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Munir Bracco, pastor de la Iglesia católica: "Cada vez estamos peor y eso significa que algo no se hizo bien"

El sacerdote de la Pastoral Social es la voz cantante de la Iglesia cordobesa sobre temas sensibles como pobreza, desempleo, adicciones y marginalidad. "Sería bueno que los políticos hicieran una autocrítica, no solamente una crítica. Y también que le pidan disculpas al pueblo por el daño que muchos de ellos le hacen", sostiene. También realiza un fuerte cuestionamiento a la legalización del juego en la provincia: "En este asunto no hay azar".

Por Hugo Caric

Munir Bracco afirma que es feliz siendo cura. Cuenta que es una vocación que tuvo “desde chico” y que siempre le gustó “eso de poder darle una mano a la gente”, aunque reconoce que primero intentó canalizar esa inquietud hacia otra actividad. “Me puse a estudiar psicología y me gustaba, pero no me llenaba. En ese tiempo en que estuve en la universidad sentía un cuestionamiento interno y andaba todo el tiempo con eso, hasta que me di cuenta de que no podía patear más la pelota hacia afuera”, relata.

Oriundo de Río Primero, Bracco lleva diecisiete años como sacerdote diocesano. “Eso me permite estar en contacto con la gente, algo que es fundamental”, enfatiza. Está a cargo de la Parroquia Santa María de la Paz, de barrio Poeta Lugones, y es asesor de la Pastoral Social, “una comisión de la Iglesia que tiene un abordaje social y que se completa con seis laicos”, según explica. “Es el área que se involucra en la realidad social y que trata de ser una voz entre tantas otras, siempre con la idea de hacer un aporte sobre las cuestiones sociales que más preocupan”, puntualiza.

-¿Dónde está puesta esa mirada hoy?

-Lo que nos aflige a todos es el tema de la pobreza, que es una realidad más estructural que coyuntural, ya que viene de décadas. Y otro tema muy importante, sobre el que a veces pareciera que se remara contra la corriente, es el diálogo social. Desde la Pastoral Social tratamos de propiciar espacios para que los distintos sectores puedan encontrarse y hablar, porque creemos que de la pobreza o de la crisis salimos juntos. “Nadie se salva sólo”, dijo el Papa Francisco, y es así. Gracias a Dios, tenemos diálogo con todos: políticos, empresarios, movimientos sociales, sindicatos... Es bien diverso el asunto. Y también participamos de los Consejos de Políticas Sociales de la Provincia y la Municipalidad.

Lo que nos aflige a todos es el tema de la pobreza, que es una realidad más estructural que coyuntural, ya que viene de décadas. Y otro tema muy importante, sobre el que a veces pareciera que se remara contra la corriente, es el diálogo social Lo que nos aflige a todos es el tema de la pobreza, que es una realidad más estructural que coyuntural, ya que viene de décadas. Y otro tema muy importante, sobre el que a veces pareciera que se remara contra la corriente, es el diálogo social

-¿Es factible generar esos consensos?

-Nosotros tenemos encuentros con todos los sectores y todos los credos, y estamos convencidos de que ese es el camino. Ya hicimos tres conversatorios y hubo una linda participación. No es ninguna ciencia; es sentarse juntos a una misma mesa, charlar y encontrarse. Ha pasado que personas de distintos “palos”, con posturas supuestamente irreconciliables, terminan coincidiendo, sacándose una foto juntos y pasándose los contactos. Este año vamos a hacer otro conversatorio y la idea es ver si podemos darle una continuidad y traducirlo en acciones. Armar una especie de mesa de concertación para poder incidir en la política social.

-En ese trabajo conjunto de la Pastoral Social con los estamentos oficiales, ¿hay coincidencias en cuánto a objetivos y métodos?

-Tenemos una clara conciencia, y ojalá la tengamos todos los ciudadanos, de que el protagonista principal en la construcción de la sociedad, el bienestar y el progreso, es el Estado. Para eso eligió la gente a sus gobernantes y para eso se postularon los candidatos. Ellos tienen una responsabilidad primaria, ineludible y central. Las organizaciones intermedias, los movimientos e instituciones somos subsidiarios. En nuestro caso, La Iglesia, tenemos un enfoque social motivado por la caridad, no una ideología o un partidismo. Es el Evangelio el que nos mueve a involucrarnos y comprometernos con la realidad.

