Por Guillermina Delupi
"La Policía debería saber tirar, pero antes debería aprender a respetar la vida"
El ex titular de Delitos Complejos del Ministerio de Seguridad de la Nación, Miguel Robles, asegura que el problema de la Policía de Córdoba es estructural y responde a un patrón cultural. Además señala que falta decisión política y asignación de recursos para encarar una reforma policial real. "Ya estamos en un contexto preelectoral y no va a haber cambios", asegura sobre la posible salida de Alfonso Mosquera del gabinete provincial.
La semana pasada Cadena 3 hizo público un informe que daba cuenta de que cuatro de cada diez policías de la provincia de Córdoba no sabe disparar, poniendo en evidencia la insuficiencia en la formación policial. Más allá de lo alarmante del dato, el especialista en criminología y antropólogo Miguel Robles, pone el acento en una cuestión cultural que se fomenta en el seno de la fuerza policial. Y plantea tres ejes sobre los que se debería trabajar para revertir la situación actual: la desmilitarización, un plan de entrenamiento y salarios dignos.
- ¿El reemplazo del comisario Julio Faría va a solucionar el problema de la Policía de Córdoba?
- No, pero la idea del cambio genera esta sensación de que, aparentemente, vamos a ir a algo un poco más estable. Eso es lo que de algún modo estaban esperando, un cambio. Incluso desde la misma Policía. No es sólo un juicio social: la misma policía estaba esperando esto. Por otro lado está la mochila que carga el ministro de Seguridad (Alfonso Mosquera). Yo no voy en contra suyo, porque el que estuvo antes y el que vendrá después serán iguales.
- ¿Qué pasa con la capacitación?
- El Gobierno instaló la idea de que a partir del hecho de Blas Correa en adelante, la capacitación sería otra cosa. Pero el relato que ha construido el Gobierno sobre el cambio que se ha hecho no existe. Porque la capacitación terminó siendo hacer gimnasia y aprender a tirar. Además, no se distingue entre lo que es la práctica enciclopédica de lo que es un trabajo a nivel cultural. Yo puedo tener a cargo una persona que es ingeniero o doctor en ciencias, pero eso no implica que esa persona no pueda ser racista, misógina o machista. Entonces cuando hablamos de capacitación, primero tenemos que preguntarnos qué significa, porque si quiere decir hacerlos hacer flexiones y darles más balas para que tiren más tiros, no estamos viendo el otro problema. Y justamente son esos patrones culturales, esas categorías, las que nos impiden ver; porque las categorías nos imponen cosas hacia el exterior y nosotros las tomamos como si fueran mandatos inamovibles. Si a Jonathan Romo lo encontraban civiles y lo llevaban al médico hubiera llegado con vida. O si se hubiera parado el auto en el que iba Blas Correa de otro modo que no fuese a los tiros, no hubiera pasado lo que pasó.
- ¿Hay una falla en los protocolos?
- Hay una cuestión cultural, un patrón cultural que vive dentro de la Policía, que tolera la indignación del otro ante un conflicto. Vos sabés que ante un conflicto la Policía te va a pegar, y si te tiene que pegar más también lo va a hacer. Puede parecer muy loco, pero es así. A ellos se les va la mano habitualmente con esto.
- ¿Tiene que ver con una suerte de empoderamiento de la Policía de Córdoba?
- Tiene una base que yo he trabajado mucho. He dedicado mi vida, a partir de un hecho de violencia institucional, a esto. Lo paradójico es que lo que yo registré en un momento de la historia no ha cambiado en nada. La democracia vino a cambiar muchas cosas, pero la cultura de que la Policía es dueña de tu cuerpo, no cambió. La cofradía sigue. Y reclaman que ahora no se puede trabajar porque todo es Derechos Humanos. No hay personas trans dentro de la Policía. Mi promoción no tuvo una sola mujer en sus filas y si las hubiera habido, no hubieran podido ser abanderadas nunca.
