El trigo transgénico, un debate abierto

La Argentina produjo el primer trigo transgénico del mundo. Y si bien algunos países aprobaron su comercialización, la semilla traería más perjuicios que beneficios. En algunos campos de Córdoba se utilizó en forma experimental a través de programas de identidad reservada.

Por Roy Rodríguez

En octubre de 2020 Argentina aprobó la comercialización del primer trigo transgénico en el mundo. Nacido de la investigación de la Universidad del Litoral, el Conicet y Bioceres, la nueva variedad genéticamente modificada, promete una mayor resistencia a la sequía. Entidades ambientalistas, parte de la cadena de comercialización y científicos la cuestionan puesto que, según diferentes visiones, pondría en riesgo la producción de trigo tradicional y afectaría la salud y el medioambiente. En ese contexto, un juzgado de Mar del Plata ordenó la suspensión de su liberación en toda la provincia de Buenos Aires.

La variedad, llamada IND-00412-7, utiliza un gen denominado HB4, perteneciente al girasol, que le permite resistir a las sequías y a las aplicaciones de glufosinato de amonio, un agrotóxico utilizado para eliminar malezas que la Unión Europea decidió “expirar su aprobación” en julio de 2018. Había razones: diversos estudios reconocen el impacto negativo en la salud y el medioambiente.

Mediante la Resolución 41/2020 de la Secretaría de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional autorizó el Instituto de Agrobiotecnología de Rosario (INDEAR), empresa subsidiaria de Bioceres y asociada al Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), a comercializar el trigo IND-00412-7. Sin embargo, la norma aclaraba que debía abstenerse de hacerlo “hasta tanto obtenga el permiso de importación de la República Federativa de Brasil”.

La precaria autorización, que ponía en otro Estado su propia decisión de permitir la comercialización, le permitió a Bioceres sembrar varios miles de hectáreas de trigo HB4 en diferentes provincias, entre ellas Córdoba, a través de programas de identidad reservada.

Ese proceso trajo preocupación a toda la cadena de comercialización y exportación. Es que, el propio informe de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), utilizado para la aprobación de la nueva variedad, indica que podrían darse polinizaciones cruzadas entre trigos tradicionales y el modificado genéticamente. Es decir que, a través del viento, por ejemplo, las especies se cruzarían en un proceso de contaminación irreversible. Varios actores de la cadena elevaron su queja. Los contratos de exportación triguera con diferentes países para la presente campaña establecen de manera taxativa que el trigo debe estar libre de HB4.

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A contramano, este año, mientras la época de siembra se acercaba, llegaban anuncios de nuevas aprobaciones del trigo IND-00412-7 en diferentes países. Lo anunciaba Bioceres. Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Colombia y Nigeria se sumaron a Brasil. La Resolución 27/2022 de la Secretaría de Bioeconomía está fechada en Rosario –sede de INDEAR-, el 12 de mayo pasado. Con ella se autorizó definitivamente la siembra y comercialización de la nueva variedad.

“La titularidad de la patente la comparten por tercios el Conicet, la Universidad del Litoral y Bioceres. El convenio establece un porcentaje de regalías sobre la facturación bruta del trigo HB4 para las instituciones. Eso ya se comenzó a pagar a pesar de que la siembra del año pasado fue sólo experimental”, aclara Raquel Chan, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL, CONICET-UNL), quien durante años lideró la investigación.

“Nosotros tenemos una enorme variedad de trigo de variedades locales adaptadas a nuestra región, a nuestro clima, a nuestro suelo y toda esa diversidad se va a perder”, dice Carla Poth, docente e investigadora de la Universidad Nacional de General Sarmiento. México prohibió la implantación de maíz transgénico a fin de preservar las diversidades de sus especies originales.

