Griselda Cardozo: "Mientras haya un proyecto, muchos de nuestros jóvenes apuestan por quedarse"

La especialista en psicología afirma que Argentina no es una isla y que jóvenes de otros países también sufren la incertidumbre por sus futuros. Por otro lado, advierte que no hay que generalizar, ya que los jóvenes con menos recursos no tienen posibilidades migratorias como los de las clases más altas. Además, detalla lo que sucede en las escuelas con el bullying y demanda continuidad en acciones y programas de prevención.  

Por Guillermina Delupi

Foto de Diego Cabrera

Griselda Cardozo es directora del Observatorio de Adolescencia del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi), un organismo asociado al Conicet; además ejerce la docencia en la Facultad de Psicología de la UNC y tiene a su cargo la cátedra de Adolescencia en la Universidad Católica de Córdoba. En su ámbito laboral, dos temas en particular encienden las alertas: por un lado, los marcados síntomas de depresión en adolescentes y por el otro, un alto grado de incertidumbre entre los jóvenes. En diálogo con MI Córdoba la profesional señaló que el acoso escolar comienza cada vez más temprano y que son escasas las políticas gubernamentales para retener a los jóvenes en el país.

- Si pudiéramos establecer un antes y un después de la pandemia, ¿cómo ves hoy la perspectiva de vida en jóvenes y adolescentes?

- Primero hay que decir que adolescencia y juventud son dos etapas diferenciadas, con dos problemáticas diferentes. Lo que estamos observando en post pandemia -al menos desde la clínica o desde las instituciones escolares a través de consultas de los docentes- es una problemática en relación a los hábitos de estudio y a la organización del tiempo libre y académico. Un coletazo de la pandemia tiene que ver con que hay un sentimiento ‘depre’ en los chicos, una dificultad para encontrarle un sentido a las actividades que hacen o para poder orientarse en un proyecto vital. Y en el caso de los jóvenes tenemos de todo un poco, porque hay jóvenes que en este momento se encuentran estudiando, realizando algún proyecto y con deseos de irse del país, que es lo que escuchamos cotidianamente. Pero ese no es un sentimiento generalizado, porque hay muchos que apuestan a quedarse. Mientras estén estudiando y tengan un ámbito laboral donde insertarse, ellos eligen quedarse en el país y apostar a lo que se pueda hacer acá, porque también evalúan que en el resto del mundo las cosas no están tan fáciles para poder insertarse laboralmente.

- Un informe de Colsecor indica que casi 8 de 10 jóvenes quieren irse del país, pero la estadística se repite en otros países, ¿no?

- Exacto. Mirá, te cuento una experiencia: el lunes pasado en una clase con los estudiantes de cuarto año de Psicología, que son jóvenes, tratamos el tema de la juventud. Yo les preguntaba cómo ven al país y cómo se sienten y surgió esta idea de que mientras haya un proyecto, ellos deciden quedarse. Hay dos estudiantes de la Universidad del País Vasco, que están como pasantes aquí, y yo les preguntaba cómo transitaban la juventud en este momento en España. Y ellas nos decían que pasa lo mismo que acá; con el agravante de que después de la pandemia están con la situación de la guerra, que incidió fuertemente en todas las familias y en las fuentes laborales. Nos contaban que los jóvenes no sólo tienen mucha dificultad para insertarse laboralmente, sino también lo que implica para ellos la formación. Todos sabemos que allá la educación es paga, entonces no es sencillo. Entonces los estudiantes mismos hacían esta comparación con las dificultades que se presentan en algunos países y decían que a veces es más fácil quedarse y pelearla un poco más en nuestro país. Entonces, es muy difícil generalizar. Porque además estamos hablando de jóvenes de sectores de clase media y media alta, que pagan universidades privadas. Pero para los chicos de sectores populares, con quienes trabajo en algunos barrios, es mucho más difícil la inserción.

- ¿Qué ves que sucede ahí?

- Bueno, ellos no tienen la posibilidad de irse del país, por ejemplo. Entonces sí, en algunos casos, piensan en terminar sus estudios. Aunque en las escuelas públicas hubo un desgranamiento impresionante en relación a la escolaridad. Hay muchos chicos que quedaron fuera del sistema después de la pandemia por las dificultades reales que hubo para poder continuar sus estudios y lo que se está haciendo ahora es un trabajo de captación. Hay un compromiso de muchas instituciones para que los chicos puedan continuar sus estudios, pero obviamente ven muy compleja la salida laboral, particularmente con todo lo que está pasando en nuestro país.

- ¿A qué atribuís la depresión en la adolescencia?

