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Argentino Autcher, el primer peronista (que era radical)

Argentino Autcher pasó a la historia como el primer gobernador peronista de Córdoba. Paradoja, o no tanto, era un ferviente radical nacido al calor del irigoyenismo y amparado por Amadeo Sabattini. Terminó a la derecha de la derecha.

Por Juan Cruz Taborda Varela

Santafesino de principios del Siglo XX, Argentino Auchter fue teniente desde muy joven. A sus 18 ya vestía ropa de fajina y desde su tierna adolescencia hasta 1930 escudó al líder radical de bombín. Don Hipólito era su norte, su fin, su todo. El primer golpe de Estado de la historia argentina lo mandó preso a Ushuaia. Tras la primera dictadura patria, Autcher se mantuvo cercano a los tiroteos que el clan sabattinista provocaba en Córdoba para lograr comicios transparentes en el país del fraude.

Uno de esos tantos tiroteos fue en 1935 durante las elecciones en donde se enfrentaron Sabattini y Aguirre Cámara. Plaza de Mercedes, al Este de la provincia, en el departamento Río Primero, era un pueblito donde jamás había habido tiros ni muertos. Hasta que llegó Autcher. Siete policías y dos radicales cayeron con olor a pólvora. Ahí estaban Santiago H. del Castillo y Argentino, dos futuros gobernadores que calzaban pistoletas buscando justicia y elecciones limpias.

Con el triunfo de Sabattini, Autcher se convirtió en el jefe de Policía de la Provincia. Fueron meses. Pero en esos meses debió poner la cara por el crimen que conmovía al suelo sin mar: Martita Stutz. “La pista de Barrientos carece de importancia y no la veo vinculada con el caso Stutz”, dijo a los periodistas del diario Córdoba. Barrientos, hombre turbio en cuyo patio se habían encontrado elementos sospechosos, estaba acusado de haber sido el móvil para que la niña llegara a Suárez Zavala, el acusado del crimen. También dijo Auchter sobre Barrientos:

-Sí, conozco al ingeniero. Pero él es muy bueno, muy caritativo.

Contaba el diario Córdoba que por ese conocimiento entre Auchter y el Barrientos éste “podía leer los diarios, hablar con ordenanzas y personal subalterno, haciendo gala de la generosidad de sus propinas”.

Barrientos, el acusado y amigo del jefe de Policía, le dijo al mismo jefe de Policía:

- Preguntale a Humberto Vidoni, el vecino que tiene cortadero de ladrillos.

Tanto le preguntaron a Vidone en la Central de Policía que manejaba Argentino que lo mataron a golpes. También Argentino, para resolver el caso, trajo a Mono, el célebre perro sabio de la época que olfateaba como ninguno. Y al astrólogo Lucio Berto. Sin embargo, Suárez Zavala quedó en libertad y jamás supimos qué pasó con Martita. El único vocal que declaró culpable a Suárez Zabala se llamaba Antonio, de apellido De la Rúa.

Después, durante la misma gestión radical, Auchter presidió el Banco de Préstamos de la Provincia. No se sabe a quién prestó.

Terremoto

La historia que sigue es más conocida. 17 de octubre de 1945 y un nuevo y gran parte aguas en la historia argentina. El radicalismo ya no tiene como principal adversario a los conservadores sino a quien disputa con ellos un electorado que alguna vez les perteneció. A diferencia de Sabattini, tentado por Perón pero que no cayó en la tentación, Argentino se embandera y se convierte en el primer peronista de la provincia. Sin mayores vueltas lo designan candidato a gobernador.

Fue la más reñida de las elecciones para gobernador en la historia de la provincia de Córdoba. Incluso superando las diferencias que signaron el dos de septiembre de 2007. Argentino Auchter y Ramón Asís, representantes del peronismo, ganaron las elecciones de 1946 por apenas 183 votos. El espacio lo integraban la UCR Junta Renovadora –Auchter- y el Partido Laborista. Segunda se ubicó, la fórmula radical que integraban los papás Medina Allende (Antonio) e Irós (Juan). Los papás, como los hijos luego, ya empezaban a perder y el peronismo, integrado por la más variopinta jauría cordobesa –militares, conservadores al por mayor, pianistas y panaderos anarquistas-, daba su primer golpe. También participaron de esa elección dos clásicos de retaguardia: Arturo Orgaz por el socialismo y Miguel Contreras por el PC.

