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El mejor final

Argentina derrotó por penales a Francia en el dramático partido decisivo de Qatar 2022 y obtuvo la Copa de la FIFA por tercera vez en la historia. Lionel Messi logró cantar victoria en su quinto y último Mundial.

Hombre récord de los Mundiales, Balón de Oro y campeón. El quinto y seguramente último capítulo de la serie de Lionel Messi en la Copa de la FIFA tuvo un final soñado. No sólo por él. Una de las “perlitas” de Qatar 2022 fue el deseo compartido por propios y extraños de que el capitán argentino terminara dando la vuelta olímpica, en andas y con el codiciado trofeo, como Daniel Passarella en 1978 y Diego Maradona en 1986.

Sucedió. Y la tercera estrella en la camiseta albiceleste ya es una realidad. Por si alguien todavía se estaba pellizcando, los jugadores lo hicieron ‘caer’ más temprano que tarde, estrenando la flamante indumentaria en medio de los festejos en el Estadio de Lusail. “Esta se hizo desear, pero ya está”, afirmó “la Pulga” mientras sostenía en sus manos la joya más cotizada en el mundo del fútbol, todavía con gesto incrédulo, luego de la interminable celebración junto a compañeros, familiares, allegados e hinchas.

El equipo de la AFA no fue Messi y veinticinco más, y aquí el crédito hay que dárselo al otro Lionel. Después del golpazo de Rusia 2018, Scaloni -primero con carácter de improvisado y luego de interino- inició el recambio generacional que imponían los tiempos sin la certeza de poder contar a futuro con el “10”, frustrado tras la derrota ante Francia en cuartos de final. Messi fue uno de los primeros a los que el DT lograría convencer.

Lo del entrenador, el más joven de los 36 que estuvieron en el primer y polémico Mundial en Medio Oriente, da para otra película. “Lo de este muchacho es absolutamente increíble, casi de novela. Cuando agarró el equipo, todo nos preguntábamos ‘¿qué hace acá?’, y de a poco nos fue tapando la boca a todos”, comentó Osvaldo Ardiles, cordobés y campeón del mundo hace 44 años (exactamente los que declara el DNI del actual seleccionador nacional) en la previa de la dramática final contra Francia.

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“El partido fue una locura”

Scaloni lo dijo. ¿Era necesario tanto suspenso? No hay caso: este Mundial se ensañó con hacernos tararear eso de que “primero hay que saber sufrir”. Fue hermoso mientras duró en cancha Ángel Di María. La inclusión de “Fideo” no sólo fue el factor sorpresa de Argentina, sino también la llave para trasladar al marcador el dominio claro, por momentos abrumador, de la primera hora de juego. Quedó claro que Francia no esperaba que Di María fuera titular y que jugara casi de wing izquierdo, y mucho menos que su rival se le plantara asumiendo el protagonismo con tanta autoridad.

Hasta que llegaron los dos minutos fatídicos, esos “dos tiros de mierda” como describió ‘Dibu’ Martínez el primer y el segundo gol de Francia, la victoria parecía no correr riesgos en el tiempo regular. El penal de Messi y la gran definición de Di María presagiaban una historia más parecida a la de la semi ante Croacia que a la de los cuartos frente a Países Bajos. No contábamos con la astucia de Kylian Mbappé. O sí. Cuando le aflojaron un poco las marcas, y le dieron un par de centímetros, el goleador no perdonó.

El sorprendente 2-2 amagó con derrumbar como a un castillo de naipes la ilusión que el conjunto albiceleste había generado con su juego. Una puesta en escena que mostró muchos picos altos de rendimiento individual y una sólida exhibición colectiva. ¿No daba para apelar a la tan elogiada versatilidad y armar la línea de cinco defensores a medida que el reloj del referí polaco fuera marcando las horas? Tal vez. Pero Scaloni no se quedó con ‘el diario del lunes’ y en la adversidad buscó reacomodar los tantos tras el sacudón que nos dejó mudos a todos. Y allá fue el equipo de nuevo. “No los vamos a dejar tirados”, pareció decirle Messi a la gente de las tribunas.

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Otras de suspenso

Después del sacudón, Argentina eligió reconciliarse con la pelota y la iniciativa, para sacar a relucir nuevamente su mejor versión. Francia decidió esperar y apostar al contragolpe, y sufrió otra vez. El ingreso de Leandro Paredes le devolvió el predominio en el mediocampo al seleccionado argentino y potenció a Enzo Fernández y Alexis Mac Allister, dos que habían sido figuras y a los que les había empezado a costar.

Lautaro Martínez también entró bien al partido, y fue una preocupación constante para la defensa gala, más allá que volvió a fallar en la última puntada. La mejoría se trasladó al marcador por obra y gracia de Messi -el capitán se puso al hombro al equipo en el momento más difícil- y parecía que la historia finalmente empezaba a cerrar, pero el guión le tenía reservado a Mbappé, el villano de turno, otra aparición determinante.

La cosa se terminó definiendo en los penales, donde ‘Dibu’ se los volvió a comer a todos, y Montiel tuvo su revancha, después de haber protagonizado la acción que terminó en el 3-3 final del tiempo reglamentario y el alargue.

El resto fueron todas lágrimas, festejo, desahogo. Una sensación casi olvidaba para muchos e inédita para varias generaciones -incluido el plantel completo del actual seleccionado argentino-, que consideraban casi de “prehistoria” las hazañas que les contaban del ’78 y el ’86.

El fútbol argentino acaba de escribir otra página gloriosa, y eso no es cosa de todos los días. Ya habrá tiempo para más y mejores análisis. Ahora mejor poner el último punto y mandar la nota antes de que se pongan impacientes los editores. PD: ¡¡¡Dale campeón, dale campeón”!!!

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