Por Hugo Caric
Roberti: "En la Villa Olímpica, la mayoría no tomaba dimensión de lo que había sucedido"
Firmo Emilio Roberti fue el único deportista cordobés que integró la delegación argentina en los Juegos Olímpicos que se realizaron cinco décadas atrás en Alemania. El tirador de Brinkmann recuerda el trágico episodio del 5 de septiembre de 1972, cuando 11 miembros del equipo de Israel fueron secuestrados y asesinados por un comando palestino.
Firmo Emilio Roberti (79) es el único cordobés que integró el equipo argentino en Múnich 1972, el primero de los cinco Juegos Olímpicos que lo tuvo como protagonista en la competencia de tiro. “Para mí fue inolvidable, la mejor de las ediciones en las que me tocó estar, quizá por el hecho de debutar como representante de mi país en un evento de una magnitud enorme”, afirmasobre la experiencia de hace cinco décadas en Alemania.
Oriundo de Brinkmann, pero radicado en Tucumán desde adolescente, Roberti fue uno de los 92 deportistas de Argentina que se alojaron en el Olympiapark, la villa donde el 5 de septiembre de 1972 se produjo uno de los episodios más impactantes de la historia del olimpismo moderno: el secuestro y posterior asesinato de 11 deportistas israelíes a manos de un comando terrorista palestino. Se lo conoce como “La Masacre de Múnich”.
“Nos alojábamos en un edificio que estaba junto al frente del sector que ocupaba la delegación israelí, separados apenas por una calle”, cuenta el extirador. Señala que, a pesar de esa cercanía, no llegaron a tener un trato particular con las víctimas del atentado: “El contacto era permanente y con todos por igual. Nos cruzábamos en los comedores, en los pasillos y durante las competencias, siempre con un trato muy cordial”.
Refiere al atentado como un hecho que resultó “impactante” y también “inesperado”. “Hasta ese momento todo se había mostrado muy organizado, muy controlado y muy seguro. Los deportistas estábamos en una especie de ‘burbuja’, disfrutando de los Juegos con una emoción muy especial, sobre todo los que éramos del interior del país”, comenta en alusión a los primeros 10 días de competencia en territorio alemán.
Tensión y silencio
Por esas cosas del destino, el cordobés Roberti no estuvo en la Villa Olímpica de Múnich la madrugada en la que siete integrantes del comando “Septiembre Negro” irrumpieron de forma violenta en el bunker israelí, tomaron como rehenes a cinco deportistas, cuatro entrenadores, un árbitro y un juez, y exigieron la liberación de 236 prisioneros.
Como ya había terminado su participación en el torneo de tiro (ocupó el 26° puesto en la clasificación general), Roberti aprovechó para hacer una visita relámpago a la fábrica “Rowning”, con sede en la ciudad belga de Herstal. “Me invitaron a conocer el lugar y de paso aproveché para comprar una escopeta más adecuada para poder tomar parte de las competiciones de alto rendimiento, algo queno tenía en aquel momento. Fue la que luego utilicé en los otros cuatro Juegos Olímpicos en los que me tocó estar”, explica.“Me enteré del atentado adentro de la fábrica de Bélgica, ya que fue una noticia de gran impacto mundial, y de inmediato me volví a Múnich. Sucede que el Gobierno argentino había alquilado un vuelo chárter para la delegación olímpica, así que todos los integrantes teníamos que permanecer en la Villa Olímpicadurante los 30 días que duraban la preparación previa y el evento, ya que nos íbamos y nos volvíamos juntos”, relata el extirador.
“Cuando regresamos a la Villa había un montón de versiones sobre el hecho, pero la información oficial era muy limitada. El evento fue interrumpido uno o dos días y lentamente volvió la calma”, recuerda Roberti. El impasse duró 34 horas, con una misa de por medio y un tibio discurso del titular del Comité Olímpico Internacional, el estadounidense Avery Brundage, que precipitó las deserciones de los representativos de Israel y Egipto. “En esos momentos el clima era de tensión, de mucho silencio. Todos estábamos pendientes de qué sucedería con la continuidad de los Juegos”, apunta el embajador del tiro argentino en Múnich ’72.
“Salvo el caso de los que estábamos más cerca de los israelíes, que éramos los argentinos, los uruguayos y algunos otros, en el resto de la Villa Olímpica me parece que no se tomó dimensión de lo que había sucedido, hasta que trascendieron las noticias”, reflexiona Roberti medio siglo después del impactante episodio, que terminó en un rescate frustrado en la base aérea de Fürstenfeldbruck, y el agregado de cinco terroristas y un policía a la lista de víctimas fatales.Y se sorprende con un dato del que toma conocimiento por primera vez en tantos años: que uno de los fallecidos de la delegación israelí, Kehat Shorr, era entrenador de tiro.
