Por Hernán Vaca Narvaja / @HVacaNarvaja
Se espera que el fiscal pida la absolución de Macarrón
Final de juego
Mañana, si no hay sorpresas, el presidente del tribunal que juzga al traumatólogo Marcelo Macarrón, Daniel Vaudagna, dará por terminada la recepción de prueba y le pedirá al fiscal Julio Rivero para que brinde su alegato ante el jurado popular. El fiscal debería fundamentar por qué el viudo de Nora Dalmasso debe ser condenado como instigador del crimen de su esposa. O no. Porque, así como el fiscal puede acusar, también puede pedir la absolución del imputado por considerar que no hay pruebas suficientes en su contra.
Por lo visto a lo largo de un proceso oral y (no tan) público que se extendió durante casi cuatro meses en los tribunales de Río Cuarto, Rivero no sumó una sola prueba que apuntale la acusación con que el fiscal Luis Pizarro elevó la causa a juicio, allá por septiembre de 2019. Es más: en la última audiencia incluso renunció a incorporar por lectura el testimonio de la amante de Macarrón, Alicia Cid, considerada una pieza clave de la acusación que pesa sobre el viudo.
Si el fiscal acusa, al otro día será el turno del abogado Marcelo Brito, quien procurará convencer al jurado popular de la inocencia de su cliente. Cuenta para ello con la inusual complacencia del fiscal, que a lo largo del proceso actuó más como su abogado auxiliar que como representante del Ministerio Público Fiscal.
Como lo hizo desde que asumió la defensa de Facundo Macarrón, el hijo del actual imputado, Brito centró sus críticas en los déficits de la investigación judicial y en la supuesta contaminación de la escena del crimen. Y también, sobre todo al principio del juicio, en presentar a su cliente como un marido ejemplar y excelso padre de familia y aventar sospechas sobre Miguel Rohrer, el célebre “francés” que le dijo de todo menos lindo a su ex amigo cuando le tocó declarar en tribunales, luego de que el propio Brito y Rivero trataran de dejar sin efecto su convocatoria, como hicieron con otros actores claves del caso que finalmente no declararon: el amante de Nora, Guillermo Albarracín; la amante de Marcelo Macarrón, Alicia Cid; el comisario cordobés Rafael Sosa; el ex jefe de Policía Sergio Comugnaro; o el golfista Arturo Pagliari, que desmintió en los medios haber practicado con Macarrón antes del comienzo del torneo de golf la misma mañana del sábado que asesinaron a Nora Dalmasso, como dijo el imputado en la sala de audiencias.
Prueba genética
A pesar de sus ingentes esfuerzos, Brito nunca logró desacreditar en todos estos años el trabajo realizado por los forenses Martín Subirachs, Guillermo Mazzuchelli y Virginia Ferreyra y del bioquímico Daniel Zabala, que tomaron y analizaron las muestras del cadáver de Nora Dalmasso y cuyos resultados -a pesar de la férrea y persistente oposición del Ceprocor- terminaron siendo corroborados años después por el laboratorio especializado del FBI, que le puso nombre propio al principal donante del material genético más comprometedor hallado en la escena del crimen: Marcelo Eduardo Macarrón.
En el juicio, de los tres forenses sólo declaró Subirachs, que dio una verdadera clase de profesionalismo, humildad y dignidad. A tal punto que fue el único testigo que dejó sin preguntas a Brito. El fiscal y el abogado defensor coincidieron, en cambio, en sus ácidas críticas al trabajo realizado por Zabala. Elogiaron a coro, en cambio, la exposición de la bióloga molecular Nidia Modesti, que era directora del Ceprocor -organismo que al momento del crimen dependía del Poder Ejecutivo Provincial- y como tal siempre relativizó las sospechas que pesaban sobre el imputado con el mismo argumento: la presencia de su ADN podría ser consecuencia de la “transferencia” o “contaminación” de prendas en el lavarropas familiar o resultado de la relación sexual mantenida entre ambos -según declaró el viudo- antes de viajar a Uruguay.
Se esperaba un arduo debate en torno a si es posible o no que los restos de semen permanezcan tanto tiempo en la vagina de la víctima. Pero Brito y Rivero también coincidieron en que la palabra de Modesti era suficiente para desacreditar las conclusiones de Zabala. Ni especialistas, ni ampliación de pericias. Ni siquiera un careo. La discusión de la prueba genética -que motivó las imputaciones de Facundo y Marcelo por parte de los fiscales Javier Di Santo y Daniel Miralles- se limitó a la exposición de dos testigos.
Como el fiscal renunció a la prueba genética y descartó convocar a todos los testigos vinculados al supuesto viaje de Macarrón desde Punta del Este, se descarta que mañana pida el cambio de carátula. Por lo que solo le quedan dos caminos posibles: mantiene sin convicción la acusación que hoy pesa sobre el viudo; o pide lisa y llanamente su absolución.
La lógica indica que la penosa actuación de Rivero en el juicio sería coronada esta semana con el pedido de absolución para el imputado, lo que tornaría abstracta la defensa de Brito. Es que al no haber querellante -Juan Dalmasso, su hermana Susana y los hijos del imputado decidieron excluir a último momento a la madre de la víctima-, si el fiscal no acusa, el jurado popular ni siquiera podrá votar por la inocencia o culpabilidad del imputado.
Si el fiscal pide la absolución, la última imagen del juicio podría ser la de Marcelo Brito alegando la inocencia de su cliente, que igualmente ya no podría ser condenado.
Una imagen que vale más que mil palabras.