-¿Hay un buen diálogo entre la Iglesia y la política?

-El diálogo depende a veces de los interlocutores. Algunos se acercan más y otros se acercan menos, pero en general es bueno. Ellos también tienen una opinión de nosotros, y eso influye. Pero lo nuestro no es con o contra las personas; es defender y proponer valores, lo que pensamos, lo que la Doctrina Social de la Iglesia va proponiendo. Entonces, si tenemos que expresar algo lo expresamos, o si tenemos que dar una opinión la damos, más allá de quién sea, porque lo que intentamos es hacer un aporte social. Lo hemos hecho con los distintos gobiernos y siempre tratamos de tener claro hacia dónde vamos y qué es lo que nos mueve.

- ¿Y cree que la dirigencia política tiene claro hacia dónde va? Hoy las fuerzas políticas, al menos las más expectantes, parecen estar más ocupadas en el armado electoral que en las necesidades de la gente.

-En el discurso pareciera que sí, pero la realidad demuestra lo contrario, porque cada vez estamos más pobres, la educación se deteriora más y tenemos índices mayores de desempleo. Tenemos dirigentes políticos que hace muchos años que están en el poder y que siempre te van dando una receta, pero parece que no funcionan las recetas, porque de lo contrario no estaríamos como estamos. Entonces uno esperaría que hicieran una autocrítica, no solamente una crítica. Uno esperaría también que le pidan disculpas al pueblo por el daño que muchos de ellos le hacen al pueblo, algo que nunca he escuchado. Te dan clase. A alguno lo escuchás y te dan ganas de decirle “vos hace años que estás, quiere decir que algo tuviste que ver con lo que estamos viviendo”. Del partido político que sea, ¿eh? En todas las fuerzas seguro habrá gente que se ha brindado, que tiene vocación política, y eso es buenísimo. Pero cada vez estamos peor y entonces algo no se hizo bien.

Tenemos dirigentes políticos que hace muchos años que están en el poder y que siempre te van dando una receta, pero parece que no funcionan las recetas, porque de lo contrario no estaríamos como estamos. Entonces uno esperaría que hicieran una autocrítica, no solamente una crítica Tenemos dirigentes políticos que hace muchos años que están en el poder y que siempre te van dando una receta, pero parece que no funcionan las recetas, porque de lo contrario no estaríamos como estamos. Entonces uno esperaría que hicieran una autocrítica, no solamente una crítica

-¿Las prioridades de la política están escindidas de la realidad?

-Esto es como cuando vas al médico y te da un buen diagnóstico, pero la radiografía te demuestra que la enfermedad avanza. No sé si todos los políticos están en la realidad, yo creo que no. Y eso es una cosa seria. Muchas veces están pensando en su quintita, en el poder. Te dicen ‘falta mucho para pensar en las elecciones’, pero muchos están pensando en eso. Y hace dos años que están pensando en eso. Ahí vez la incoherencia. Uno desearía que tuvieran más empatía con la ciudadanía, que está sufriendo tanto. Creo que conocer la realidad no significa estar metido en la realidad, y la gente se da cuenta de quién camina la calle. Eso no se “couchea”.

-Quizá esa sea la verdadera grieta, la política de un lado y la gente del otro.

-Lamentablemente hay quienes apuestan a la grieta, aunque declamen la unidad. Y lo hacen porque les da rédito

-El famoso “divide y reinarás”.

-Eso es lamentable. Y muchos dirigentes serán recordados porque apostaron a la división o generaron más división. Desde que se gestó nuestra patria hay una cultura de grieta, es cierto, pero apostar a eso como estrategia o beneficio… Algunos ni siquiera se sientan a hablar con los del mismo partido. Por eso les pedimos un gesto de grandeza, que dejen de pensar en su quintita, en sostener el poder, y piensen en el bien común, en cómo salir de esta situación. No se proyecta a largo plazo, porque no da rédito. Eso es tristísimo. Pero la gente se da cuenta, no es ingenua.

-La gente se da cuenta, pero no hay mucha reacción, ¿se debe a la contención muchas veces silenciosa que realizan algunos sectores o al individualismo que predomina en estos tiempos?

