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Volvió una noche

La Selección Argentina recuperó su mejor versión de la era Scaloni, superó con autoridad a Polonia y se quedó con el primer puesto del Grupo C. Con el ánimo en alto y la memoria futbolística intacta, el equipo de la AFA ahora deberá eliminarse con Australia en la instancia de octavos de final.

Por Hugo Caric

Cuando quedó puesto el mejor de todos los resultados posibles, el que le dio el triunfo, la clasificación y el liderazgo de su grupo, Lionel Messi llevó a todos sus compañeros hacia las tribunas donde celebraban los hinchas argentinos en el Stadium 974 de Doha. En medio de los cánticos, el propio “Leo” se encargó de tomar la batuta, como lo hace adentro de la cancha.

No hubo desbordes en ese festejo. Para el capitán del elenco que ayer estrenó oficialmente el color púrpura, el epílogo del 2-0 ante Polonia representó un desahogo, y también saldar una deuda. “No los vamos a dejar tirados”, le había dicho a la gente luego del duro porrazo del debut ante Arabia Saudita.

El equipo de la AFA no sólo se reconcilió con la gente en el tercer y último compromiso de la fase inicial del Mundial 2022. También se reencontró con su mejor versión futbolística, la que lo llevó a romper un maleficio de 28 años en la última Copa América -nuestro propio ‘Maracanazo’- y le permitió sellar el pasaporte a Qatar casi con un año de antelación.

En una nueva final anticipada y con un escenario totalmente impredecible, donde las hipótesis iban desde cruzarse con el último campeón en octavos de final hasta volver a la concentración para armar las valijas, Messi y sus compañeros dieron la talla en todo momento. Aún en la adversidad. Argentina salió a la cancha haciéndose cargo del rol de protagonista que le exigían las combinaciones matemáticas y también decidido a mostrar que el disco duro estaba más sano que nunca luego del ‘reseteo’ ante México.

El trámite del encuentro no fue el que Argentina imaginó, lidiando contra Lewandowsky y diez más. El delantero del Barcelona fue un espectador de lujo, aunque lejano y solitario, de cómo sus nueve compañeros de campo trataban de armar una muralla en torno a su arquero. La cosa terminó siendo contra Szczesny, quien aguantó hasta donde pudo, que fue bastante. Incluido un penal que le atajó a Messi. “Más allá de lo que pasó en esa jugada, estábamos convencidos de que lo íbamos a ganar”, dijo “la Pulga” en el postpartido, cuando le preguntaron sobre la fatídica incidencia que dejó el marcador igualado sin goles al término del primer tiempo.

Y nos llaman los tapados

La férrea defensa de los polacos terminaría claudicando más temprano que tarde. A los 45 segundos del complemento, Alexis Mac Allister le puso el moño a una gran jugada colectiva y empezó a alejar a los fantasmas de 2002. Con la ventaja en la mano, Lionel Scaloni reafirmó la propuesta: tenencia, asociaciones, la pelota siempre al “10” y no darle margen de reacción al rival. La escasa ambición polaca completó el combo. En lugar de buscar el gol que los podía consagrar como los mejores de su grupo, los europeos jugaron sus fichas a que no les convirtieran demasiado más y a que el resultado de México-Arabia Saudita los ayudara a pasar raspando.

Muy por el contrario, Argentina dobló la apuesta. Hubo cambios de nombres, de funciones y de sistemas, y el rendimiento del conjunto no decayó. Impecable el trabajo de los dos cordobeses que retornaron a la defensa, “el Cuti” Romero y Nahuel Molina. No fueron los únicos puntos altos. Otros que “volvieron” fueron Ángel Di María y Rodrigo De Paul. Julián Álvarez justificó la confianza del cuerpo técnico con una gran definición que le bajó la persiana a la lejana posibilidad de un milagro de Polonia y le puso el moño a una gran acción previa de Enzo Fernández.

Mac Allister, Álvarez y Fernández no eran parte del once ideal de Scaloni en la previa del Mundial. Ni siquiera luego de la certeza de la ausencia por lesión de Giovani Lo Celso. Tuvieron su chance en plena Copa, sobre la marcha y en un camino sinuoso, y se fueron ganando un lugar importante. Lo mismo pasó con Cuciuffo, Enrique y Olarticoechea en México ’86. Para los amantes de las coincidencias. Y los que ilusionan con más.

Fotos: Reuters

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