Sociedad |

"La discapacidad no es un hecho individual sino social, es de todos"

La periodista que cada miércoles conduce junto a Malena Pozzobón el micro de "Diversidad, qué ves cuando me ves" por Telefé Córdoba, advierte que los hijos necesitan de la urgente evolución de sus padres. Innovadora en la materia, logró que siete provincias tomen el material que produce en esta provincia para hablar de una problemática que hasta no hace mucho estaba completamente ausente de los medios de comunicación. "Todo lo que se aleja de la norma nos cuesta, nos asusta", advierte.

Por Guillermina Delupi

Cuando la genetista le dijo que su bebé tenía Trisomía 21, lo único que Flavia Irós preguntó fue si el bebé era nena o varón. Tras vivir un embarazo muy introspectivo, se puso al hombro la tarea de empezar a visibilizar las diferencias y sacar a la discapacidad de ese lugar oscuro al que la sociedad la ha condenado. Ella quería ser bióloga marina, pero la vida la fue llevando por otros caminos: de hacer móviles en FM Cielo pasó a convertirse en la primera mujer que se sumaba al piso de Canal 12 (siempre rompiendo moldes y estereotipos). Ahora, micrófono en mano, le pone voz a las minorías con un micro que el año pasado se quedó con el galardón de oro en los Premios Obrar Federal.

- El micro ahora se puede ver en varias provincias ¿Cómo pasó?

- Fue alucinante. En un montón de canales se plantearon que no tenían nada que aborde esta temática, así que tomaron el material que hacemos desde Córdoba. Pero la idea es producir también historias de esas provincias.

- ¿A cuántas provincias están llegando?

- A siete: Telefé Tucumán, Rosario, Santa Fe, Salta, Mar del Plata, Neuquén y Bahía Blanca.

- El acento del programa está en la convivencia y no en la inclusión. ¿Cómo es eso?

- Sí. Porque hay una estructura en la que pareciera que hay que incluir, pero es al revés: hay que convivir. No hay que incluir a nadie porque el mundo nos pertenece a todos. El derecho a la salud, a la educación, al entretenimiento es de todos. Es como hablar de cupos en los grados, eso por ley no existe. Antes esos cupos permitían que estos chicos accedieran a la educación porque si no, no iban a acceder nunca, pero ahora por ley tienen que tener un banco. Aunque luego te pongan trabas elegantes y excusas que no se entienden.

- ¿Las leyes están pero no se aplican?

- Hay un montón de leyes que están. Una abogada que sabe mucho de discapacidad me decía que nuestro país tiene una excelente legislación, pero no se aplica porque no se conoce. Entonces, a los familiares de personas con discapacidad la burocracia les gana por cansancio, la discapacidad más de una vez agota. Imagínate tener que estar siempre peleando. Y ese costado de la discapacidad duele cuando tenés que meter a tu hijo en una escuela con un recurso de amparo. Tenemos que entender que la discapacidad no es un hecho individual, es social, es de todos. Cuando las barreras son urbanísticas, actitudinales, de ignorancia, el que le está poniendo la barrera a la persona con discapacidad es el otro.

- Vos has abierto muchas puertas, ¿sos consciente de eso?

- Ojalá. Yo lo que noto es que he tirado la pelota a rodar para que se empiece a hablar de naturalizar. Esto no es un River-Boca entre normales y no normales.

- ¿Las políticas públicas acompañan?

- Creo que hay un montón de personas que hacen. Hay personas que ya vienen con otro chip…

- ¿Las nuevas generaciones?

- Las nuevas generaciones, ni hablar: son el futuro. Me refiero a algunas personas que ocupan cargos públicos, que están atravesadas por la temática y que ven todo distinto. Cuando te sensibiliza la discapacidad, porque te tocó o porque sos un ser empático, es mucho más fácil, hablás de igual a igual. Te doy un ejemplo: a mí, esos carteles que dicen “Discapacitados” me suenan muy violentos. Está bien, hubo una convención de derechos para personas con discapacidad que decretaron cómo los vamos a llamar o qué vamos a decir de estas personas que se apartan de lo heteronormativo clásico. Entonces a partir de ahí se establece que iban a ser personas con discapacidad: motriz, auditiva, visual. Pero antes que nada son personas. Cuando a vos te cae esa ficha y ves un cartel que dice “Discapacitado”, te hace ruido. Pero tenés que empezar a alinearte con eso porque el River-Boca yo lo veo en todo.

- Como en el amor, que no es una cuestión de género y sin embargo…

- ¡Claro! Pero fíjate que interesante eso que decís porque el que tiene una elección sexual fuera de la normativa produce odio y rechazo, en cambio la diversidad funcional genera victimización, lástima. Estamos tan poco habituados a aceptar lo diferente. Creo que hay que educar, pero son pequeñas revoluciones.

- ¿Cómo se cambia esa mirada vetusta?