-Me parece que hay una combinación de cosas. Como hay una reacción adversa hacia lo político, mucha gente dice “para qué te vas a meter, si salís ensuciado”. También hay desesperanza: “¿para qué te vas a meter, si no vas a cambiar nada?”. Y también a muchos se les va la vida laburando para sostener su almacén, su pyme, su familia, o para poder comer. Hoy una familia tipo necesita 100 mil pesos para no caer en el índice de la pobreza, entonces muchas veces no hay tiempo para otras cosas. Todo eso desalienta la participación. A eso se suma el egoísmo, el no ampliar el nosotros y mirar en conjunto, que es una conducta muy nuestra. Para generar un diálogo y tratar de salir de la lógica de la grieta hay que renunciar a algo, y no todos están dispuestos a hacerlo. Para no quedar atrapados en esa polarización, en la grieta, hay que mirar el conflicto pero no quedar atrapados en el conflicto. El Papa nos dice: “el todo es más que las partes”, nos invita a tener una mirada superadora. Pero muchos no se quieren meter. Somos una sociedad individualista, donde predomina el “sálvese quien pueda”. Por eso la frase “nadie se salva sólo”, para contrarrestar eso.

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-¿Esta crisis social también interpela a la Iglesia?

-Sí. Porque la Iglesia también es una institución formada por hombres, mujeres, personas, grupos. El primero que interpela a la Iglesia es Francisco. Permanentemente él nos está diciendo que no seamos autorreferenciales, que salgamos a la calle, que atendamos a los que más sufren, a los descartados, a los invisibles. Cuántas veces el Papa nos dijo que no nos quedemos peinando ovejas en la sacristía. Y la sociedad también nos interpela. Nosotros somos una voz más entre tantas voces, no los dueños de la verdad. Tenemos nuestras debilidades, flaquezas y pecados. Hemos vivido cosas durísimas, que nos hacen doler, y hay que trabajar para convertirse. Uno puede creer o no, pero para nosotros la opción por los más pobres, por los descartados, es una obligación evangélica. Hay gente a la que no le gusta eso.

El primero que interpela a la Iglesia es Francisco. Permanentemente él nos está diciendo que no seamos autorreferenciales, que salgamos a la calle, que atendamos a los que más sufren, a los descartados, a los invisibles. Cuántas veces el Papa nos dijo que no nos quedemos peinando ovejas en la sacristía El primero que interpela a la Iglesia es Francisco. Permanentemente él nos está diciendo que no seamos autorreferenciales, que salgamos a la calle, que atendamos a los que más sufren, a los descartados, a los invisibles. Cuántas veces el Papa nos dijo que no nos quedemos peinando ovejas en la sacristía

Tenemos dirigentes políticos que hace muchos años que están en el poder y que siempre te van dando una receta, pero parece que no funcionan las recetas, porque de lo contrario no estaríamos como estamos. Entonces uno esperaría que hicieran una autocrítica, no solamente una crítica

-¿Está cuantificado en Córdoba el fenómeno de la pobreza?

-En nuestra comunidad, antes de la pandemia asistíamos a diecinueve familias y hoy estamos ayudando a sesenta. Cada parroquia tiene ayuda de Cáritas y también de su gente. En la Arquidiócesis de Córdoba son seis mil familias por mes las que reciben alimentos y ropas. Sumado a la asistencia de las propias comunidades. Pero también hay otro tipo de asistencia: bolsa de trabajo, ayuda a migrantes que están a la deriva, contención para familias con adicciones o víctimas de maltrato, ayuda a personas que no tienen hogar, etc.

-¿Cómo se visualizan hoy la prepandemia y la postpandemia?

-El Papa tiene una frase, que al principio no sé si ese entendió bien, que dice “de una crisis se sale mejor o se sale peor, pero no se sale igual”. Y en toda crisis hay un punto en que uno tiene que elegir cómo salir y un punto en que la crisis te muestra qué es lo que hay. La crisis nos arrincona y ahí sale lo que somos como personas y como sociedad. Es como una radiografía, nos expone. En la cancha se ve qué clase de jugador es cada uno; si sos solidario, si sos violento, si le das el pase a un compañero o si querés tu gol. La pandemia ha potenciado mucho la solidaridad, pero también ha acentuado el egoísmo. Es algo que nos ha tocado en las fibras íntimas. También hay gente que quedó con muchas angustias y miedos, esa ha sido una secuela muy fuerte. Otra cosa que se resintió fue el hecho de encontrarnos y hablar. Creo que hoy tenemos más conexión que comunicación. Estamos en línea veinte horas por día, pero está faltando eso de poder contarnos qué nos pasa, qué estoy sufriendo, qué necesito.

