Por Guillermina Delupi
"Ya hay familias que están cambiando la cena por una infusión"
El director general del Centro de Almaceneros y Comerciantes Minoristas de Córdoba, Germán Romero, se muestra preocupado por la falta de políticas para los sectores más vulnerables. Además, advierte que la inflación anual podría ser del 100%. Según los números que manejan desde la entidad, siete de cada diez cordobeses tuvieron que financiar con tarjetas de crédito, fiado o dinero prestado la compra de alimentos.
El último informe del Departamento de Estadísticas y Tendencias que elabora el Centro de Almaceneros y Comerciantes Minoristas de Córdoba acusó una suba promedio de alimentos del 8.65% en los primeros trece días de julio.Con un ranking encabezado por pastas secas, queso para rallar, harina de trigo y mermelada, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) sufrió un aumento del 3.96%.El mismo informe señala que en junio pasado un 72.40% tuvo que recurrir a ayudas estatales para acceder a los alimentos básicos. Otro dato alarmante tiene que ver con que el 72% de las familias se vio obligada a financiar (con tarjetas de crédito, fiado o dinero prestado) la compra de sus alimentos.
- ¿Cuánto aguanta la economía a este ritmo?
- No lo sé. En trece días de julio la Canasta Básica se paga $2.152 pesos más que el 30 de junio. La situación es grave, empezando por los grupos vulnerables que indefectiblemente son los que más se resienten y aquellos que tienen un salario deprimido, que cada vez se disuelve más. De nuestras encuestas se desprende que un 37.80% de jefes y jefas de hogar el mes pasado no llegó a adquirir la Canasta. Como nuestras mediciones son en función de los ingresos -como mide el Indec y las consultoras- estos números no reflejan indigencia o pobreza. Pero quien gana $60.000 tiene otros gastos que no le permiten llegar a la Canasta; es decir que por sus ingresos no son indigentes, pero la realidad los hace indigentes.
- Y eso que no hay una medición multidimensional.
- Ni hablar. El panorama es muy complicado y estamos preocupados. Nuestra institución tiene casi 118 años, desde hace 13 años que hacemos encuestas de hogar e indefectiblemente no nos podemos despegar de la cuestión social. Encuestamos a sectores vulnerables, clase media y rango alto. En 2014 asistimos a un corrimiento de primeras marcas, en 2016 empezó un cambio en la alimentación: bajó el consumo de carnes, leche, lácteos y empezó a incrementarse el consumo de papas, pan, arroz, fideos. Eso se agudizó en el último tiempo y hoy estamos viendo, de manera incipiente pero sostenida, alguna reducción de ingesta. Por eso en nuestras encuestas estamos teniendo preguntas de seguridad alimentaria donde consultamos si alguno de los integrantes de la familia se acostó con hambre durante el mes de junio. Y la respuesta es que sí.
- ¿Ya tienen números sobre esto?
- Todavía no, lo estamos midiendo. Pero va creciendo y eso preocupa porque con todos los programas vigentes, hay familias que no llegan a alimentarse y hoy están cambiando la cena por una infusión, un rubro que ha aumentado casi en un 60% su consumo.
- ¿Por qué fracasa el control de precios?
- El control de precios no funcionó nunca.
- ¿Falta voluntad política?
- Seguro. Nosotros mandamos seis solicitudes de audiencia al Ministerio del Interior procurando sumar nuestra experiencia porque los productos que contemplan los precios cuidados, en cualquiera de sus formas, para supermercados o negocios de proximidad, le sirven a un sector de la sociedad, a la clase media. Son productos como la mermelada La Campagnola o el vino Latitud 33. Pero la discusión pasa porque el pan francés no se vaya de 300 pesos porque los que están padeciendo hoy son los sectores más vulnerables. Ahí hay que apuntar. No nos gusta ser alarmistas, pero empieza a haber desabastecimiento.
- ¿Por qué hay desabastecimiento de productos en las grandes superficies, pero sí se consiguen en los negocios de proximidad?
- La realidad hoy es que hay productos que no se consiguen. El aceite, por ejemplo, que podés encontrar en un almacén, probablemente sea de cajas de un distribuidor que pasó por dos o tres intermediarios y se consigue a un precio alto. Pero en Argentina hay aceite, somos uno de los primeros productores del mundo. Todo esto tiene una cuota indudable de especulación. Que el lunes siguiente a la renuncia de (Martín) Guzmán hubiera desconcierto y no se quisiera vender, era una medida hasta lógica, pero que a más de diez días de la asunción de la nueva ministra todavía no tengamos mercadería no tiene sentido. No hay azúcar en las grandes superficies. Y están en plena zafra en Tucumán.
- O sea que no es un problema de producción.
- No, es la industria la que no está entregando los productos. Que alguno pueda tener un problema de maquinaria puntual, puede ser. Me da pavor decirlo, pero si esto continúa diez días más habrá desabastecimiento.
- ¿Cuándo fue la última vez que viste una crisis similar?
- No me gusta comparar, pero 2001 fue similar. Hay algunas diferencias, hay mucho más aporte social y no creo que estén las condiciones dadas para que se repita lo de 2001. Pero la situación es parecida. En mayo empezamos viendo que históricamente había una remarcación, más leve, pero cada tres días, cosa que no ocurría desde hacía veinte años. Antes las listas llegaban cada diez o quince días, ahora todos los días hay una lista nueva. Entonces, la conducta es similar a la hiperinflación, las prácticas son similares al ‘89 y la situación de faltantes es parecida al 2001. Pero los almaceneros no son reguladores de precios, se autorregulan porque tienen a la competencia a veinte metros.
- Uno de los datos del informe que elaboran ustedes es que se ha empezado a financiar la compra de alimentos.
- Así es. Hoy tenés la práctica del fiado, que nunca se fue, al menos del almacén cordobés. Cuatro de cada diez sacan fiado a diez, veinte o cuarenta días. Ese porcentaje hace cuatro años estaba igual, pero hoy dos de cada diez personas están financiando la mercadería con tarjeta de crédito. Si no tuviéramos esa herramienta financiera, el fiado estaría en niveles históricos. Lo grave a nivel social es que están pagando en cuotas un kilo de carne.
- En función de esta aceleración de la inflación, ¿qué debemos esperar para lo que queda del año?
- En materia inflacionaria hasta junio nuestro Departamento de Estadísticas había proyectado una inflación -corregida por quinta vez- del 71%. Estamos hablando solamente de la parte técnica, pero creemos que va a ser mayor. Lo que pasa es que no imaginábamos que, en julio, a partir de la renuncia de Guzmán, íbamos a tener una aceleración semejante. Hoy hablamos de entre un 90 y 100% de ritmo inflacionario para cerrar el año. En trece años de existencia de este Departamento nunca se movió así la proyección de inflación anual y ahora la hemos corregido seis veces. Argentina se ha vuelto impredecible; no puede ser que un ministro renuncie un sábado y que explote la economía un lunes. Eso habla de lo endeble que es política y económicamente nuestro país. La debilidad política tiene estos efectos, ya no se sabe cuánto hay de especulación, cuánto se debe a la inestabilidad del dólar o a las restricciones de las importaciones. Es un tema complejo y tenemos un cóctel explosivo.