- Es un trabajo artesanal. Son tan complejos los cambios sociales. Recién hoy estamos entendiendo de alguna manera la homosexualidad. Y estamos hablando de cosas que datan de largo tiempo y todavía nos cuestan.

- ¿Por qué creés que nos cuesta tanto mirar?

- Es cultural. Todo lo que se aleja de la norma nos cuesta, nos asusta. Imagínate cuando viene un hijo con discapacidad o que elige otra manera de amar. Es muy difícil. Hemos crecido con ese rechazo a lo diferente.

- Sin embargo vos has logrado sacarle solemnidad al tema.

- Sí. Me pasa con mi hija Alma también. Creo que llega un punto en el que si no entendés la diferencia como un valor agregado, pero no la diferencia de la discapacidad sino la que tenemos todos, terminamos inconscientemente buscando meternos en cajas de la normalidad.

- ¿Cómo se hace ese click?

- Es el quid de la cuestión. Es difícil, pero nuestros hijos necesitan de nuestra evolución urgente. Una vez, cuando Alma era muy chiquita, en el jardín una nena me dijo que su mamá decía que Alma era así porque estaba enferma. Yo le respondí que Alma no estaba enferma, que no tenía ni fiebre, ni tos. En ese momento me dolió, pero hoy veo ese tipo de cosas como una oportunidad. Por eso me gusta hablar de naturalización. Y para los chicos eso es genial porque ¿qué es cada síndrome? Una condición que implica determinadas cosas, como tener que andar en silla de ruedas o no poder ver. Porque si no, entramos en una estigmatización tremenda.

- ¿Cuál debería ser nuestro rol social?

- El primer paso es la empatía para dejar de invisibilizar. La empatía te permite, aunque sea por un minuto, imaginar el lugar del otro.

- Se nota que en el programa además te divertís mucho pero ¿cómo te atraviesan estas experiencias?

- Tuve que hacer un gran laburo de impermeabilización, porque al principio era muy crudo todo, nos empezábamos a meter en historias fuertes. Lo tuve que hacer porque si no, no podía seguir. Hay gente que tiene un montón de necesidades, pero mi papel es el de mostrar para sensibilizar.

- Si pudieras imaginar una sociedad distinta, ¿cómo quisieras que fuera?

- Hay una tribu, no me acuerdo si de Colombia o de Brasil. Es una pequeña sociedad que funciona desde lo que cada uno puede dar. Y miran a todos bajo la escala de la igualdad. No hablan de discapacidad, sino de talentos. Esa es la vara: la capacidad especial que tiene cada uno para determinada tarea. Es decir: yo puedo tener una capacidad especial para comunicar y no para las matemáticas, pero no es la persona con discapacidad la que tiene una “capacidad especial”. Todavía tenemos que andar mucho para romper esa estructura.

Una ciudad para pocos

A medida que Flavia Irós iba adentrándose en la tarea de visibilizar las diferencias, se iba encontrando también con los impedimentos propios de una ciudad hecha para cuerpos “normales”. Espacios en los que los obstáculos para moverse son moneda corriente cuando se tienen determinadas condiciones físicas. “Este es un problema de la ciudad, no de las personas –asegura-. Una vez, en uno de los micros que hacemos, una chica en silla de ruedas me dijo: “es un viaje a lo inesperado cuando salgo a la calle”, en referencia a que no sabía si iba a poder llegar, sin la ayuda de otras personas, a donde iba”. Para Flavia, cuando no hay recursos, la situación se agrava: “Hay una burocracia crónica que se ha generado, ni hablar de lo que sucede en las obras sociales. Muchas veces es cruel, hay chicos que necesitan tratamientos para poder avanzar. Entonces, en la discapacidad no podés estar solo, siempre jugás en equipo. Las personas satelitales de cada una de las personas con discapacidad son valiosísimas, valen oro”.

Flavia Iros DOS.jpg

¿Qué ves cuando me ves?

Con un micro que todos los miércoles a las 21.30 llega a los espectadores a través de la pantalla de Telefé Córdoba –“Diversidad: qué ves cuando me ves”-, Flavia Irós y Malena Pozzobón visibilizan las distintas realidades de aquellas personas que tienen distintos grados de discapacidad. Por la calidad de su contenido el programa llega desde hace un tiempo a diferentes provincias. El proyecto tiene también su versión web en Diversidad.cadena3.com, donde comparten diferentes historias. “Hay un monopolio de la normalidad de la que se habla. Yo no sé de qué me están hablando, pero sí entiendo que hay una vara que rige la normalidad. Por eso a mí me apasiona lo que hago, siempre me gustó esto, porque tiene un alto contenido social y porque me permite, a través de un micrófono, ponerle voz a minorías segregadas, invisibles, que no tienen voz, para que los otros las escuchen. No te digo que se logre todo, pero por lo menos lo ponemos en evidencia”, asegura Flavia.

Dejá tu comentario