Por Guillermina Delupi
"Desde mayo de 2021 hasta septiembre de este año sentí dolor físico todos los días"
A un año y medio de la tragedia de Circunvalación, Fernanda Guardia sigue valiéndose de una silla de ruedas y muletas para movilizarse. Mientras algunas pocas instituciones se acercaron a brindarle apoyo, las entidades gubernamentales siguen sin hacerse eco de la única sobreviviente que dejó este hecho trágico.
Fernanda Guardia es cineasta, egresó de la Facultad de Cine de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y sólo tiene pendiente su tesis, en la que estaba trabajando con su pareja, Sol Viñolo (29), hasta que un conductor borracho y drogado decidió subirse a su auto y el 17 de mayo de 2021 a las 16 embistió a Fernanda, Sol y Agustín (31), un amigo que había llegado a acompañarlas mientras esperaban una grúa en la banquina.
Agustín y Sol fueron asesinados ese día. Y Fernanda empezó un largo camino hacia una recuperación que aún no termina. Recibe a MI Córdoba en su casa, en Río Ceballos, hogar que compartía con Sol y que hoy habita con una perra, dos gatos y muchas plantas. Una foto en blanco y negro de Frida Kahlo pareciera sintetizar el derrotero que ha tenido que transitar durante los últimos diecisiete meses, mientras intenta recuperarse ayudada por una red solidaria de colaboración y las insignificantes ayudas del Estado.
- ¿Cómo era tu vida antes del crimen de Circunvalación?
- Siempre fui bastante activa físicamente y eso es algo que mentalmente me afecta bastante, porque siempre me gustó hacer deportes. En mi trabajo como camarógrafa necesitaba moverme, transportar cosas, colgarme trípodes. Una cosa bastante física, no trabajaba en una oficina, sentada; manejaba, viajaba, tomaba colectivos, iba y venía. En este trabajo se necesita mucho del cuerpo. Y de repente pasé a una vida sedentaria y dolorosa; no solamente estar quieta, sino sintiendo dolor. Recién ahora, después de la última operación, dejé de sentirlo. Pero desde el 17 de mayo del año pasado hasta el primero de septiembre sentí dolor físico todos los días. Había noches que directamente no dormía. Para mí era normal vivir con una infección y con dolor. Y ya no quería salir afuera.
- ¿Por qué?
- Porque ahí se ponía en evidencia que no puedo saltar ni correr. Salgo a la calle y me doy cuenta cómo cambió mi cuerpo y todo lo que no puedo hacer.
- Con el agravante de que esta no es una ciudad muy inclusiva que digamos...
- No. No podés andar en silla de ruedas en las veredas, ni acá, ni en Córdoba. Un día fui al Correo y me topé con un escalón imposible. Estás en una situación vulnerable y te exponés nuevamente a otra situación de vulnerabilidad. O vas al hospital y la casilla donde tenés que anunciarte es demasiado alta para una silla de ruedas.
- ¿Y cómo estás en lo emocional?
- (Se quiebra) Me tocó encarar un proceso que por suerte estoy haciendo con profesionales que me ayudan, pero siento mucha culpa: se me murieron dos personas al lado y eso lo tengo que llevar conmigo a todos lados. Y ahí aparece la culpa, siento como si tuviera que soportar el dolor por haber quedado viva; con qué cara decirles a los padres de Sol, o de Agus, que ya no me duelen más las piernas, que me estoy recuperando.
- ¿Culpa de empezar a sentirte mejor?
- Sí, y eso es algo que estoy trabajando mucho últimamente. La terapia me hace bien. Y también tener una red de contención, a mi familia cerca, a la familia de Sol y de Agus, mis hermanes, amigues. Nunca me faltó ni psicólogo, ni médico, ni quien me llevase al hospital. A medida que fui necesitando las cosas, fueron apareciendo, pero todo gracias a una red solidaria.
- ¿Cómo ha sido este proceso de recuperación?
