Brigadistas comunitarias en la línea de fuego

En Córdoba, los vientos de la estación seca preocupan por la llegada de fuego que se presume intencional en un 95% de los casos, la gran mayoría con intereses sobre el suelo quemado. Ante esto, crecen las brigadas comunitarias en distintos puntos de la provincia, con fuerte presencia de mujeres e identidades disidentes.

Por Anabella Antonelli

El 8 de marzo, en la ciudad de Córdoba, una multitud ocupó las calles del centro. Entre las banderas, las canciones y las pancartas, un grupo avanzó con sus uniformes brigadistas por la Avenida General Paz. En sus cascos se leía "Luana presente". Son Las Fuegas, un colectivo de feminidades que integran brigadas comunitarias de las Sierras Chicas. En el combate de los incendios, espacio tradicionalmente masculino, la participación femenina tiene costos. Ante esto, Las Fuegas hacen red.

Las más de 30 brigadas forestales comunitarias cordobesas están conformadas por personas autoconvocadas en la defensa de los territorios por los incendios que sacuden la provincia cada año. Muches vienen del activismo ambiental y conocen muy bien el entorno donde actúan. Trabajan todo el año, si no hay focos activos, se capacitan, realizan acciones de educación ambiental, conservación y reforestación.

Algunas brigadas tienen hasta 30 años, pero la mayoría nacieron después de los incendios del 2020, “donde ya nos resultó insuficiente colaborar con los bomberos”, explica a MI Córdoba Lucy “Vilú” Posada, de la Brigada Forestal Comunitaria Saldán Inchín. Ese año se quemaron más de 350 mil hectáreas en una provincia que cuenta con menos del 3% de bosque nativo. “Se quemaron los espacios que habitualmente cuidamos, transitamos, fue muy doloroso porque conocíamos los senderos, era el patio de nuestra casa”, narra.

Decidieron juntarse, capacitarse, conseguir equipamiento y entrenarse para participar en el combate del fuego. “También nos interesan las tareas de remediación, hacer que las pocas semillas que quedaron se renueven, ir a plantar o lo que sea necesario para que el espacio vuelva a recuperarse naturalmente”, señala Vilú. Ana Reales, de la Brigada Forestal Comunitaria Chiviquín, agrega que el principal apoyo es la comunidad, con aportes económicos, de difusión y de contención emocional.

“Las pibas también vamos al fuego”

El 22 de enero pasado, Luana Ludueña se suicidó tras demandar al ex director de Defensa Civil Diego Concha por abuso sexual y violencia de género, y soportar el acoso de sus compañeros. La situación cristalizó las problemáticas de género en el mundo de los incendios forestales. Un mes y medio después, Las Fuegas marcharon el 8M exigiendo justicia por la brigadista y por el desastre ambiental que representan los incendios intencionales en la provincia. “El extractivismo hace con los bienes naturales lo que el patriarcado hace con nuestros cuerpos”, decían.

“Hubo mucha respuesta positiva del resto de las feminidades que estaban participando en la marcha y muchas respuestas negativas dentro de algunas brigadas y de los bomberos que nos llenaron las redes sociales diciendo que el uniforme no se mancha y cosas en contra de que usemos la sagrada e inmaculada ropa de incendio forestal en un evento de manifestación pública -relata Vilú-. La respuesta fue bastante contundente de mucha gente que no les molesta que nos rompan, nos violen y nos maten, pero sí que le manchemos los uniformes”.

Para Ana, el mundo del fuego, sus instituciones y las formas de sofocar los incendios, son fuertemente masculinas. Los roles de mando de bomberos, la policía o el Equipo Técnico de Acción ante Catástrofes (ETAC) generan vínculos hostiles en el trato con las brigadistas. A su vez es todo un desafío que los varones aprendan a recibir órdenes de sus pares mujeres. Entrar a ese mundo es trastocar las dinámicas tradicionales, hacer que se considere la distinta disponibilidad de tiempo que tienen, por la mayor carga de tareas de cuidado que recae sobre ellas. “No nos miran, el manual para combatiente forestal está hecho para un varón de edad media, peso medio y buen estado físico. No estamos ni nombradas”, dice Vilú narrando las estrategias que se dan para adecuar la vestimenta, las herramientas de trabajo o los elementos de protección a sus tamaños y necesidades.

Brigada Las Fuegas, un fenómeno creciente en la provincia para preservar la naturaleza..jpg

“Nosotras aportamos desde muchos lugares, no solo yendo al combate, donde hay compañeras fuertísimas que hacen grandes tareas, que tienen mucha fuerza física, destreza y conocimiento de territorio o de combustible -expresa Ana-. Aportamos en tareas que las mujeres históricamente tenemos aprendidas, como gestionar la vida cotidiana, más en situación de estrés, garantizar bases operativas comunitarias, realizar tareas de logística, gestionar alimento y aportar sensibilidad en el combate de incendios, llevar otros modos más amorosos que hacen también a las formas comunitarias y democráticas de construir nuevos mundos”.

La magnitud del desastre

Una y otra vez los empresarios y propietarios mandan a encender el fuego sobre el monte que cuesta décadas recuperar, perjudicando la biodiversidad, el suelo, el aire, el agua. “En Córdoba ya estamos en una situación de crisis, la calidad ambiental y los servicios que nos puede dar el ambiente con la cantidad de pobladores que somos ya está en desbalance. La Organización Mundial de la Salud y otras instituciones hablan de que se debería tener el 20% del hábitat en condiciones adecuadas de conservación. Estamos perdiendo con un montón de intereses que solamente les sirven a algunos”, explica Vilú.

Se calcula que más de 20 mil hectáreas se quemaron en 2022 y algunos focos continúan activos. La mayoría de los incendios son intencionales, favoreciendo proyectos de desarrollo inmobiliario o actividades agrícola-ganaderas. Para un empresario desarrollista o propietario de un campo es más económico deforestar prendiendo un fósforo que con maquinaria. Desde distintos ámbitos señalan que la falta de acción del Poder Judicial de la provincia respecto a las denuncias que no prosperan a lo largo de los años, sostiene la impunidad de los incendiarios.

“Hay un discurso de ‘no tirar colillas’ o ‘no hacer fuego’, responsabilizando a la sociedad civil. Si bien puede haber incendios por esto, están siendo principalmente intencionales y tienen que ver con los intereses del Estado: el Plan IIRSA, las autovías, los caminos que necesitan para llegar a las minas de litio, para extraer los recursos naturales, para el negocio inmobiliario, para la expansión de la frontera agrícola. El Estado dice que son provocados por el hombre, nos preguntamos qué hombre”, señala Ana.

Para la brigadista, el Gobierno tiene una política de invisibilización de las brigadas, aunque son quienes hacen las tareas nocturnas una vez que el incendio está controlado. A diferencia de lo que sucede a nivel nacional, el Plan de Manejo del Fuego de Córdoba no incluye la figura del brigadista, sino del bombero brigadista, con un régimen particular, carga horaria, cobertura de responsabilidad civil, trabajando en otros siniestros además de los incendios forestales.

“Nosotres no somos ni queremos ser bomberos -señala Vilú-. Aunque haya buenas intenciones, ellos no tienen chance de hacer planificación previa, mapeos de área, de preservación. En la diversidad de tareas, la forestal es una más, no es la principal ni la única, y eso hace que la atención y el cuidado sea diferente y que las estrategias desde el punto de vista de la conservación, no sean las más apropiadas”, apunta Vilú. El monte, para las brigadas, es un bien tan valorable como la vida humana.

*Fotos de Brigada Forestal Isquitipe

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