La pérdida de diversidad fue uno de los tantos argumentos por los que el primero de julio pasado, el juez marplatense Néstor Salas hizo lugar al pedido de una medida cautelar realizada por más de 40 organizaciones agroecológicas y ambientales. Dispuso que tanto la INDEAR como la Secretaría de Agricultura de la Nación se abstengan de sembrar el trigo HB4 en la provincia de Buenos Aires. Fue por “principio precautorio”, preservando el derecho a “un ambiente sano” dispuesto en el artículo 41 de la Constitución Nacional.

“Este modelo contribuye al cambio climático, por su alta dependencia de los combustibles fósiles, entre otros factores. Una vez instalado el cambio climático, es una pobre contribución tratar de hacer un trigo resistente a la sequía, pues no contribuye a paliar las causas. Pero, dado que la sequía ya está y que se va a profundizar, antes que darle la bienvenida, deberíamos hacer una sana crítica”, opina Patricia Aguirre, investigadora y docente del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad de Lanús.

El pan nuestro

“Vamos a estar consumiendo pan derivado de trigo transgénico sin todavía tener la más mínima certeza de cuáles son los impactos en la salud. Porque hay pocas investigaciones a nivel global. En el caso de los transgénicos son consumos crónicos en bajas dosis, entonces se debe esperar incluso a movimientos generacionales”, explica Poth. Y agrega que, en el caso de que comiencen a fabricarse harinas en base a trigo transgénico en la Argentina, ni siquiera será necesario un etiquetado informativo, puesto que la ley no especifica la necesidad de informar acerca de los alimentos fabricados en base a semillas genéticamente modificadas. Más allá del pan “producido con glufosinato y glifosato, dos agrotóxicos que serán consumidos diariamente vía oral”, para la investigadora el trigo transgénico traería otros impactos negativos como “la pérdida de diversidad biológica, la desarticulación de economías regionales asociadas a la producción del trigo y la desaparición del trigo como semilla de origen”.

Mientras ciudades como Gualeguaychú, en Entre Ríos, analizan la prohibición de la siembra del trigo HB4, para Raquel Chan, la investigación que derivó en la creación de la semilla de trigo HB4 “es parte de una asociación público privada virtuosa”.

“La ilusión es que si el Estado pone la investigación y los privados la comercialización seremos Gardel porque se complementan. Pero se termina poniendo todo el esfuerzo de la sociedad en desarrollar productos de interés para el mercado”, cierra Patricia Aguirre.

“Las biotecnologías no se critican”

En agosto de 2020 la acción de Bioceres en la Bolsa de Nueva York cotizaba alrededor de cinco dólares. En mayo último, luego de la autorización definitiva del trigo HB4, rozó los 16. Entre los fundadores de la empresa se encuentran el rey de la soja, Gustavo Grobocopatel y el ex presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), Víctor Trucco. Trucco fue director del Instituto de Agrobiotecnología de Rosario (INDEAR), el laboratorio autorizado para la comercialización de la nueva variedad. Su hijo Federico es el CEO de Bioceres.

Eduardo Buzzi, ex presidente de la Federación Agraria Argentina, le dice a Marie Monique Robín en la página 412 del libro El Mundo según Monsanto: “La compañía lo había planeado todo desde hacía mucho tiempo, apoyándose en la AAPRESID, una asociación que ella financia para promover sus productos, con la complicidad de funcionarios del Gobierno y de los medios de comunicación. Lo había calculado todo, incluso el contrabando a Paraguay y Brasil”.

AAPRESID tiene representación en la Conabia, responsable de uno de los tres informes que fueron la base para la aprobación del trigo HB4. Dice Carla Poth: “Cuando se pensó en cómo constituir la Conabia, en ningún momento se le buscó dar voz a ningún espacio crítico, ni a alguna organización territorial. En esa comisión todos hablan el mismo lenguaje, que es el lenguaje que habilita a la liberación de semillas genéticamente modificadas. No hay fisuras. Tiene, supuestamente, un basamento técnico, pero anclado en la idea de que las biotecnologías no se critican”.

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