Por Juan Cruz Taborda Varela
Las locas aventuras de Guillermo Patricio
Guillermo Patricio Kelly pasó a la posteridad -para la generación de los '90- como un periodista provocador pero con bajo rating. Ácido y cultor de un viejo estilo de televisión, el hombre convertido en analista político mostraba un rol que en el apogeo de su vida jamás tuvo. Acá hablaremos de ese apogeo y de sus locas aventuras.
Antes de volverse en ese hombre que intentaba analizar la política en un programa con poca audiencia y en un canal desbastado, Guillermo Patricio Kelly fue un destacadísimo militante político del primer peronismo. Un primer peronismo nutrido de distintas variables ideológicas que iban desde el gremialismo combativo al laborismo que pretendía ser inglés, pasando por sectores nacionalistas que se referenciaban en la Europa de Benito y de Adolfo, cuyos apellidos es mejor no recordar.
Justamente en esos espacios estuvo, inicialmente, Kelly: en la Alianza Libertadora Nacionalista, de claro perfil fascista. No obstante, él siempre se encargó de destacar que desde su lugar combatió el perfil antisemita que tenía su agrupación. Tras el golpe de 1955, Kelly fue uno de los primeros presos de la dictadura de entonces, que lo envió a la cárcel de Río Gallegos junto a otros notables del peronismo como John W. Cooke, el empresario Jorge Antonio y el futuro presidente Héctor Cámpora. Ese cuarteto de difícil unidad protagonizó una fuga inolvidable de la prisión: se escaparon sin tirar un solo tiro.
Fue en febrero de 1957, en una noche de carnaval. Kelly le pidió el guardiacárcel que trajera una botella de vino. Era carnaval, algo tenían que festejar. Cuando el uniformado estiró el brazo para pasar la botella entre las rejas, le pusieron una pistola en la cintura, le robaron las llaves y lograron la libertad.
Las armas las habían conseguido gracias al preso Jorge Antonio, que financió todo: la pólvora, los cómplices y el chofer que los esperaba para cruzar la Patagonia hacia Chile. Kelly, que era el que se encargaba de la logística, no pudo evitar su macartismo innato a la hora de fugarse:
- Nosotros nos vamos, pero los comunistas no.
Para evitar que el ala izquierda de los presos se plegara a ellos, les puso somníferos al té y los pobres integrantes del Partido Comunista se quedaron dormidos. Dos incluso estuvieron al borde de la muerte por la alta dosis aplicada por Guillermo Patricio.
*
Desde el exilio en Chile, mientras Perón seguía su deriva por distintos países de América Latina, Kelly reorganizó la Alianza Libertadora Nacionalista, que buscaba ponerle un freno a la izquierda peronista. También se encargó de militar desde lejos a través de cientos de cartas y panfletos que distribuía de modo clandestino, interfiriendo radios para emitir las directivas de Perón y comprando 37 ametralladoras en el mercado negro a 60 dólares cada una.
El propio Perón lo tuvo que reconocer en una carta que escribió desde su exilio:
“El trabajo de Kelly es excelente, él sabe bien cómo se hacen los líos y cómo se saca provecho de ellos. Hay que dejarlo hacer, es un elemento de inapreciable valor para estos casos y estoy seguro que será de ayuda extraordinaria en los momentos que, según mi opinión, se aproximan”.
*
Aprovechando el origen irlandés -tanto de él como de su compañero John William Cooke-, Kelly propuso lanzar, desde el otro lado de la cordillera, el Operativo Belfast para abrir paso a la insurrección popular. Perón, que lo apreciaba, también conocía las limitaciones que el militante tenía y en carta le advirtió a Cooke:
“Me parece muy bueno, pero hay que tener cuidado con Kelly, que es un gran muchacho pero necesita que de cuando en cuando le tiren un poco de la cola”.
Belfast fue un fracaso rotundo. Dos años después de iniciado su exilio, el ex presidente tuvo que reconocer que la insurrección para imponer su retorno no había logrado el fervor de las masas. Los panfletos que decían “La hora se acerca, Perón vuelve”, no habían servido para nada.
*
A raíz de la huida de la cárcel de Río Gallegos hacia Chile, la Corte Suprema de Argentina solicitó la extradición de todos los fugados. En Chile, por razones de viejas investiduras y protocolo, sólo aceptaron extraditar a Guillermo Patricio Kelly, que no había tenido funciones oficiales durante el peronismo, a diferencia de Antonio, Cámpora y Cooke. Apresado de modo inmediato, Kelly fue alojado en la cárcel de Punta Arenas, de la que nadie nunca se había escapado.
Hasta que llegó él.
Para la nueva huida contó con la ayuda única e imprescindible de una mujer uruguaya que escribía poesía por las noches y conspiraba el resto del día. Blanca Luz Brum había sido pareja del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros y, decían, Eva la odiaba por una vieja relación que había mantenido con Perón. Blanca visitaba asiduamente en la cárcel al argentino Kelly y en más de una oportunidad lo hacía acompañada de su hija Liliana, reconocida Miss Chile de entonces. Madre e hija sumaban inteligencia y belleza, un combo mortal.
Fueron Blanca y Liliana quienes le llevaron a Guillermo Patricio una peluca y una pistola escondidas en el doble fondo de un termo. Kelly se vistió de mujer y salió de la prisión por la puerta de ingreso junto a Blanca, simulando ser la joven Miss Chile mientras la verdadera, Liliana, distraía a los guardias. La fuga, primera en la historia de la penitenciaria más segura del país, generó un gran revuelo. Por caso, la renuncia de los ministros de Justicia y Relaciones Exteriores de Chile.
Estar fuera de la cárcel era un primer paso, pero no suficiente. Kelly debió resguardarse hasta que los documentos falsos que le permitieran salir del país estuvieran listos para volar hacia Caracas. Fueron meses en calidad de prófugo con un comando que lo secundaba y protegía. Las primeras noches las durmió en el zoológico de Santiago, en la jaula de los leones (que en ese momento estaba vacía). Luego se refugió en una playa en Papudo, pero el mejor lugar para ocultarse fue una chimenea. La chimenea de la casa de verano del propio juez que había ordenado su detención. Tocó la puerta, dijo que era el deshollinador y ahí se quedó hasta que su vuelo estuvo listo.
En el mientras tanto, Blanca Luz Brum fue encarcelada por su ayuda al prófugo y el argentino, caballero de vieja estirpe, antes de emigrar le robó la sotana al cura de una parroquia pequeña y así, disfrazado de sacerdote, fue a visitar a Blanca a la correccional de mujeres, donde hablaron 56 minutos. Después ella escribió un libro de poesía inencontrable: De una burguesa al terrible Kelly.
Fue su último paso por Chile. De allí pudo escapar hacia Caracas, en donde residía Perón. Al aterrizar ya tenía una nueva identidad: Doctor Vargas, psicoanalista. Sus locas aventuras apenas iniciaban.