- Pero ahora hay mujeres policías y hasta una jefa de policía. ¿Eso es puro marketing?
- Sí. Es un marketing muy fuerte. Y eso se ve en el lenguaje. Lo que nosotros hablamos es lo que somos, cómo nos proyectamos. Yo cuestiono el término ‘primitivo’ en relación a la Policía porque no son brutos, lo que hay ahí es un sistema consolidado.
- ¿Funcional a qué?
- Al orden. La Policía genera un orden necesario. Cuando la Policía de Córdoba se amotinó, la ciudad se convirtió en un caos. La Policía está formada y tiene consciencia de sí y es muy complicado cambiar una estructura de 22.000 efectivos, que son muy eficientes y funcionales al sistema.
- ¿Es un problema de estructura?
- Sí, y no la van a tocar.
- ¿Dónde debería producirse el cambio?
- Todo cambio es una decisión política y una decisión de asignación de recursos. Pero no desde un partido, ni siquiera desde un partido de Gobierno. Para cambiar la Policía de Córdoba tiene que haber un consenso.
- ¿Qué debería hacer el Gobierno?
- Mosquera dijo que la Policía está muy capacitada y hasta minimizó lo de Faría. Básicamente no podemos cambiar un sistema si no hay un consenso fuerte. Creer que la Policía es débil es un error y la militarización es uno de los primeros pilares que hay que voltear. El Código de Procedimiento Penal de la Nación tiene raíces ideológicas que si no se cumplen, no funciona. Prevé un modelo basado en el sistema francés, que es no militarizado, es ultra profesionalizado y está bien pago. Las tres cosas que le faltan a la Policía de Córdoba. Hoy la Policía es un desprendimiento de las milicias. Quieren hacer gimnasia y aprender a tirar tiros, pero no tienen empatía.
- Hay un estudio que dice que cuatro de cada diez policías no saben disparar.
- Mirá, yo sé tirar, aunque ya no lo haga. Es decir que domino la técnica. Y es real que no tienen armamento, cartuchos. Pero para qué les vamos a dar más balas. Lo primero que hay que hacer es enseñarles la seguridad con el arma. Lo segundo, es que sepan para qué van a tirar. Es decir: antes de enseñarles a disparar hay que entrar en un entramado más denso que se llama cultura. Tenemos que tener armas, pero fijate que inteligentes son los modelos como Scotland Yard o los modelos europeos de Policía: casi no tienen armas, tienen autoridad.
- ¿Ese es el modelo que deberíamos seguir?
- Nosotros tenemos un modelo netamente americano. Deberíamos ir a un modelo de cambio, pero en todo el continente no imaginamos una policía que no sepa tirar. Ahí tenés la cultura social, el discurso de ‘No saben tirar’. Deberían saber tirar, pero antes deberían saber no matar. Deberían saber respetar la vida.
- ¿Esta crisis institucional tiene la suficiente envergadura como para producir una reforma?
- En América Latina no sale nada planificado, todo sale a partir de una crisis. Pero, ¿quién trabajaría las bases de esa reforma? Porque esas bases debieran ser completamente distintas. Ya están todos pensando en las elecciones, estamos en etapa pre electoral. Entonces, en este momento no pueden mover nada. No van a mover nada. Y no lo digo yo, ya lo dijo el ministro.
- ¿Sobre qué base debería asentarse una reforma real?
- Sobre la base de un consenso político, para lograr una reforma que se va a dar a través de los años, porque las cuestiones culturales no se cambian de un día para el otro. Hay que hacer cimientos fuertes y eso lleva un proceso de muchos años. Los ejes deberían ser: desmilitarización, un plan de entrenamiento que vaya más allá de hacer gimnasia y tirar, y un pago acorde a la dignidad que corresponde a trabajadores que tienen que hacer un trabajo muy difícil. Estas cosas no son negociables porque uno no puede pedir excelencia si no paga bien, si no escucha y si no forma”.

