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Deportivo Ganar

El seleccionado argentino cumplió con la premisa de vencer a México para sostener sus chances de clasificar a los octavos de final. El miércoles será el turno de Polonia, con el mismo objetivo: sumar los tres puntos en juego para no depender del resto de los equipos y de la calculadora.

No fueron el VAR ni la excesiva permisividad del árbitro los que le cambiaron la bocha al seleccionado argentino el día de su fallido debut en Qatar frente a Arabia Saudita. El escaso margen de maniobra que dejaron los calendarios futboleros, con el agregado de un incómodo amistoso armado sólo con el afán de facturar en "petrodólares", le quitaron al DT Lionel Scaloni la perspectiva de dónde estaba parado su equipo antes del desafío mundialista.

El ensayo ante Emiratos Árabes Unidos dejó pocas conclusiones futbolísticas, pero mucha tela para cortar. Joaquín Correa y Nicolás González debieron ser reemplazados a último momento, ambos por lesiones. Estos muchachos, al parecer, priorizaron sus ganas de estar en la Copa y omitieron mencionar algunas molestias físicas que los aquejaban. Los que están cerca del búnker albiceleste aseguran que nunca lo habían visto tan molesto a Scaloni. Algo se resquebrajó ahí.

Con el debut a la vuelta de la esquina, el Lionel del buzo prefirió no cambiar demasiado las cosas y se jugó por el equipo que a los hinchas les salía de memoria con excepción del marginado Lo Celso, por más que algunos de sus integrantes no estuvieran a pleno. Esa apuesta de riesgo le costó caro. Tanto como la falta de respuestas en medio de la adversidad. Hubo culpas repartidas dentro y fuera de la cancha.

Otra vez tuvo que maniobrar rápido el entrenador: cinco nombres diferentes para jugar ante México, y que sea lo que Dios o Messi quieran. Se habían jugado apenas 20 minutos cuando desde el banco llegó la orden, clarita: tres atrás y cuatro al medio. Cambia, todo cambia. Con el adelantamiento de los laterales (Montiel y Acuña) y el retraso del volante central (Guido Rodríguez), Argentina ganó en presencia en mitad de cancha, donde De Paul seguía siendo un desconocido y Mac Allister trataba infructuosamente de convertirse en el socio del capitán, cada vez más alejado del área contraria porque la pelota no le llegaba.

El retoque no estuvo mal, pero resultaba insuficiente. Había que buscar los intérpretes más adecuados para el nuevo sistema elegido, y en eso estaban el DT y sus laderos cuando Messi frotó la lámpara y clavó el 1-0.

Todo se hizo más sencillo después del gol. Esta vez acertó Scaloni con los cambios (bien los cordobeses Álvarez, Molina y Romero), y también apareció la rebeldía. Por las dudas, Enzo Fernández le bajó la persiana a cualquier intento de reacción del ‘Tri’ del Tata Martino. Por suerte para Argentina, la historia volvió a repetirse en los Mundiales y México se marchó a los vestuarios con la cabeza gacha, como en Uruguay 1930, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.

Ahora es el turno de Polonia, el último escollo. Ahí será a todo o nada, considerando el combo con el duelo entre Arabia Saudita y México. Por ahora es todo un dilema con qué sistema y jugadores enfrentaremos a Lewandowsky & Asociados. Hasta tanto la maquinaria no aceite su funcionamiento, habrá que encenderle una vela a Messi y otra al Deportivo Ganar.

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