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Ecovid: La estrella en tiempos de pandemia

En el mundo, la actividad económica se está recuperando del colapso ocasionado por el coronavirus, pero aun así se mantendrá por un período prolongado por debajo de las tendencias previas a la pandemia.

*Por Gisela Veritier.

Paul A. Samuelson en su habitual Economics utilizó el “dilema de los cañones o mantequilla” para explicar el carácter excepcional de la producción y el consumo, analizando la teoría de las ventajas comparativas y el costo de oportunidad. Dicho dilema, aunque nunca fue la intención del Nobel, parece explicar las decisiones que se toman desde el gobierno cuando se piensa en el dilema “o nos morimos de hambre, o nos morimos de COVID-19”.

Con este criterio y a medida que la evolución del virus avanza por las diferentes fases de estadios hacia la liberación de la actividad económica, el impacto se continúa sintiendo en la muy golpeada economía argentina. Durante el 2020, el efecto del aislamiento y las políticas de cuarentena para proteger la salud de la población, comenzaron a reflejar tensiones permanentes en diferentes variables que confluyen hacia una caída de la actividad económica en un 10% en el 2020: el dólar, la inflación y la sombra del default.

En el mundo, la actividad económica se está recuperando del colapso ocasionado por el coronavirus, pero aun así se mantendrá por un período prolongado por debajo de las tendencias previas a la pandemia. La pandemia ha potenciado los riesgos asociados con una ola de acumulación de deuda a nivel mundial siendo (según el Banco Mundial) las principales prioridades más urgentes “contener la propagación del virus, proporcionar alivio a las poblaciones vulnerables y superar los desafíos relacionados con el proceso de vacunación” ante la peor caída en la historia de América Latina y en donde la OIT estimaba la pérdida de 25 millones de empleos. En este contexto, argumentan que la fragilidad en la posición fiscal limita fuertemente las medidas de estímulo que pueden adoptar los gobiernos, por ello, recomiendan poner énfasis en reformas ambiciosas para reactivar un crecimiento sólido.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica del INDEC publicado el jueves pasado, mostró un cambio de tendencia luego de un crecimiento consecutivo de 9 meses, cayendo un 1% con respecto a enero y totalizando una baja de 2.4% interanual. Si bien la construcción, el comercio, la intermediación financiera y en menor medida la industria, fueron los sectores que marcaron ascensos, el resto de los sectores tuvieron una mejora leve o bajas, destacándose los Hoteles y Restaurantes que cayeron un 38,2%. Este cambio de tendencia, presenta incertidumbre hacia adelante ante un freno en de la expansión económica en meses sin restricción económica.

El año pasado, el alicaído sector privado puso mayor presión sobre la política económica necesitando una mayor actuación del estado y sus finanzas públicas cuya recaudación se encontró fuertemente impactada. El arreglo de deuda con los acreedores privados no alcanzó para generar la confianza y disminución en el riesgo país, esperando que esa situación suceda cuando el gobierno logre cerrar con el FMI. La única fuente a la que echó mano el gobierno y evitar un desborde social, fue la emisión monetaria.

Pero dicha emisión, sumada a las bajas en las tasas de interés generaron tensiones en el mercado cambiario ampliando las brechas en el mercado paralelo, convirtiéndose esto en el Talón de Aquiles del 2020. La ampliación de esta brecha generó expectativas de devaluación que estimuló a los actores a las conductas propias de ello: realizar acopio de cosecha, adelanto de importaciones, pre-cancelación de deudas externas, retiro de depósitos en dólares, entre otros. El drenaje permanente de reservas internacionales llevó al gobierno a endurecer el cepo en una medida que complica aún más a los principales abastecedores de divisas: el sector agropecuario.

Por otro lado, la gran recesión produjo un superávit comercial de 12.528 millones de dólares que paradójicamente no se vio reflejado en las reservas y no evitó caer en la histórica situación de escasez de divisas que se sumó a una inflación del 36%, tomó impulso hacia fin de año llegando al piso del 4.8% en este mes de marzo impactando en el poder adquisitivo y en la pobreza.

En cuanto al gasto público, los gastos de la pandemia ascendieron (según datos de la Oficina Pública de Presupuesto) a $ 917.793 millones siendo el IFE una de las principales con $ 262.281 millones, el ATP para el pago de salarios con $ 226.281 millones y en tercer lugar los fondos de garantías para avalar préstamos blandos de los bancos a las pymes con $ 126.261 millones.

Este repaso por el 2020 pone de reflejo que la musculatura para poder soportar la segunda ola de la pandemia que se asoma con mayor fuerza que la primera, se encuentra muy debilitada. Los gastos sociales que demandaría una restricción de la economía, chocan contra la necesidad de mostrar un presupuesto fiscal sólido para tener mayores posibilidades de negociación ante el Fondo Monetario Internacional.

A diferencia de nuestra situación, John Biden en los Estados Unidos aprobó en marzo un paquete masivo de rescate por la pandemia de US$1,9 billones en Estados Unidos, uno de los más grandes de la historia a fin de mitigar los efectos negativos. Países europeos implementaron medidas de alivio fiscal vía disminuciones de impuestos y créditos a tasa cero a largo plazo como parte de un esquema que reduzca los peores efectos económicos de la pandemia. El FMI distribuirá USD 650 mil millones de Derechos Especiales de Giro (DEG) para que fluyan hacia los bancos centrales de naciones africanas y economías emergentes golpeadas. Pero en el caso de Argentina, el número dos del FMI ya marcó postura en cuanto a que son necesarias reformas estructurales para acordar un nuevo programa, condicionando la asignación de DEG hacia los gastos que demande la pandemia limitando la posibilidad de que se utilicen el pago de deuda.

El desafío con este panorama, consiste en generar las medidas necesarias para lograr un crecimiento económico que se consolide, genere mayores recursos y empleos formales para poder seguir afrontando la recuperación. Para ello, son necesarias políticas fiscales, monetarias y de ingresos que además de estimular el PBI, sean acompañadas con una reducción de la tasa de inflación.

Una economía que se derrumba sumergida en una crisis sin precedentes y peor que la segunda guerra mundial sumado a una enfermedad que se propagó por el mundo con rapidez y una letalidad vista en la gripe de 1918 nos asoma ante un nuevo fenómeno, un nuevo concepto económico que medirá por los próximos años las acciones del gobierno. Una mezcla entre economía y medidas de restricción sanitarias: La Ecovid.

Gisela Veritier - Economista. Directora del ICDA UCC.

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