- Estuve 37 días internada al principio; en total he tenido cuatro internaciones y doce intervenciones quirúrgicas. Al principio lo más difícil fue estabilizar el cuerpo, porque no solamente tuve fracturas múltiples y flotantes: tenía un hueco en una de las piernas, que no se podía operar. Me agarré una infección, una bacteria que se llama enterobacter cloacae, multirresistente, como las del cólera o la tuberculosis, que una vez que entran al cuerpo ya no se pueden eliminar; es una bacteria que debería estar en el intestino y yo la tengo en la pierna.
- ¿Es intrahospitalaria?
- Sí, y fue porque yo estaba con las defensas muy bajas, perdí mucha sangre. Además del shock emocional: abría los ojos y veía luces, escuchaba el choque, nadie me aclaraba lo que había pasado con los chicos. Tenía el pecho levantado, lleno de líquido, porque no me funcionaban los órganos. La primera semana estuve en el shock room, sólo recuerdo que todo el tiempo esperaba que apareciera la ambulancia que traía a los chicos.
- ¿Cuánto tiempo te va a llevar recuperarte totalmente?
- Nunca me dijeron cuánto. Una vez una fisiatra me dijo que por la cantidad de quebraduras y la infección podía ser de tres a seis años para volver a caminar. Y para la infección, diez años. Pero todo depende de cómo reaccione mi cuerpo. Una pierna ya se recuperó, los huesos están soldados y en la otra, la infección es lo que frena que se recupere el hueso. En el verano estuve 90 días con antibióticos intravenosos.
- Hablabas de una red solidaria de contención, pero ¿cómo fue la respuesta de las instituciones y el Estado?
- Al principio no podía dimensionar muchas cosas, estaba muy blindada también. Recién a los cinco meses empecé a captar cosas del entorno. Supe que Alan Amoedo estaba borracho y que lo habían soltado mucho tiempo después, no entendía por qué decían que había sido un crimen, me costaba entender muchas cosas. Pero después empecé a hacerme preguntas porque veía a mi papá que hacía gastos de farmacia y otras cosas y nadie le daba ese dinero. Además, yo no puedo trabajar, entonces no puedo generar nada. Hoy necesito recuperar mi cuerpo para poder tener calidad de vida y lo único que me va a dar calidad de vida es una recuperación total. Estar más de un año tomando antibióticos y alimentándome mal me va a generar una úlcera en el estómago cuando tenga 50 años. Pero nadie se ocupa. Y los gastos son muchos.
- ¿Y cómo están abordando estos gastos?
- Amigos y familiares. Una amiga me pasa plata, la mamá de otra amiga también. Cuando pasó todo esto hubo familiares y amigos que me hicieron depósitos y con eso estoy pagando el alquiler. A tres de mis terapias las está pagando la Agencia de Seguridad Vial: equinoterapia, algunas sesiones de uno de los dos psicólogos que tengo y unas sesiones de fisioterapia.
- ¿Por qué estás con dos psicólogos?
- Cuando me dieron el alta conseguimos un psicólogo, pero llegó un momento, antes que empezara el juicio, que yo sentía que estaba pasando algo nuevo en mi cabeza, pensamientos y sensaciones muy raras que tenían que ver con la depresión. Y busqué otro psicólogo con el que trabajo más con el inconsciente. Con el otro hablamos más de los vínculos.
- ¿Además de la ANSV, alguien más te brindó algún tipo de asistencia?
- El Ministerio de Salud de la Nación me dio 70.000 pesos, pero no sé qué pretenden que haga con ese monto. Después de la última operación me dijeron que tengo que hacer ultrasonido, magnetoterapia y cosas que me ayuden a regenerar los huesos y todo eso es muy caro. Pero nadie viene, tengo que ir yo a pedirles que me asistan.
- ¿Y la Provincia?
