"Yunga", la mujer trans que no dejan jugar en la Liga Cordobesa de Fútbol

Todo parecía indicar que Yunga haría historia como la primera mujer trans en jugar un partido oficial de fútbol femenino de la Liga Cordobesa de Fútbol (LCF).

Por Anabella Antonelli

Me espera en una esquina. La invitaron a un conversatorio sobre deporte y género, nos reunimos antes y apuramos la charla. En su documento se llama Mercedes Fernández, pero se presenta como Yunga, “mi nombre de transición”, explica. Es tucumana, tiene 32 años y vive en la ciudad de Córdoba. Estudió Física en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional, fue becaria doctoral de CONICET y entrena hace seis meses en el Club General Paz Juniors.

“Hace cinco años que venía jugando partidos semanales amistosos de fútbol mixto, pero era solo una vez por semana y es caro porque se alquilan las canchas”, dice en conversación con MI Córdoba. Quería jugar de forma más competitiva, así que lo escribió en redes sociales y, para su sorpresa, la contactaron de la Agrupación Social y Deportiva, acercándola al club.

La Ley de Identidad de Géneros, aprobada en Argentina hace una década, establece claramente que la identidad autopercibida debe respetarse en todos los ámbitos, incluso el deportivo. Mara Gómez, Tiziana Lezcano y Jezabel Carranza son tres mujeres trans que hoy, después de una extensa lucha, juegan de forma profesional.

Sin embargo, para que Yunga obtuviera el carnet habilitante para jugar le pidieron el cambio registral. “En el reglamento dice que se necesita el DNI de mujer, así que yo esperé para hacerlo más fácil, o eso creía yo”, señala. Con el nuevo documento en mano, recibió el carnet expedido por la Liga y el 20 de agosto tuvo su primera convocatoria para jugar en la Primera A. La citaron una vez más, pero en ninguno de los partidos entró, “porque no dio, pero también porque ya empezaba a reverberar que se habían enterado que yo estaba por jugar”, explica.

La posibilidad concreta de que pise las canchas en un partido de la Liga hizo saltar las alarmas. Faltando dos fechas para terminar el torneo, la Liga Cordobesa de Fútbol convocó a delegades de los clubes y capitanas de los equipos para debatir qué hacer. Pese a que las leyes y reglamentos vigentes podrían favorecer a Yunga, la entidad decidió que la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) sea la que se expida sobre el asunto. Tres semanas después, y a días de la última fecha, Yunga todavía no contaba con una resolución que la habitara para jugar.

Una de las principales discusiones se relaciona con una supuesta “ventaja deportiva” que ella tendría como mujer trans sobre el resto de las futbolistas cisgénero. Sin embargo, hasta la actualidad no existen evidencias científicas que lo comprueben.

“Nos parece discriminatorio. El nivel de testosterona no es un parámetro que tenga mucho sentido en términos futbolísticos, no es como el peso en el boxeo, es una hormona, no hace que juegues mejor o peor al fútbol. Además, otras chicas también pueden subir su testosterona de distintas formas -explica la deportista-. Es discriminatorio y absurdo poner límites endocrinológicos, porque, además, podría haber chicas trans que no quieran hormonarse. ¿En qué liga sí pueden jugar, entonces? porque sino es sólo discriminación”, reflexiona la deportista.

El equipo y el director técnico bancan la situación y si bien el club apoya, no accionó. “Yo creo que no saben qué hacer -explica la futbolista-. Es como si no les pareciera importante, no lo ven como una forma de abrir, de transformar, lo ven como un caso particular que ya se solucionará. No les genera un replanteo como personas o como club”. La situación de Yunga es particular porque es la primera en Córdoba, “pero es algo que va a empezar a pasar cada vez más, muy pronto va a haber otra”, afirma.

Es evidente la necesidad de profundizar en la formación en la Ley de Identidad de Género y la Ley Micaela en los clubes. Las discusiones de las autoridades respecto a la participación de una persona trans en el fútbol siguen girando en torno a los vestuarios y los baños, sustentadas por una mirada que, muchas veces, no sólo desconoce las realidades trans, sino que se funda en peligrosos prejuicios.

“Tenía terror, pensé que me iban a querer mucho menos”, comenta sobre su ingreso al club. Y si bien había algo de desconfianza al comienzo, cuando la conocieron se integró fácilmente al equipo. La posibilidad de compartir y de que haya cercanía con las personas trans es, para Yunga, fundamental para desterrar los miedos. “Si nos mantenemos en la teoría hablamos de una persona trans abstracta que va a jugar fútbol, pero cuando conocés a la persona te das cuenta de que no hay ningún plan maquiavélico de sacar ventaja deportiva. El miedo se va cuando se ve que no pasa nada”, señala.

A Yunga le gustaba jugar a la pelota desde que era muy jovencita, pero las tradicionales dinámicas de maltrato del fútbol masculino la alejaban. “No por la competitividad, sino por esto de insultar a alguien cuando hace algo mal, cuando no cumple, es algo muy capacitista. En el fútbol femenino también pasa, pero en junior en particular no”, refiere.

Su experiencia en el fútbol mixto le mostró una dinámica deportiva que acompañaba su proceso de transición de género, en medio de la gran visibilización de los transfeminismos, desde 2015: “Fue todo junto, porque cuando me dejaron de gustar esas prácticas violentas entre varones, también empecé a cuestionar mi propia varonilidad. Entonces fue redescubrir el fútbol, pero con otras lógicas”, señala.

Mara Gómez, actual jugadora de Estudiantes de La Plata, fue una inspiración para que Yunga diera el primer paso. Mara debutó en diciembre del 2020 en Villa San Carlos y fue la primera futbolista transgénero habilitada. “Cuando me enteré de su caso se me ocurrió por primera vez que podía jugar en el torneo de fútbol más competitivo. Por ella también me enteré que había otras dos, y que Jezabel (Carranza) juega con 43 años. Eso también me entusiasmó, porque me quedarían 10 años de fútbol”, dice entusiasmada.

Para la futbolista, es una oportunidad de trabajo, con las dificultades que tienen las personas trans en el mundo laboral, y de poder visibilizar otras necesidades, como un centro de salud para deportistas trans o una obra social para jugadores. La popularidad y espectacularidad del fútbol lo hace un terreno interesante para poner en el centro de las miradas a las vidas trans y ayudar a desnaturalizar el binarismo de género y “que las personas trans, intersex o no binaries puedan elegir dónde quieren jugar”.

*Fotos Gentileza @maurifotoscba

Dejá tu comentario