Más allá del horror
Tras su participación en Múnich ‘72, Roberti repitió la experiencia en los Juegos de Montreal ’76, Los Ángeles ’84, Seúl ’88 y Barcelona ’92. Se reconoce “orgulloso” de haber representado al país en cinco competencias olímpicas, y cuenta que no pudo estar presente en otras dos ediciones (Moscú ’80 y Atlanta ’96) a pesar de haber clasificado. “En Rusia fue por el tema del boicot y la última vez no fui porque ya no me aguantaban. Al deporte hay que dedicarle mucho tiempo y la verdad es que es bastante complicado mantener una industria”, puntualiza. “Siempre lamento no haber podido llegar más lejos, pero al menos tengo un diploma”, señala en alusión al octavo puesto que logró en la capital de Corea del Sur.
Roberti revela que se dedicó al tiro “de casualidad y medio engañado”, ya que una tarde en la que el mal clima le impedía ir de cacería, hasta ahí su hobby preferido, lo invitaron a probar puntería, pero con los platillos. “Me gustó y empecé a competir. Arranqué en 1998 y dejé en 1995, después del Preolímpico”, apunta. Hoy lleva más de tres décadas al frente de la empresa que fundó y que administra junto a sus tres hijos: una fábrica de cartuchos de caza y tiro deportivo ubicada en Ohuanta, una comuna rural ubicada a 30 kilómetros de la ciudad de Yerba Buena. Dice que en Brinkmann le quedan “una tía, varios primos y muchos recuerdos”.
-¿Es cierto que de chico quería dedicarse al fútbol?
-Claro. Por eso me rajaron de Córdoba. Un muchacho de mi pueblo que me había visto jugar en los Torneos Evita fue a hablar con mi padre para ver si podía llevarme a jugar a Newell´s Old Boys de Rosario, pero en esa época era estudiar o laburar. El asunto es que, cuando cumplí 14 años, me mandaron a vivir con unos parientes en Tucumán. Y acá estoy.
-¿En qué posición jugaba?
-Era wing izquierdo, wing derecho o centrofoward, siempre arriba.
-¿Y cómo andaba con los tiros en esa época?
-Tenía buena puntería. No acertaba tanto como con los platillos, perome defendía bastante (risas).
-¿Se engancha con ‘la tele’ cuando llegan los Juegos Olímpicos?
-Sí, claro. Me gusta. Y me hace recordar todo lo lindo que viví. Lo que más recuerdo, siempre, es cuando entramos al Estadio Olímpico de Múnich con toda la delegación argentina, el día de la ceremonia inaugural. Fue un momento maravilloso y emocionante. También soy muy futbolero, pero ahora sólo veo algunos partidos de Boca o River, y cuando juega la Selección Argentina. ¿Sabe qué pasa? Se ha desvirtuado un poco el asunto. Antes se jugaba con el corazón, por la camiseta y por el país, y hoy predominan otros factores. No me gusta cómo funciona el deporte de ahora.
Cinco anillos y un diploma
El tirador cordobés Firmo Emilio Roberti integró la delegación olímpica argentina en cinco ocasiones. Compitió en los Juegos de Múnich 1972 (26°), Montreal 1976 (11°), Los Ángeles 1984 (13°), Seúl 1988 (8° y diploma) y Barcelona 1992 (10°). También logró la clasificación para Moscú 1980 y Atlanta 1996, pero el boicot de Argentina y las obligaciones en su empresa, respectivamente, lo dejaron al margen de las competiciones. Fue subcampeón en los Mundiales de Antibes 1977 y de Seúl 1978.
Septiembre negro
En la madrugada del 5 de setiembre de 1972, siete integrantes del grupo comando palestino “Septiembre Negro” irrumpieron en la Villa Olímpica de Múnich y tomaron como rehenes a 11 integrantes de la delegación deportiva de Israel. Exigían la liberación de 236 detenidos.
Durante el episodio, y el posterior intento de rescate en la base área Fürstenfeldbruck, fueron asesinados cinco deportistas, cuatro entrenadores, un árbitro y un juez israelíes. La lista de víctimas fatales se completó con cinco terroristas y un jefe policial.
Los tres sobrevivientes del comando palestino fueron liberados 53 días después del atentado, en el marco del secuestro de un avión de Lufhtansa, que según algunas investigaciones fue simulado por el Gobierno alemán.
La semana pasada se anunció que el Poder Ejecutivo alemán, la región de Baviera y la ciudad de Múnich pagarán alrededor de 28 millones de euros a los familiares de las víctimas y que serán desclasificados documentos relacionados con la toma de rehenes y el fallido rescate.

