Por Guillermo Posada / @cortodemira
Las cifras de la desocupación convulsionan las calles de Córdoba
Una semana de acampes y protestas dieron marco a la difusión de los últimos datos del INDEC, que ubican a la provincia otra vez por encima de la media nacional de desempleo y segunda en el ranking de trabajadores ocupados que buscan un segundo empleo porque el salario que perciben no les alcanza para mantener a sus familias.
La semana pasada el centro de Córdoba fue espacio de manifestaciones de diversas organizaciones, piqueteras y sindicales, que se movilizaron e instalaron en carpas para hacer públicoel reclamo por la falta de ingresos, trabajo genuino y para exigir que el Estado haga algo para detener una carrera inflacionaria cuyos pronósticos superan ya los tres dígitos para lo que resta del año.
Entre las concentraciones más numerosas y significativas estuvo la protagonizada por la organización piquetera Polo Obrero, brazo territorial del Partido Obrero, que realizó un acampe de dos días sobre el remozado Bulevar Chacabuco, que el intendente Martín Llaryora todavía no alcanzó a inaugurar. Frente a la delegación local del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, los piqueteros reclamaron trabajo genuino y cuestionaron a la cartera social por la mala calidad de la mercadería que el Gobierno suministra a los comedores barriales. “Nos mandaron maíz piscingallo para que los chicos coman pororó. Una vergüenza”, dijo el referente del espacio, Emanuel Berardo.
También movilizó sus cuerpos orgánicos la CGT cordobesa de José Pihen, que se mostró activo hostigando desde la calle Rosario de Santa Fe, a pocos metros de donde extendían sus carpas los piqueteros y frente a la Bolsa de Comercio de Córdoba. Fue un mensaje para adentro y para afuera: el Gobierno provincial deberá tomar nota de que el mandamás del Sindicato de Empleados Públicos (SEP) no cederá su protagonismoy lo demostró en las calles a una semana de que el candidato Llaryora se mostrara con sus adversarios internos,que lo desplazaron de la conducción formal de la CGT con la venia de la conducción nacional de la central obrera.
“Estamos frente a la cueva de los que forman los precios, frente a la cueva de los que aumentan los alimentos día a día y sin ningún control”, dijo el líder del SEP, que no desconoce que el ministro de Hacienda de Córdoba, Osvaldo Giordano, es un asiduo visitante de la entidad cada vez que el oficialismo realiza actos de proselitismo empresarial. Pihen apuntó contra los formadores de precios y centró su crítica en que la inflación horada cualquier aumento de sueldos. Dejó en claro que el reclamo de mayor control de precios no reconoce fronteras ideológicas y la inflación es la principal preocupación de los trabajadores, tanto formales como informales.
Hasta ahora, desde la Provincia la única señal la dio el nuevo ministro de Trabajo, Facundo Torres, que prometió cuando asumió que “las políticas de apoyo a los emprendedores que viene desarrollando el Gobierno provincial continuarán” bajo su gestión.
INDEC
En septiembre se difundieron las nuevas estadísticas de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza periódicamente el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). El relevamiento, cuyos datos duros recaba en Córdoba la Dirección General de Estadística y Censos de la Provincia, cubre unagrilla de temas para el análisis sociológico y donde se destaca por su importancia la tasa de desocupación nacional, que a su vez está fraccionada por grandes centros urbanos.
Su difusión de la última medición del INDEC castigó nuevamente al modelo cordobés, que hasta hace poco tiempo parecía inconmovible de la mano del liderazgo silencioso del gobernador Juan Schiaretti. Porque si bien la desocupación bajó en el Gran Córdoba, en línea a lo que sucedió en todo el país, el conglomerado que encabeza la capital provincial se destacó -como viene sucediendo hace años- como la ciudad con mayor tasa de desocupación del país, con un 8.7%, casi dos puntos más que el orden nacional, lo que en porcentaje indica que en Córdoba la falta de empleo es un 25% más alta que el promedio del resto del país.
Córdoba se ubicó además en el segundo puesto nacional de personas ocupadasque buscan una segunda alternativa laboral para complementar sus ingresos, después del Gran Tucumán, con un 28.8%. El dato refleja que el nivel de ingresos obliga a las y los trabajadores ocupados a competir con los desocupados por los puestos que ofrece el mercado laboral mediterráneo.
Rosario, más lejos
Pero quizás el indicador más preocupante de la realidad laboral provincial continúa siendo la diferencia entre las condiciones de trabajo del Gran Córdoba en relación al Gran Rosario, conglomerado de referencia para comparar porque ambas jurisdicciones son similares en cantidad de población, entramado productivo industrial e impacto del modelo agropecuario.
El cuadro que muestran ambas ciudades es casi opuesto: Rosario tiene la mitad de la desocupación que Córdoba, con un 4.3 % contra el 8.7 % de la ciudad mediterránea. Además, los ocupados que buscan otro trabajo en Rosario son el 10.3 %, contra el 28.8 % de los cordobeses (casi tres veces menos). Por último, la subocupación rosarina es la mitad de la cordobesa: 8.5 % contra 17.2 %.
