinoamérica y el Caribe.
En la Argentina, la sistemática negación de la presencia afro desde el Estado y la invisibilización de las mujeres y sus problemáticas específicas agrava la situación. “No existen políticas que nos enmarquen. En Buenos Aires hay una Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación, pero atienden en Buenos Aires. Nunca hemos participado, es poco federalista. Entonces todas las asociaciones, movimientos, agrupaciones de afrodescendientes van creando espacios de debates y asumiendo luchas”, afirma Marcela Alarcón, integrante de la Mesa Afro.
El censo de este año genera gran expectativa. Los datos son fundamentales para el reconocimiento institucional de quienes construyeron el país y de quienes vinieron después, para generar políticas públicas para el sector. “Necesitamos establecer nuestra propia identidad y, desde allí, reconocer que tenemos derechos y ocupar lugares estratégicos para tener participación en proyectos de leyes, socio-económicos, culturales, históricos”, afirma Marcela.