- El Ministerio de Desarrollo Social me dio tres cuotas de 30.000 pesos, pero también tuve que perseguirlos.
- ¿Y qué pasó con Caminos de las Sierras y con el seguro del auto?
- Tuvimos una instancia de mediación con Caminos y Seguros Rivadavia, que tuve que pagar yo. Rivadavia es el seguro del auto que conducía Amoedo, pero también se lavaron las manos porque el seguro es del auto y no de él; y como él estaba borracho hay una cláusula que dice que en esos casos el seguro no cubre. Y después, tener que lidiar con las ironías.
- ¿De quiénes?
- Caminos de las Sierras me dio un carnet que por discapacidad me permite andar en colectivo gratis, pero ¿a dónde voy a ir en colectivo si no puedo bajar sola las escaleras de mi casa? Tampoco pago peaje, pero para eso debería tener un auto y poder manejar. No me sirve de nada eso. Y no tengo energía, termina siendo más fácil entablar un buen vínculo con la fisioterapeuta o llevarme bien con el taxista del pueblo, que es la persona que me termina llevando al dispensario a las doce de la noche para que me pongan una inyección, que seguir esperando que alguien me brinde asistencia.
- ¿Sos consciente que la condena a Amoedo sienta un precedente?
- Sí. Por más que mucha gente piense que nueve años es muy poco, sí. Y algo que agradezco a nuestras familias también es que nunca hubo un sentimiento de venganza. Yo no me imagino un mundo lleno de presos, sino al revés, quiero que la gente tome conciencia. Y de hecho mucha gente me cuenta que ahora charlan con su grupo de amigos, que tienen conductores designados. Tiene que ver con dimensionar el daño que se puede llegar a hacer. Entonces, más que el precedente judicial, lo que importa es esta conexión, esta red de la que hablábamos y esa toma de conciencia. Porque la Justicia termina siendo algo muy ajeno, la gente no se apropia de la justicia.
“El recuerdo de ese día tiene hasta otro color”
“Cuando llegó Agus nos pusimos a charlar. Revisamos el capó y nos reímos porque ninguno de los tres sabía nada de mecánica. Hablábamos por teléfono con Carlos, el papá de Sol. Ella estaba nerviosa, entonces le di un abrazo y le dije que se quedara tranquila, que todo estaba bien. De eso me acuerdo mucho, del abrazo que le di. Y pienso en lo importante que es tratarnos bien como personas; yo no sé si hubiera podido seguir viviendo si hubiera peleado con Sol ese día. Agus se sentó y se apoyó en el auto de Sol. Yo me senté al frente de él, los dos con las piernas estiradas y Sol al costado, en cuclillas. Agus hablaba de su familia, contaba cosas de su niñez, de su vínculo con la música, con la poesía. En un momento Sol le preguntó a Agus cuántos años tenía. “31”, dijo él. Yo lo estaba mirando y eso fue todo. Y cuando me acuerdo de ese momento, es como que hasta tiene otro color ese recuerdo”.
Abandono institucional versus conciencia social
La tragedia de Circunvalación conmocionó a la comunidad y trascendió las fronteras de laprovincia. Diferentes sectores sociales y personalidades se hicieron eco del crimen y brindaron su apoyo, colaborando y exigiendo justicia.
- ¿Por qué creés que el caso conmocionó a la sociedad del modo que lo hizo?
- Porque es un tema bastante invisibilizado pero muy real y cotidiano y al que todes estamos muy expuestos. Creo que todes sintieron que podía haberles pasado a ellos, hasta el mismo Astudillo (NdR: Benjamín Sonzini Astudillo, el abogado defensor de Alan Amoedo) dijo que se le rompió el auto en la ruta y le dio miedo. Siento que muchas personas se identificaron. Por otro lado, hoy mucha gente se me acerca para contarme algo que tiene que ver con una negligencia o con un incumplimiento de las normas, como ver el celular, tomar alcohol o adelantar por banquina.

