Por qué es necesaria la gestión menstrual

A pesar de que se han presentado numerosos proyectos, todavía no existe una ley que saque el tema de la menstruación del clóset y garantice el acceso a productos de gestión menstrual, reconociéndolos como de primera necesidad. Se calcula que hay más de doce millones de personas que menstrúan todos los meses en la Argentina y generan 130 mil toneladas de basura anual, que tarda hasta 800 años en degradarse.

Por Anabella Antonelli

Más de doce millones de mujeres, niñas, adolescentes, varones trans, intersex y personas no binarias menstrúan en Argentina. Es decir, un cuarto de la población del país atraviesa mensualmente este proceso, pero de forma desigual. Pese a los proyectos presentados, no existe una ley nacional que saque el tema del clóset y garantice el acceso a los productos de gestión menstrual, reconociéndolos como de primera necesidad.

“Hablar de menstruación es disruptivo porque es hablar de desigualdad económica, es otra brecha de género que tenemos los cuerpos menstruantes, y también es hablar de falta de información en las escuelas y en las casas”, explica Ornella Coleffi, del colectivo Red de Circuladorxs.

En 2021 nació AMRed, reuniendo espacios organizativos de activismo menstrual. Desde allí reclaman una normativa nacional unificada de gestión menstrual sostenible, con participación de activistas en su implementación, que contemple reivindicaciones en materia de salud, educación, ambiente, vivienda y economía.

Actualmente existen dos proyectos de ley. Uno presentado por la senadora nacional y presidenta de la Banca de la Mujer en la Cámara Alta, María Eugenia Catalfamo, y otro de la diputada Jimena López, del bloque del Frente de Todos. Este último propone un “Programa Nacional de Accesibilidad Gratuita a Productos de Gestión Menstrual Reutilizables”, una reformulación de un proyecto que ya había perdido estado parlamentario y que trabajó junto a la organización socioambiental Consciente Colectivo.

“Para la construcción de una ley de gestión menstrual hay que tener presente no solo las distintas realidades de las personas menstruantes en Argentina, sino que hay que romper con estereotipos impuestos, tanto sociales como de la medicina, sobre qué es una ‘apropiada gestión menstrual’, además de incluir la perspectiva ambiental”, señala Melanie Alfonso, de Consciente Colectivo.

De eso no se habla

La menstruación es un tabú relegada al ámbito privado y de lo vergonzoso. Noelia Sánchez es integrante de la Fundación Flor de Luna, que fabrica y distribuye productos ecológicos de salud menstrual. Explica que “muchas mujeres la pasan mal, la menstruación no debería doler y muchas sufren un montón, pero es un tabú y ‘te lo tenés que bancar’, porque aprendiste de chiquita que a las mujeres les toca eso, entonces muchas no hablan aunque quizá requerirían atención médica y les afecta en su vida cotidiana”.

Se trata también de conocer los propios cuerpos, “pero no es algo que se enseñe. No lo saben los profesores ni hay material interesante para explicarles a las peques el movimiento hormonal que va a pasarles, que si lo conocés podés prever situaciones, entender tu cuerpo y mejorar tu calidad de vida”, agrega.

“La salud de las mujeres, desde el modelo médico hegemónico, siempre estuvo ninguneada -sigue Noelia-. Hay una invisibilización cultural de la sexualidad de las mujeres o discursos llenos de prejuicios patriarcales. En medio de eso se cuela la menstruación como parte de nuestra sexualidad”.

Doble desigualdad

Una política pública efectiva debe avanzar contra la desigualdad en materia económica. No contar con elementos de gestión menstrual se traduce en ausentismo escolar o laboral y en la imposibilidad de realizar actividades deportivas o culturales. Hay una doble desigualdad: de género y de clase.

En Argentina se gasta anualmente entre $4.028 y $5.135 para la gestión menstrual. Según el Observatorio de Políticas de Género de la Nación, los hombres tienen ingresos un 30% mayor que las mujeres, mientras que el 70% de ellas son pobres, de acuerdo a Naciones Unidas. La crisis económica, el aumento de la canasta básica, los sueldos precarios y la brecha salarial tienen consecuencias concretas sobre las personas que menstrúan. Según datos relevados por la organización social La Poderosa, 6 de cada 10 personas dejaron de comprar productos de gestión menstrual para comprar alimentos. “El 64% de nosotras debemos reemplazar estos productos por tela, diario o algodón, a pesar de que afecte nuestra salud”, señalaron.

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Una ley sostenible

La perspectiva ambiental y el impacto de los productos descartables es parte central del debate. Desde Consciente Colectivo explican que el uso de estos productos genera más de 130 mil toneladas de basura anual en Argentina, que tarda hasta 800 años en degradarse.

“¿Cómo es que nunca, como personas menstruantes, nos cuestionamos qué es lo que ponemos en contacto con nuestro cuerpo en un proceso biológico que sucede todos los meses? ¿De qué están hechos los productos de gestión menstrual descartables?”, se pregunta Melanie. Un estudio realizado por el grupo de investigación EMISA, de la Universidad Nacional de La Plata, demuestra que los algodones y gasas estériles contienen glifosato, herbicida potencialmente cancerígeno según la Organización Mundial de la Salud, o su derivado AMPA. “Hay que hacer que nuestros procesos biológicos se concilien con el ambiente. Es necesario cuestionar de dónde sale, por ejemplo, el algodón que se utiliza para hacer tampones”, agrega.

No basta con que el Estado compre y reparta insumos amigables con el ambiente. Las rondas, talleres y capacitaciones que hacen desde hace años las activistas menstruales son imprescindibles para pensar en el uso de productos sostenibles. “Es muy importante lo cultural, no es sólo cómo resolvemos la menstruación el día que menstruamos. Si llegamos con las toallitas de tela, sólo nos quedamos ahí -señala Noelia- Como las toallitas son más conocidas ahora, desde algunos programas de municipios nos piden presupuesto, pero si solo te llegan las toallitas, no las vas a usar. Con las copas es lo mismo, porque necesita una manipulación del cuerpo y muchas mujeres no se miran, no se tocan”.

Las entrevistadas coinciden en que la ley debe reconocer el trabajo que vienen llevando adelante las activistas. “Muchas de las políticas públicas de municipios y provincias fueron iniciativas creadas a partir de nuestro trabajo, usando la información que nosotras vamos recopilando, pero después no somos validadas o terminamos quedando por fuera -refiere Ornella-. Por eso creemos que la ley nacional debe establecer la contratación de activistas en todas las políticas públicas de salud menstrual”.

“Deben tenerse en cuenta la voz de las productoras que venimos hace años diciendo que no sólo es necesaria la toallita de tela, sino la militancia, la difusión, la educación. Es importante reconocer el trabajo que venimos haciendo, porque tenemos mucha información, capacidad de armar ronda y de hablar con mujeres”, señala Noelia.

Argentina es uno de los pocos países de la región que tiene la gestión menstrual en agenda. “Hay otros antecedentes en Latinoamérica, pero no tuvieron buenas regulaciones o aplicaciones. Desde acá podemos llegar a ser vanguardia en la materia”, concluye Ornella.

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