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De la prueba genética a la foto con los golfistas

Un juicio sin rumbo

Por Hernán Vaca Narvaja

Semana corta del juicio oral y (no tan) público a Marcelo Macarrón. Por el feriado dispuesto para el censo nacional, el tribunal dispuso adelantar las audiencias a lunes y martes, destinando el primer día a una único testigo: la bióloga molecular Nidia Modesti, que en los agitados días de 2006 dirigía el Centro de Genética Forense del Ceprocor, instituto que dependía de la Agencia Córdoba Ciencia, es decir, del Poder Ejecutivo Provincial.

Al igual que viene sucediendo a medida que avanza el proceso, el fiscal Julio Rivero actúa en forma coordinada con el defensor Marcelo Brito. Entre ambos y el permisivo tribunalle tendieron una alfombra roja a Modesti para que se explayara -power point mediante- sobre el recorrido que hicieron las muestras del cadáver de Nora Dalmasso desde el momento en que fueron recogidas por los forenses en la casa de Villa Golf hastaque se enviaron al moderno laboratorio del FBI en los Estados Unidos. Lamentablemente Modesti no tuvo contraparte experta para evaluar sus apreciaciones. Y pese a sus insistentes críticas al bioquímico Daniel Zabala, sus muestras permitieron que el FBI pusiera nombre propio al principal donante del material genético hallado en la escena del crimen: el imputado Marcelo Eduardo Macarrón.

La discusión genética es central en esta causa. En cualquier país del mundo, el hallazgo de ADN es considerado un tesoro por los investigadores, porque supone la presencia de su portador en la escena del crimen. Ese razonamiento llevó al fiscal Daniel Miralles a acusar a Macarrón de ser el autor material del homicidio de su esposa. Y a Brito a recusarlo. El sucesor de Miralles al frente de la causa, Luis Pizarro, renunció a la prueba genética en su auto de elevación a juicio y pergeñó la indemostrable hipótesis del sicario. Rivero, quetiene la posibilidad de modificar la acusación, parece aferrarse al criterio de Pizarro. Sólo así se explica que se sumara al maltrato dispensado por Brito al bioquímico Zabala y aceptara como palabra santa la explicación de Modesti, pese a que la especialista en su momentorefutó las pruebas químicas de Zabala en base a un error conceptual que no supo explicar en su paso por tribunales. Su teoría de la “contaminación” había librado a Macarrón de la imputación cuando el fiscal Javier Di Santo desincriminó a su hijo Facundo. En lugar de reemplazarlo por a su padre –el hijo estaba imputado en base a un ADN familiar incompleto, al que el FBI logró ponerle nombre propio-, Di Santo dejó la causa sin imputados porque Modesti le dijo que no era imposible que la presencia del ADN del viudo en la escena del crimen fuera fruto de la “transferencia inespecífica” o la “contaminación” de prendas en el lavarropas familiar (¿?).

El vocal Gustavo Echenique le recordó a Modesti que, días antes, en esa misma sala, Zabala aclaró que ella cuestionó en su informe de 2007 la metodología de “fosfatasa ácida”, cuando él había utilizado la de “fosfatasa ácida prostática”, que es específicaen la búsqueda de semen. “Si el tema es dirimente sugiero consultar a especialistas, porque no es mi especialidad”, admitió Modesti. Pero el juez no re preguntó. Tampoco el fiscal. Ni el presidente del tribunal. Mucho menos la defensa, cuya mayor preocupación desde el comienzo del juicio ha sido atacar la prueba genética que ubica al imputado en la escena del crimen.

Modesti dijo que para dar una opinión definitiva necesitaba conocer la metodología empleada por Zabala. Nadie le recordó que el propio Zabala le explicó por teléfono cómo trabajaba y se lo reiteró por escrito a pedido del fiscal Di Santo. “Las muestras deben mantener intactas para garantizar que no están contaminadas en todas las etapas de los análisis. En este caso se diluyó la muestra, se la re suspendió. Y después se expuso los hisopos a 37 grados, temperatura que permite la proliferación de bacterias”, dijo la especialista, demostrando un cabal conocimiento de la metodología utilizada por Zabala.

La especialista admitió que tanto al Ceprocor como a la Policía Judicial de Córdoba las muestras enviadas por Zabala dieron negativo a la presencia de semen. Según dijo, también cuando fueran analizadas por el FBI. Sin embargo, admitió que después se determinó la presencia de ADN masculino, que el Ceprocor determinó pertenecían al “linaje Macarrón” y el FBI –con mejor tecnología- les puso nombre propio, lo que motivó la desvinculación de Facundo Macarrón de la causa y la posterior imputación de su padre. En definitiva, admitió Modesti, el FBI determinó que el principal donante del material genético hallado en las zonas íntimas de la víctima –vulva, sábanas y cinto homicida- fue el viudo. Aunque aclaró que en el cinto homicida también había rastros minoritarios de otro perfil genético masculino y que los pelos hallados en la zona pública y en la mano de la víctima no coincidían con el ADN de Macarrón ni de ninguno de los 29 varones con que fueron cotejados (desde el padre Jorge Felizzia hasta el fiscal Di Santo, pasando por Rafael Magnasco, Gastón Zárate y Miguel Rohrer).

El martes, para sorpresa de todos, se dejó de hablar de la prueba genética. En cambio, declararon tres golfistas que viajaron con Macarrón al torneo de Punta del Este. El dato llamativo fue que el viudo aparece en la foto que la delegación se tomó el viernes a la noche, pero no en la del sábado a la mañana, momentos antes de empezar a jugar. “Estaba practicando junto con Arturo Pagliari”, aclaró el viudo, que pidió la palabra luego de escuchar a sus amigos. Se espera que hoy el tribunal cite a Pagliari para corroborar o desmentir sus dichos, claves para determinar la “ventana horaria” en la que nadie vio al viudo en Uruguay mientras su esposa era asesinada en Río Cuarto. Llamativamente, ni el fiscal ni la defensa pidieron citar a Pagliari.

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