-En esta charla citó varias veces a Francisco…

-No lo conozco, nunca hablé con él, pero es el Papa. El guía y referente. Para mí es un líder mundial indiscutible, discutido sólo aquí en Argentina, donde criticar es algo cultural. Me da gracia porque, de repente, alguien que no puede gobernar su vida cuestiona descaradamente a quien gobierna la Iglesia universal… En fin. Yo no tengo por qué coincidir en todo con él, porque no tengo que ser de San Lorenzo si a mí no me gusta San Lorenzo, pero es una persona que guía a la Iglesia en la dirección del Evangelio. Creo que ha puesto a la Iglesia en movimiento, nos ha sacudido. Muchas veces la gente se queda con lo que se dice que dice y no con lo que realmente dice.

-¿Su presencia en las redes tiene que ver con una decisión que forzó la pandemia o es una estrategia de comunicación?

-Creo que la pandemia trajo eso, entre otras cosas. Pero yo me metí antes. Me gusta comunicar y creo que es importante hacerlo. Después, el que quiere lo lee y el que no quiere no lo lee. De hecho un cura vive comunicando, en una oración, en una misa. La diferencia es que en este caso es virtual.

-En su perfil de Twitter dice “Hincha de Belgrano y de Ríver”, lo que a partir de 2011 vendría a ser casi como profesar dos credos diferentes.

-No hay conflicto, porque me tira más la sangre. A ese partido (NdR: la promoción-reválida del 26 de junio de 2011) lo vi, era un domingo, y lo recuerdo muy bien. El resultado me generó más alegría que tristeza, porque uno es cordobés. Me gusta escuchar los partidos, o saber cómo van, pero por mis tareas no puedo ir mucho a la cancha. La última vez que fui a ver a Belgrano fue un miércoles, cuando jugamos contra Curitiba por la Copa Sudamericana. Teníamos que empatar y perdimos, fue un partido terrible. Me gusta el fútbol y lo juego en algún campamento con los jóvenes o con un grupo “de 40 para arriba” que tenemos en Río Primero, adonde viajó todos los lunes. Lo mío es básico. Y vendría a ser el utilero, que entra de relleno cuando falta algún jugador.

“Legalizar el juego es fomentarlo”

Munir Bracco es una de las voces más decididas que se alzaron contra la legalización del juego online en Córdoba, aprobada por la Unicameral a fines del año pasado. “Con esta ley, cada casa se convierte en un casino”, afirma.

“La Pastoral Social ha tenido una posición clara sobre el juego siempre, no desde ahora. La ludopatía es una adicción tremenda; hay muchas personas que han perdido todo lo que tenían o han quedado endeudados por generaciones”, afirma el sacerdote.

“El Estado debe prevenir, concientizar, contener y ayudar, pero nunca exprimir la fragilidad humana. Legalizar el juego es fomentar la ludopatía y esa decisión atenta claramente contra la cultura del trabajo y del esfuerzo. Genera en muchos la idealización de que se pueden salvar jugando”, añade.

-En defensa de esta disposición se argumenta que un porcentaje de la recaudación del juego tiene como destino la ayuda social.

-Eso encierra un grado de cinismo muy grande. Es lo mismo que en la guerra, cuando un avión tira una bomba y destruye casas, escuelas, hospitales, familias, y después el mismo país del que te tiró la bomba te manda ayuda humanitaria para darte una mano con lo que primero destruyó. A esto lo dije en la Legislatura, donde claramente no se escuchó un reclamo que fue unánime. En este caso, los que representan o tienen que representar a los ciudadanos, no los respetaron en absoluto. La ludopatía afecta a todas las clases sociales, pero especialmente a los más pobres. Sabemos que con el juego online no se gana, que está armado para explotar la fragilidad de la gente y seducirla. En esto no hay azar.

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