En mayo, la vocera presidencial Gabriela Cerruti criticó a la administración de Schiaretti porque en aquel momento los datos del INDEC ubicaban a Córdoba al tope de la desocupación. Le respondió el ministro de Desarrollo Social Carlos Massei tratándola de “porteña que no sabía nada” y aclarando que había omitido la tasa de actividad del empleo privado, en Córdoba era de las más altas del país. Este mes ese indicador se mantuvo por encima del promedio nacional: 49.3 % contra 47.9 %. Pero volvió a perder con Rosario, que se ubicó en el 50,6 %, apenas por debajo de CABA, que lideró el ranking con el 53,7 %.
Explicaciones
Distintos actores académicos y del mundo de la economía buscaron dar una explicación sobre el por qué de la situación laboral local. Para el Observatorio de Trabajo, Economía y Sociedad (OTES), la causa debe buscarse en la transformación productiva de Córdoba de la última década. “La provincia inició un camino que combina reprimarización y desindustrialización de nuestra economía”, señaló el economista Luca Llorens. Y explicó: “Hay que tener en cuenta que el campo pasó de tercer a primer puesto en la actividad económica provincial, en tanto la industria cayó al tercer escalón, cuando hace una década era alrevés”.
En esa línea, OTES consignó que como la industria genera más puestos de trabajo y mejor remunerados, la preponderancia del sector agroindustrial pega de lleno en el mercado laboral. Los resultados de la estadística de INDEC serían la expresión de ese proceso. “Por cada cuatro puestos de trabajo que genera el campo, la industria produce 14 a valores constantes. Además, la industria crea trabajo de calidad y mejor remunerado que el campo, con un seguimiento paritario de los sindicatos que dan mejores garantías de sostenimiento del poder adquisitivo de los trabajadores. En el campo hay mucho más trabajo informal y peores sueldos”, aseguraron. Y advirtieron que “debe tenerse en cuenta que durante el gobierno de Alberto Fernández el trabajo privado formal está manteniendo el poder adquisitivo, a pesar de la inflación, pero el mercado informal viene perdiendo mucho y eso impacta en la generación de pobreza”.
Demanda por trabajo digno
MI Córdoba conversó con algunas de las personas que participaron del acampe que realizó el Polo Obrero para conocer de primera mano las demandas de los sectores que más sufren la crisis.
Joana Benavidez, vecina de barrio Cabildo: “En el barrio cada vez está más duro. Aumenta la gente desempleada, los sueldos no alcanzan, la Provincia no le está entregando a los chicos la mercadería en la escuela como hacía antes. Vinimos a acampar para que se nos mejore la cosa. Yo no tengo trabajo y estoy con el Polo porque es la única (organización) que me ayuda, soy cabeza de familia y tengo tres hijos chicos que comen todos los días. Tampoco nos entregan la leche como antes, porque el Gobierno (provincial) la entrega ahora hasta los tres años, cuando los chicos toman leche al menos hasta los 10. Los dispensarios tampoco entregan la leche. La gente en el barrio está muy cansada y se nota. Son muchos años pasando carestías. No alcanza para comer diariamente, las clases muy bajas ya no llegamos. Si a mí me ofrecieran un trabajo con un sueldo digno que supere los 100 mil pesos, como dice la canasta básica, estaría trabajando. Pero trabajo no hay”.
Noemí Arias, vecina de Barrio Sachi: “Mi barrio siempre fue el último orejón del tarro, es chiquito y no tenemos centro vecinal. Solo hay un pequeño dispensario que atiende de 8 a 13, de lunes a viernes. La mayoría de la gente son trabajadores independientes: vendedores ambulantes, empleadas domésticas, gente que hace changas. Yo tengo una pensión por viudez, por lo que cobro la mínima. Además, de 14 a 18 trabajo de empleada doméstica todos los días. Pero, así y todo, con dos hijos y pagando un alquiler, no me alcanza para cubrir los gastos. Los que hablan de planeros no saben nada. Yo trabajo y no cobro ningún plan, hasta salimos a vender empanadas los fines de semana. Mi prioridad es el estudio de mis chicos, que van al secundario y les piden material. Hay que mandarlos bien a la escuela, como corresponde, y ellos no tienen comedor en la secundaria. Pero por el hecho de tener una pensión por viudez el Gobierno no me da nada, ni tarjeta alimentar, ni AUH. Lo que necesito es que mis condiciones de trabajo mejoren, tengo estudios, soy auxiliar en enfermería y no tengo un buen trabajo”.
Martín Mansilla, 41 años de barrio Cáceres: “En este momento buscamos salir adelante y remarla, reclamando laburo genuino para tener el derecho de trabajar dignamente, como tiene que ser. Para eso estamos acá luchando. Hago changas, tenía un trabajo, pero me despidieron y ahora lo único que me queda es salir a lucha con la gente. Cobro Potenciar Trabajo, que ayuda un poquito, pero no alcanza. Hay que cubrir los gastos de la escuela de mi hijo, hablamos también de la ropa y el calzado, que hoy en día están caros. Actualmente no nos podemos vestir y calzar como antes. Los precios de la comida y la vestimenta están impagables. Yo pienso que el gobierno tendría que mandar más controles a los comercios, en los barrios, sobre todo. Porque hay mucha inflación y no se entiende, si el dólar está clavado. Hago 10 cuadras y encuentro un precio un poco más bajo, lo que demuestra que cualquiera vende y pone el precio que quiere. Los que salimos perjudicados somos nosotros, que vivimos el día a día”.

