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Mi mañana triste

Después del inesperado traspié, la selección de Scaloni no tiene margen de error.

Por Hugo Caric

Al seleccionado argentino le movieron el arco. La primera fase de su 18° participación mundialista duró lo que un suspiro y ahora tendrá que jugar todo lo que le queda a suerte y verdad. El traspié ante Arabia Saudita, inesperado y doloroso 1-2 en el Estadio de Lusail, le plantea un cambio de escenario absoluto al equipo de ‘Los Lioneles’.

Desde la transmisión de la TV Pública, Sergio Goycochea, “el Goyco”, trataba de atajar el desconcierto y sacar rápido hacia el lado del optimismo, recordando la experiencia del debut en el Mundial ’90, el no menos sorprendente 0-1 ante Camerún en Milán. En este caso, la comparación no sólo es odiosa. En aquella Copa italiana, una victoria ante la ex Unión Soviética y un empate contra Rumania le permitieron al elenco de la AFA entrar a la etapa definitoria por la rendija reservado para los mejores terceros. Eso, como tantas cosas, no existe en Qatar.

Sin margen de error

Salvo en el improbable caso de una alineación de planetas, o más bien de una alienación, Messi y compañía tendrán que ganarle a México el sábado y a Polonia el otro miércoles para que su periplo en Medio Oriente supere los 10 días que duró la excursión del elenco que dirigió Marcelo Bielsa en Japón-Corea 2002, otro que lucía la “chapa” de candidato en el máximo certamen de la FIFA.

Para ello habrá que cambiar el chip, o resetear el disco duro. Cuestiones para las que suele ser necesario llamar a un técnico. Prueba de fuego para Scaloni, que sobrevivió a la desconfianza y también a los elogios, y enfrenta por primera vez la adversidad con este grupo con el que le tocó hacer la escolaridad completa del otro lado de la línea de cal.

Solucionado el primer problema, la asimilación del impacto de la derrota y la consecuente desilusión, el DT deberá hacer los ajustes necesarios para que la propuesta futbolística vuelva a lucir sólida y convincente.

El debut dejó en claro que algunos jugadores llegaron “tocados” al búnker de Doha: “Cuti” Romero falló impensablemente en un mano a mano y dejó indefenso a “Dibu” Martínez en la jugada que terminó en el empate de los árabes. A la vuelta de la esquina, Molina, Paredes y De Paul no presionaron lo suficiente y permitieron que el “10” adversario se disfrazara de Messi. Y entre Tagliafico y Acuña la duda parece ser quién tiene un poco más de resto físico, y no si hay que defender o atacar más. Tampoco Dybala parece estar en la consideración como una solución. El cuerpo técnico tuvo veintiocho minutos para disponer de una quinta variante, y prescindió de esa posibilidad.

Señales de ajuste

Se lo extraña a Lo Celso, está claro. Y mucho más si De Paul se pierde en el desconcierto y la imprecisión. No estuvo mala la idea de sumar a “Papu” Gómez, otro generador de juego, pero Argentina quedó descompensada en un sector clave de juego. Recién logró acomodarse en la zona neurálgica del campo de juego con el ingreso de Enzo Fernández. A esa altura, el conjunto albiceleste ya apostaba a los centros, a una genialidad de Messi o de Di María o directamente a un milagro. No acertó ninguna.

¿Los tres goles anulados? Nada que criticar. La nueva tecnología (a semejanza del “Ojo de Halcón” del tenis) supera con creces a esos largos debates por los intercomunicadores y toda esa pantomima que nos vendieron como la solución de todos los problemas del fútbol: el famoso VAR. Nada que objetar.

El representativo de la AFA nunca pudo encontrarle la vuelta a esa táctica de Arabia Saudita de jugar el partido en treinta metros y tirar el achique de modo sistemático. Mala nuestra. “Nunca nos sentimos cómodos”, reconoció Messi al analizar las incidencias del partido. “No subestimamos a nuestro adversario”, aclaró Scaloni, por las dudas, en la conferencia de prensa. Y le puso título a la derrota: “Hoy es un día triste”.

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