- Ese sentimiento, que es distinto a la sensación de incertidumbre que tienen los jóvenes, es un sentimiento ligado a ese bajón que les agarra cuando tienen que volver a la rutina de la escuela o ciertas dificultades que se presentaron durante la pandemia a partir del aislamiento. La dificultad de poder conectarse con los compañeros, de salir y tener actividades; todo eso generó un repliegue en la mayoría de los adolescentes. Que, vuelvo a repetir, es distinta a la incertidumbre que sienten los jóvenes, particularmente aquellos que ya terminaron la secundaria y se preguntan qué van a hacer tras recibir el título universitario. En la encuesta de la que hablábamos recién está tomada la porción juvenil de 18 años y me parece que es una encuesta que abarca una generalidad. Porque si hacemos una segmentación acorde a las diferencias en cuanto a sectores populares y el de la clase media o media alta, las realidades son muy diferentes.Lo otro que trabajamos con los chicos tiene que ver con las situaciones que ellos ven como problemáticas y obviamente la situación difícil que ellos ven es la económica, luego lo que tiene que ver con el futuro. Pero, por otro lado, también hay un marcado compromiso en torno al cuidado del medioambiente y la apertura para poder pensar ciertos cambios.

- ¿Por ejemplo?

- Todo lo que tiene que ver con la elección de parejas, la posibilidad de migrar y adaptarse a otras realidades. Son menos temerosos, están más preparados. Yo escucho a mucha gente decir que a los chicos les interesa agarrar una valija e irse un año a tener la experiencia del viaje. Pero a mí me parece que el hecho de irse significa para ellos tener un proyecto, ya sea de estudio o de trabajo. La mayoría es consciente que si se va del país tiene que trabajar o formarse académicamente.

- Hay algunas corrientes que critican que los jóvenes no quieran hacer carrera dentro de las empresas y que sólo buscan “generar impacto” en un corto plazo. ¿Cómo ves esto?

- Los adultos nos tenemos que dar cuenta que el contexto cambió. Ya ni nosotros hacemos una experiencia laboral en una empresa para toda la vida. Eso no existe más. Estamos en un mundo que cambia permanentemente. También creo que los jóvenes tienen una capacidad de adaptación muy grande. Hoy para ellos es altamente positivo el formato de trabajo híbrido. Manejan los tiempos de otra forma. No piensan en estar en una empresa toda la vida, eso les genera angustia.

- ¿Ves políticas o programas estatales que busquen retener a las juventudes en el país?

- Es complicado. Había ofertas, como el programa Primer Paso, por ejemplo, y creo que siguen estando, aunque sólo como una formalidad, porque en la práctica es muy complejo. En un momento se frenó todo incluso para los adultos. Tal vez haya oportunidades para chicos que salen de carreras como Ingeniería o Programación, pero es bastante compleja la respuesta porque no creo que se dé una generalidad. Y en relación al Estado, en algunos espacios se ofrecen oportunidades y en otros se van cerrando.

Argentina, tercera en ciberbullying

Según estadísticas de UNICEF, Argentina ocupa el tercer lugar en relación al ciberbullying si se compara con otros países de Latinoamérica. “La vuelta a la presencialidad ha traído muchas dificultades en lo que es acoso presencial también. Hemos hecho en el último tiempo muchas campañas contra el acoso entre pares para concientizar a la población, a las instituciones escolares y a los padres. Por otro lado, los docentes reflejan que no están lo suficientemente capacitados para trabajar con el tema”, advierte Griselda Cardozo.

- ¿Dónde fallan los mecanismos para erradicar el bullying?

- La dificultad que tenemos para trabajar todas las temáticas inherentes a las problemáticas con los adolescentes es la continuidad de las acciones. Si tuviéramos continuidad en programas orientados a la promoción de salud y prevención de riesgos, esto no pasaría. O estaríamos más preparados para poder intervenir. Pero no hay continuidad: surge el problema, se lo ataca y se finaliza la acción.

Cada vez más temprano

Una de las mayores preocupaciones en el trabajo con adolescentes tiene que ver con que el acoso empieza en edades cada vez más tempranas. “Nosotros trabajamos con el primer año del secundario, pero esto está sucediendo en quinto y sexto grado de primaria. Y es una tendencia, como todas las problemáticas de los adolescentes, porque con el tema del consumo de drogas pasa lo mismo”, advierte Griselda Cardozo. Sin embargo, la especialista reconoce que hay un creciente interés por parte de los padres en buscar ayuda. “Buscan espacios donde se puedan trabajar las temáticas. Y eso es altamente positivo porque cuando trabajamos en los talleres con ellos, muchos se enteran ahí que tal vez algo que ha pasado con su hijo termina siendo una situación de acoso en la escuela, en el club del barrio o en las redes”.

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