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"Hay una negación cultural de la muerte en occidente"

El ex médico especialista en Emergentología del Hospital de Urgencias de Córdoba y ex docente de la cátedra Bioética en la UNC es el impulsor de uno de los proyectos de Ley de Eutanasia. Además, presentó el Proyecto Lina, que busca humanizar las terapias intensivas.

Por Guillermina Delupi

Países como Holanda, Colombia, Bélgica, Luxemburgo y recientemente España cuentan con leyes que permiten la eutanasia a pacientes con enfermedades terminales. En Córdoba, Carlos Soriano fue el impulsor del primer proyecto de Ley de Eutanasia, motorizado por el caso de Alfonso Oliva, un paciente diagnosticado con ELA, a quien no le permitieron morir y que falleció en 2019. Y por cuarenta años atendiendo situaciones límites en las terapias intensivas de la provincia.

- Venís trabajando el tema de muerte digna desde hace muchos años, ¿cómo surge esta idea?

- Dentro de la bioética existen muchas disciplinas. Se ocupa de cuestiones que tienen que ver con los límites de la vida pero también de la marginalidad, la pobreza, la vulnerabilidad. Ocuparse de que una persona muera dignamente sería una bioética de las situaciones emergentes, así como también lo son el aborto o la clonación. Y como es una transdisciplina, se abarca desde muchísimos ángulos: filosófico, antropológico, psicológico, médico. Tiene una mirada muy holística. A mí me apasionó por haber trabajado 40 años en terapias intensivas. Fueron muchos años de ver a personas que no morían de la misma manera que toda persona quiere vivir: dignamente. Siempre he afirmado que si una persona tiene derecho a vivir dignamente, como parte final de esa vida, tiene derecho también a morir dignamente. Y yo veía que esto no sucedía.

-¿Cuál es la dignidad que vale?

- Es muy interesante la pregunta porque cuando uno está en una clase con gente muy experimentada o incluso con un público común, uno hace esa pregunta. Y al unísono responden lo mismo: la dignidad del que está muriendo. Y esto, que es tan fácil de responder, en la práctica es dificilísimo.

- ¿Por qué?

- Primero porque hay una negación cultural de la muerte en occidente, lo que no sucede en oriente, donde es más natural. Aquí hasta el siglo pasado había dos tabúes que eran el Eros y el Tánatos. El Eros dejó de ser tabú con la ley de IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo), de Fertilización Asistida o de Matrimonio Igualitario. Se habla más de sexología, pero de la muerte nadie quiere hablar. Por otro lado, el médico está entrenado para salvar vidas. Tenemos un juramento hipocrático y nadie repara en lo que decía Daniel Callahan, gran bioeticista norteamericano: uno de los fines de la medicina es velar por una muerte en paz. Y eso no sale en los libros de medicina. Pasa también que cuando uno ingresa un paciente en terapia intensiva porque lo necesita, le pone respiradores, tubos, drogas que ayuden a latir el corazón, pero no sabe cuándo decir “hasta acá llegué, ya no hay más nada que tratar porque a ese paciente lo único que hay que hacer es permitirle morir”.

- Y luego está el tema de los familiares…

- Sí. Esa es una tercera cuestión. Se niegan a dejar que un ser querido “se les muera”. Y el médico, el personal de salud y la familia interfieren en ese proceso natural de muerte y hacen lo que llamamos futilidad médica o encarnizamiento terapéutico, que sólo prolonga la agonía. La eutanasia pasaría a ser parte de esta muerte digna. Hoy está reglamentado morir con dignidad, ley que fue sancionada en 2012.

- ¿Qué contempla esa ley?

- Que todo paciente tiene derecho a aceptar o rechazar cualquier terapia física o biológica con o sin manifestación de causa, inclusive aquellos tratamientos de hidratación y nutrición cuando los mismos prolongasen una situación de enfermedad irreversible, incurable, con un dolor insoportable. Esto está refrendado por el nuevo Código Civil argentino. El problema es que esta ley no es conocida por todo el mundo. Y cuando un derecho está pero uno no sabe que está, no existe.

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- ¿Por qué hacía falta una ley de eutanasia?

- Porque, ¿qué hacíamos con ese paciente que estaba muriendo irreversiblemente, con un dolor físico o psíquico, al que ya no teníamos nada que suspenderle, como el caso Alfonso, que fue el promotor de esta ley? (ver aparte “La ley Alfonso”). Una periodista le preguntó a Alfonso qué era lo que más extrañaba y él le dijo: jugar al fútbol, hacer el amor y comer. Alfonso soñaba de noche que corría, bailaba, comía y de día se despertaba en una pesadilla. No podía disfrutar ni el sabor de un café.

- ¿A partir de qué edad podría aplicarse la eutanasia?

