Por Juan Cruz Taborda Varela
Las locas aventuras de Guillermo Patricio (parte 2)
Tras sus huidas antológicas de las cárceles de Río Gallegos y Punta Arenas, Guillermo Patricio Kelly logró finalmente reunirse con líder en el exilio. Juan Domingo Perón lo esperaba en Caracas y tenía algunas tareas para él. Pero las cosas no salieron del todo bien.
Kelly aterrizó en Venezuela como el Dr. Vargas, psicoanalista. Pese a su nueva ‘profesión’, Perón le dio su primera tarea, vinculada a lo de siempre: tareas de inteligencia. En Caracas habían detenido a un nicaragüense que había confesado que el gobierno argentino de Aramburu le había dado la orden de matar al General. El asesinato, en caso de haberse consumado, además, hubiera generado una crisis en el régimen de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.
Frente a esto, el ex presidente le pidió a Guillermo que con sigilo y absoluta cautela, lo interrogara para conocer los detalles de la operación frustrada. Kelly sacó al preso de la cárcel y lo llevó a un hotel cinco estrellas llamado Tamanaco. Lo tuvo ocho días en sus manos y luego le informó a Perón:
- Es un muchacho capaz, se llama Urbina y responde a las órdenes de Quaranta, el jefe de la SIDE. Incluso es un poco el novio. Lo iba a matar a usted en Panamá en la entrada del hotel Washington, pero se le interpusieron unos chicos y prefirió no dispararle. Confesó todo.
Perón, preocupado, le preguntó:
- Guillermo Patricio, ¿no lo habrá torturado?
- Nooooo -le respondió Kelly-, me hice pasar por el doctor Duval, su asesor legal. Lo puse en una suite con una manicura para que le hiciera las manos, todo a puertas abiertas. A la noche le daba de comer pollito con crema. Fue toda fina cortesía. Aquí están las grabaciones
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En Venezuela, Kelly hizo sus trabajos de inteligencia acostumbrados. Trabajo que siempre supone actuar tras bambalinas, en las sombras del poder. Pero a él le gustaba la exhibición, mostrarse como el personaje que realmente era. Y organizó una conferencia de prensa en una confitería en Sabana grande, la avenida más importante para el esparcimiento de Caracas, como la Corrientes en Buenos Aires, como la Colón de Córdoba.
A esa conferencia llegó un cronista de 30 años que comenzaba a transitar las primeras armas en el periodismo, desde donde tomaría impulso para convertirse en el más importante narrador de historias del continente. Para el Nobel le faltaban varios años, pero Gabriel García Márquez igual quedó fascinado con las locas aventuras de Guillermo Patricio Kelly y escribió el texto “Kelly sale de la penumbra”, que forma parte del libro “Cuando era feliz e indocumentado”, que publicaría en 1979, unos 12 años después. El futuro Nobel habló de Kelly como si fuera James Bond.
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Tanta exhibición y fama, que sin dudas disfrutaba, le trajo problemas a Guillermo. Porque a partir de tanta exposición se supo que en Venezuela no sólo trabajaba para Perón. El ahora célebre prófugo además era mano de obra de la policía secreta del régimen de Marco Pérez Jiménez, que luchaba para evitar la primera “revolución comunista en Latinoamérica”. “Yo trabajo para impedirlo”, decía orgulloso Kelly.
El régimen de Pérez Jiménez le dio tanta importancia que le asignó un gran espacio, una importantecueva de seguridad e inteligencia en un edificio público de Caracas, Riverside, que llenóde metrallas, granadas y pistolas. ¿De dónde las sacaba? A Kelly, siempre cerca del poder, el dinero y la fama, le decían Humphrey Bogart, también por su relación con las mujeres. A las armas, justamente, las conseguía a través de su amante. La mujer en cuestión se llamaba Zoé Ducós, una vieja amiga argentina de Perón y de Isabelita, que estaba casada con uno de los jerarcas de la seguridad nacional de Venezuela, Miguel Sanz. Kelly era el amante: siempre caminando al borde de la cornisa.
Zoé era argentina y fue, entre los ‘40 y los ‘60, una de las actrices más reconocidas del continente. Una de sus primeras parejas fue el tenor y cantante popular mexicano Gerardo Salinas, que era un hombre casado. Pasado el tiempo Zoé partió rumbo a Venezuela y se emparejó con Sanz, el temible jefe de la seguridad venezolana. Y el tenor, viejo amor de Zoé, fue tras ella a buscar trabajo a Venezuela por problemas en Argentina. En Caracas intentó acercarse nuevamente a Zoé, pero un día apareció moribundo abajo de un puente. Sanz era el que mandaba. Pero a Kelly no le importaba.
(Zoé, para más datos, volverá a la Argentina a filmar una película en San Marcos Sierras. Más adelante, actuará en las novelas Cristal, Topacio y Pobre Diabla).
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Pero volvamos a Sanz y Pérez Jiménez, que mandaban hasta que en enero de 1958 una rebelión militar le puso fin al gobierno y todos debieron huir. Y uno de los que debió huir fue el gran protegido del régimen, Juan Domingo Perón y todos sus soldados, Kelly entre ellos. El ex presidente argentino escapó con una metralleta Máuser oculta en una valija, buscando un lugar que pudiera asilarlo. Quien lo aceptó fue la embajada de la República Dominicana, a donde Perón llegó junto a Isabelita, Kelly, Cooke y otros de la comitiva peronista, todos armados mientras la multitud intentaba entrar a la embajada para lincharlos.
Dos días después la situación seguía igual: Perón, Isabelita, Kelly y el resto, encerrados mientras la multitud amenazaba con ingresar a liquidar a los socios de Pérez Jiménez. ¿A qué se debía tanto encono contra la comitiva argentina? Todos empezaron a mirar a un hombre como responsable de la ira popular venezolana. Estuvieron a punto de votar para echarlo, pero no hizo falta. Kelly, sin que nadie se lo pidiera, dijo que se iba. Pero con una condición:
- Necesito anteojos negros, un sombrero y algo de plata.
El único que le dio unas monedas fue Cooke. Salió caminando entre la multitud y nadie lo reconoció. En libertad, habló con dos agentes de la CIA, les dijo que si no frenaban esto se venía el comunismo para América latina y que Perón era un freno. Estados unidos intercedió y Perón pudo salir y viajar hacia República Dominicana. Kelly lo había salvado otra vez.
Una semana después y mientras apedreaban su avión, Kelly logró huir de Caracas. Llegó a Haití, donde lo encarcelaron después de protagonizar algunos conflictos. Como era de esperar, también logró escaparse y cruzó la frontera hacia República Dominicana, donde volvió a encontrarse con su líder. Pero apenas se quedó en el país caribeño unos días y decidió volver a Argentina, en donde tenía pedido de captura. ¿Cómo logró ingresar nuevamente a nuestro país? Con un pasaporte robado. Robado a otro argentino célebre, amigo de Perón y pionero, en su versión televisiva, del hoy tan mentado Thinder: el inolvidable Roberto Galán.
Las locas aventuras de Guillermo Patricio Kelly continúan.