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Auchter y su vice Asís venían de espacios diferentes. El gobernador, del radicalismo disidente, opuesto a la Unión Democrática y con un fuerte sesgo nacionalista. Había sido jefe de Policía. Ese nacionalismo: el de un policía. Su espacio promovía, entre otras cosas, extender la influencia religiosa en las escuelas. Para ellos Perón era “la armoniosa síntesis de la azul y blanca y de la Cruz de Cristo”. La mujer, para Argentino, tenía “la sublime misión de formar las costumbres en el seno del hogar y, mediante ello, cooperar en el despertar moral de los pueblos”. El presidente de la Juventud de la UCR Renovadora se llamaba Tránsito Rigatuso, quien decía que era necesario llevar al gobierno “la severa austeridad del cuartel”. Lo hizo, después, en el colegio que dirigió: el Manuel Belgrano, con consecuencias funestas.

En cambio, el vice Asís, del Laborismo, era más cercano a los trabajadores organizados y sindicalizados, con cierta idea de pluralismo democrático. Las diferencias entre ambos se reproducían adentro del peronismo. Y nadie las disimulaba. Empezaron así: jurando en forma separada. Los propios legisladores laboristas llamaron a su gobernador ‘antidemocrático’. No el patriciado provincial, que le financió la campaña.

Perón envió a Córdoba a su vice Hortensio para armonizar la asunción. No sirvió. Asís, esa misma noche, llamó a su jefe “traidor máximo”. La policía reprimió a 800 laboristas que habían ganado las calles. Hasta Asís recibió palos. El viejo Quijano se fue de esta provincia diciendo: “Estoy completamente arrepentido de haber visitado Córdoba”. Lo de la salsa en donde nos cocinamos vendrá después.

“El gobierno provincial se presta a la acción antidemocrática y antirevolucionaria de núcleos reaccionarios, totalitarios y oligárquicos”. La solicitada publicada en distintos medios en aquel 1946 no la firma ni la UCR ni mucho menos los demócratas; la firman los mismos peronistas que integran el laborismo. Era el peronismo cordobés un hogar de difícil equilibrio. Convivían en él, entre tantos, Federico De Uña, sindicalista de los pasteleros de origen anarquista con Manuel Ávila, un legislador del norte provincial de 10 rezos diarios, que desde su banca buscó prohibir “dentro del territorio de la provincia, la exhibición en vidrieras de prendas íntimas, en forma procaz o atentorias a las buenas costumbres o la decencia”. Para el padre mayor era un gran trabajo mantenerlos a raya.

El fin

El gobernador, en su discurso del primero de mayo de 1947, no dudó: “En nuestro país, con la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912 y su efectivo cumplimiento recién en las elecciones del 24 de febrero de 1946, ha desaparecido prácticamente la razón de existencia de los partidos liberales”. Amante de la Edad Media, hizo todo para que Córdoba explotara.

En junio de 1947 y con la casa alborotada, los legislados laboristas presentan en la Legislatura provincial un pedido de juicio político al mismísimo gobernador Argentino. Y el gobernador Argentino, al que no le iban las historias de los derechos políticos vertidos por el liberalismo tripartito, cerró la Legislatura con su amiga la Policía. Pero con los legisladores adentro. Que igual votaron, iniciaron juicio político y le avisaron a Asis, el vice, que estaba en su casa de Alta Córdoba, que todo estaba en marcha. Y Asís se calzó el traje de gobernador y designó nuevos ministros y Córdoba, durante cuatro días de junio de 1947, tuvo dos gobernadores.

No lo conocían al general. La intervención llegó en tren bala. Y con ella el fin del sueño corto del primer gobernador peronista de Córdoba (que era radical).

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