- En nuestro proyecto, a partir de los 18 años. Hay otro, de la diputada Jimena Latorre, que es más avanzado porque de acuerdo al nuevo Código Civil ella considera adultos menores a los de 13 a 16 años. Y contempla que ellos pueden decidir sobre sus cuerpos.

- ¿Cuál sería la lógica del proceso para aplicarla?

- Una vez que el paciente la pide (no la puede pedir una tercera persona) el médico de cabecera, que es el responsable, lo deriva a un médico consultor, que debe ser de la misma especialidad que la patología que está sufriendo el paciente. Este médico consultor lo examina, verifica que el diagnóstico y el tratamiento sean los adecuados y lo deriva a una consejería conformada por paliativistas, terapistas, bioeticistas. Este equipo transdisciplinario verifica que el paciente haya pasado por los beneficios que le brinda la medicina paliativa y que no esté en una depresión pasajera, porque esto es para enfermedades incurables con un sufrimiento ominoso y un pronóstico de irreversibilidad.

- ¿Qué pasa con los objetores de conciencia?

- Igual que en la ley de IVE. Si un médico es objetor, tiene la obligación de derivar a su paciente a un médico de igual jerarquía que la suya. Puede ser objetor, pero no abandonar al paciente.

- ¿Está preparada la sociedad argentina para esta ley?

- Yo creo que sí. Mientras una ley amplíe derechos y no hiera a terceros, es bienvenida.

El Conicet en Argentina está haciendo una encuesta sobre la eutanasia entre los profesionales de la salud y en España, donde fue sancionada el año pasado, se hizo una encuesta entre toda la población. La sociedad española tiene características muy similares a la nuestra, porque hay gran ascendencia católica allá, y el 85% estuvo a favor de la eutanasia.

- ¿Se aplica clandestinamente?

- Sí. Claro. En este momento hay dos personas que me están pidiendo que salga la ley porque están queriendo la eutanasia. Una de esas personas pidió clandestinamente que se la hicieran y fracasó. Pero como todo lo clandestino, no puede medirse. La eutanasia es lo que se llama una necesidad oculta. No se sabe que la necesitamos hasta que la necesitamos; y cuando la necesitamos, no sabemos a quién acudir.

- ¿Presiona mucho la iglesia?

- La iglesia no, sí algunos eclesiásticos de jerarquía, con argumentos como que “Dios da la vida y solo Dios la puede quitar”. A lo cual yo respondo: Pero si me la dio, es mía y yo decido. El segundo argumento es que los católicos le damos un sentido distinto a la muerte y queremos ofrecer nuestro sufrimiento a Dios. Y la ley de eutanasia no prohíbe que vos le ofrezcas tu sufrimiento a Cristo. Pero no podés obligar a un católico que no piensa eso a que sufra si no quiere sufrir.

La Ley Alfonso

Alfonso Oliva tenía 36 años. Conoció a Soriano en 2018. Le habían diagnosticado ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad que va paralizando paulatinamente toda la musculatura hasta no poder mover ni un solo músculo. “Cuando conocí a Alfonso estaba sentado en una silla de ruedas y solo podía mover sus pestañas. Se comunicaba mirando una pantalla y pestañeando frente a las letras. Me había dejado una carta escrita donde, altruistamente, me decía que sabía que él no iba a poder disfrutar de los beneficios de la eutanasia pero quería que yo le prometiera que iba a luchar por esta ley”. Y así lo hizo. Soriano se reunió con tres diputadas: Brenda Austin, Gabriela Estévez y Liliana Montero y en 2019 se pusieron a escribir la ley. “En 2020 estaba lista. Luego, a finales de 2021, se presentaron dos proyectos similares: el del diputado Julio Cobos y el de Jimena Latorre”, cuenta Soriano. El proyecto, del cual es coautor, ya está presentado y sólo resta tratarlo sobre tablas.

Humanizar las terapias

Después de 40 años de trabajo en terapias intensivas, Soriano sabe que los pacientes sienten una pérdida total de la autonomía, que mejora mucho cuando tienen contacto físico con la familia. “Los ayudan a sanar, a restaurar la salud afectivamente”, dice. Además, las salas de las terapias intensivas no cuentan con luz natural, lo que hace que los pacientes pierdan el Ritmo Circadiano. “Hay una parte de la retina que mide cuando hay luz o no y hace secretar ciertas hormonas. Los pacientes pierden la noción de tiempo y espacio. Lo que proponemos en esta ley es que haya luminosidad natural y en las terapias donde no se pueda, que se coloquen luces especiales”. El proyecto contempla además que haya plantas, música y más cantidad de visitas. “Queremos más humanidad porque a los pacientes se los deshumaniza si se los aísla”, insiste. Hoy, países como España lo practican, aunque no en el marco de una ley. “Lo presentamos en la Legislatura en 2019; por la pandemia no se trató y ahora algunos legisladores de Nación nos lo están pidiendo, así que lo vamos a presentar a nivel nacional”, concluye Soriano.

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