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La lista de un solo candidato

El oficialismo provincial pivoteará sobre la alta imagen positiva que conserva el gobernador. En Juntos por el Cambio, el acuerdo aún aparece lejano y en el Frente de Todos intervino Alberto.

La pandemia infectó hasta el último rincón de la vida cotidiana. Y la política, por supuesto, no se salvó de sus efectos. Los oficialismos, los gobiernos fueron padeciéndolos con el paso del tiempo. Las restricciones, el malhumor por la crisis, los fue erosionando casi inexorablemente.

Alberto Fernández alcanzó picos de aprobación históricos y hoy su imagen positiva, según el último estudio nacional de la consultora Zuban Córdoba y Asociados, está en el 42,8 por ciento mientras la negativa se ubica en el 55,7.

Hay, como siempre, excepciones. Una de ellas es Juan Schiaretti . El gobernador tuvo altibajos durante la pandemia pero ahora, según señalan encuestas oficialistas y opositoras, ha recuperado niveles de aprobación asombrosos, más aún para un signo político que lleva más de dos décadas en el poder.

Por estas horas, un sector del radicalismo está haciendo circular dos encuestas. Una de ellas, con un relevamiento hecho a través de la web, le da a Schiaretti ya su gobierno más de un 58 por ciento de imagen positiva.

Pero el segundo sondeo radical, que incluyó mil encuestas domiciliarias presenciales, le otorga 66,1 puntos de aprobación a la gestión provincial y 73,6 por ciento de imagen positiva al gobernador.

El peronismo, por supuesto, maneja cifras similares. “En ningún pueblo Schiaretti tiene menos de 68 o 70% de imagen positiva”, señalando desde el Centro Cívico.

Esos números le marcaron al oficialismo la estrategia que usará para encarar las Paso que se vienen en septiembre y las legislativas de noviembre. Más allá de los nombres que aparezcan en la lista, el candidato estará fuera de ella:será Schiaretti. Ya lo dicen los ministros en sus recorridas por el interior:plantearán en la campaña el pedido de apoyo a la gestión, al modelo de gobierno de Hacemos por Córdoba y, fundamentalmente, al gobernador.

El peronismo cordobés tratará de instalarse por fuera de la grieta, o por encima, y se postulará como una alternativa diferente, dialoguista, sin enfrentamientos. “Es un modelo exportable”, dijo Juan Carlos Massei, ministro de Desarrollo Social, en su visita a Río Cuarto. Y si es exportable el modelo también lo es su mentor.Schiaretti ya piensa en el 2023 y en una posible proyección provincial.

El inconveniente principal que afrontará, y que es una reiteración de elecciones anteriores, es que la superación de la grieta no depende de la voluntad. En una legislativa nacional lo que viene imponiéndose es el eje kirchnerismo-antikirchnerismo, con prevalencia por supuesto del segundo componente en Córdoba. Y, si bien las encuestas marcan cierto agotamiento del electorado con esa pelea perenne, todavía es un elemento presente. “Si la elección se vuelve un sí o un no al gobierno nacional, va a ser un problema para nosotros. Pero creemos que están las condiciones dadas para crecer”, dicen desde el Panal.

Cuando gobernaba Cristina, Hacemos por Córdoba se instalaba en uno de los dos lados de la grieta: se proclamaba víctima del kirchernismo, de su discriminación, y pedía apoyo como señal de castigo a esa actitud del gobierno nacional. Ahora la estrategia será diferente, en parte porque aquel enfrentamiento hoy no es tal y, en parte, porque Schiaretti aspira a construir su propio espacio, por fuera de la lógica kirchnerismo-antikirchnerismo.

El peronismo cordobés tiene asumido que no competirá por el triunfo este año; su aspiración es mejorar la performance de 2019, cuando con una lista corta y sin candidato a presidente, orilló los 17 puntos. Ahora, prevé un piso de 20, que le redituaría dos bancas en Diputados y una en Senadores.

La imagen de Schiaretti no sólo le sirve como argumento electoral sino además como elemento ordenador. En el peronismo no hay ruidos; no porque no haya diferencias sino porque está claro quién las dirime.

La lista de Hacemos por Córdoba no está cerrada. Antes de hacerlo, antes del sábado, Schiaretti espera que se despeje en algo la compleja maraña en que se ha convertido Juntos por el Cambio.

Lo que sí existe es una definición para contraponerse a una primera configuración que puede adivinarse en la coalición opositora: el peronismo quiere que su lista sea geográficamente diversa, que le dé juego y participación a las regiones, y que evite el centralismo capitalino que ya está presente en Juntos por el Cambio.

Para el peronismo, más relevante que por sí mismo, el 2021 lo es como una escala hacia el 2023. La definición de evitar un acuerdo con el gobierno nacional apunta en ese sentido: un acercamiento al kirchnerismo lo dejaría sin chances, razonan, de retener la gobernación cuando Schiaretti ya no pueda ser candidato.

En Juntos por el Cambio el escenario es más complejo. Porque no existe el elemento ordenador que tiene el peronismo, porque hay demasiados aspirantes para un puñado de cargos legislativos y, también, porque entienden que quienes encabecen este año quedarán instalados en la disputa para el 2023.

La perspectiva de un triunfo en estas elecciones azuza las aspiraciones personales. Hoy, la coalición opositora marcha primera en las encuestas pero esa constatación en vez de aplacar, exacerba.

En Juntos por el Cambio hay tantas versiones como aspirantes a las listas. Algunos juran que el acuerdo entre la UCR, el Pro y el juecismo está cerca;otros que, en realidad, se encuentra a años luz.

Hay dos nombres que son centrales:Luis Juez y Mario Negri. Los dos pretenden encabezar la lista de senadores; los dos gozan de buenos índices de imagen. Pero el puesto es uno solo y un acuerdo requiere que uno de los dos se baje.

Si no hay un entendimiento, irán en listas separadas a las Paso. En el negrismo dan por descontado un acuerdo con Rodrigo de Loredo para que el exlegislador encabece la lista de diputados pero aspiran a sumar a representantes de las otras fuerzas de la coalición para no quedar encasillados en un radicalismo puro. En ese punto, otra complicación la representa Ramón Mestre: el exintendente quiere integrar la lista de diputados pero los sectores de Negri y De Loredo le piden que impulse a una dirigente de su sector para facilitar los acuerdos.

En la respuesta a Mestre también se cuelan viejos rencores.

El otro protagonista de la elección será el Frente de Todos, que nunca la tiene fácil en Córdoba. El intendente de Villa María, Martín Gill, que está de licencia porque ocupa la estratégica Secretaría de Obras Públicas de la Nación, había mostrado cierta reticencia a encabezar la lista de diputados. Esa actitud motivó que actuara el propio presidente Alberto Fernández.

Gill, por su relación con los intendentes, tiene la posibilidad de generar una estructura, no necesariamente manifiesta, que traccione para el Presidente. Como esos equipos para los que cada punto vale oro, en Córdoba para el kirchnerismo lo importante es sumar.

Por Marcos Jure

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