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¿Qué hacer ante la escalada inflacionaria? Entre la fuga y los problemas estructurales

La inflación creciente muestra problemas estructurales en la Argentina. Mientras la suba de precios deteriora el salario real, provincias y municipios tienen escasas posibilidades de mitigar la situación. Silencio oficial en Córdoba.

Dos hechos inesperados aterrizaron en las economías de todos los países del mundo en los últimos dos años e impactaron en los niveles de actividad y expectativas inflacionarias: la pandemia de Covid19 y la invasión rusa a Ucrania. Esa espiral inflacionaria global impactó de lleno en la economía argentina, agregando interrogantes macroeconómicos a cadenas que muestran un altísimo grado de concentración y que preservan su capacidad de formar precios. Ante esta situación, en el interior profundo, donde las políticas de control de precios tienen un impacto difuso, provincias y grandes municipios tienen escasas herramientas eficaces a la hora de proteger el valor de los salarios reales.

Para Federico Dulcich, doctor en Ciencias Económicas e Investigador del Conicet, en general “los organismos subnacionales intentan aplicar políticas más defensivas para mitigar los efectos de la inflación, sobre todo en los bienes de consumo de los hogares”.

“Se están creando algunas alternativas como son las ferias, adonde concurren los productores directamente y se evitan una cadena de intermediación. A nivel local eso puede funcionar.Algunos municipios están trabajando en pequeñas usinas de leche que sale mucho más barata que la leche industrializada”, ejemplifica Alejandro López Acotto, licenciado en Economía, ex docente de la Universidad de General Sarmiento. Fenómenos microeconómicos que intentan paliar los efectos macroeconómicos de la inflación.

Interesado en saber si el Estado provincial o de la ciudad de Córdoba desarrollan este tipo de políticas, Marca Informativa Córdoba realizó diferentes consultas, pero no obtuvo respuestas oficiales ni en la Provincia ni en el municipio capitalino.

Lo estructural y multicausal

“La inflación es un fenómeno estructural de la Argentina. Hace sesenta años que tenemos décadas completas de inflación de dos dígitos y en algunas de tres dígitos. Y una sola década en que la inflación fue de un dígito, que terminó en el 2001. Eso marca que es un problema con hondas raíces, multifacético y multicausal”, dice López Acotto.

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Para Mario Rapoport, historiador y economista, la concentración económica existente en las distintas cadenas es un “elemento esencial” en la generación de inflación. “En la medida que existan diferentes sectores que puedan imponer sus precios sobre el resto, entonces no existe la competencia”, dice.

“En la Argentina hay una escasa tradición de defensa de la competencia, que para esta cuestión de inflación estructural es un tema relevante”, coincide Federico Dulcich.

La inflación de los alimentos durante febrero fue del 7,5 %, un 35 % superior al promedio mensual que estuvo en el 4,7%. Las causas pueden rastrearse en el impacto de los precios internacionales de las commodities por la guerra en Ucrania. Pero también en las rigideces estructurales de la economía y en la concentración en las diferentes cadenas de valor.Según Rapoport, en la década pasada sólo tres empresas concentraban el 89 % del comercio minorista del Gran Buenos Aires; otras dos el 89 % de la comercialización de cerveza; dos, más del 75 % de las galletitas y entre dos se repartían el 89 % del mercado del pan lactal. La concentración continuó.

Existe una coincidencia en que los factores estructurales de la economía condicionan su comportamiento inflacionario.Sin embargo, algunos economistas destacan también un componente monetario. Según Patricio Temperley, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino(IDESA), en los últimos 10 años, los precios subieron 20 veces al tiempo que la economía decreció un 3%, mientras que circulan 22 veces más billetes.

“En la actualidad existe un componente monetarista ligado a la emisión que se dio durante la pandemia por la necesidad de financiamiento del sector público en un momento en que no había espacio para políticas de ajuste. Y eso tiene un efecto que perdura”, afirma Dulcich.

Para López Acotto, la estructura productiva genera en este sentido un nuevo cuello de botella:el sector agroalimentario, que participa en un 10 % del valor del Producto Bruto Interno es, por otro lado, el principal generador de divisas. “Yo creo que lo posible y lo deseable un día tienen que emparejarse en la Argentina. Se tienen que poner controles en la exportación y subir algunas retenciones para que los precios bajen en el mercado interno. Porque esa es una de las causas principales de la inflación. Pero, por otro lado, existe una gigantesca fuga de divisas que no permite mantener el nivel de precios de manera razonable, sobre la base de las divisas que posee el país”, explica Mario Rapoport.

Según el Indec, en los últimos dos años, y a pesar de las restricciones cambiarias, se fugaron unos 24.000 millones de dólares. El proceso de fuga lleva casi 50 años. En 1975, antes de que la última dictadura interrumpiera el proceso de industrialización, los argentinos tenían 5.500 millones de dólares el exterior y la deuda externa era de 8.280 millones. El mismo informe del Indec, de marzo de 2022, indica que el valor nominal de la deuda externa actual es de 266.740 millones de dólares. Los activos de argentinos en el exterior rondan los 360.000 millones de dólares. Las curvas de deuda y fuga parecen hermanas. Los problemas sociales se agravan.

La multicausalidad inflacionaria exige entonces herramientas eficaces para varios frentes. A fin de bajar las expectativas inflacionarias, López Acotto aboga por un acuerdo nacional de precios y salarios que permita una estabilización en el mediano plazo, pero duda de la voluntad de algunos empresarios. Para Dulcich, un primer paso sería darle previsibilidad al proceso. “Una cosa buena que podría hacer el gobierno es tratar de tener una expectativa de inflación que se cumpla. La inflación es algo que tiene muchas causas y que requiere mucho tiempo. Entonces, tornarla más predecible genera menos desvíos en la esquema de precios y es mejor para la economía. Ese sería un buen punto de partida”.

“Faltan industrias”

Mario Rapoport ha analizado la historia económica argentina en decenas de libros. En uno de sus últimos títulos, Parece mentira que la Argentina exista, define como pesadillas a la dolarización y la inflación: “Una de las causas principales de la inflación es que Argentina es un país agroexportador Y sólo creamos divisas a través de la agroexportación. Eso nos ha traído una serie de problemas. Ahora la inflación tiene que ver con el aumento de las commodities. Y una manera de detenerla es evitar que todas las divisas que se reciben por las agroexportaciones vayan exclusivamente en beneficio de un sector y se fuguen al exterior”.

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- ¿Usted cree que es posible en este momento?

- Acá tenemos un problema de relación de fuerzas. Cuando se han querido tomar medidas como el aumento de las retenciones estalló una crisis que conocemos, por la circular 125. Y ese conflicto impidió que esas medidas dieran resultado.

- ¿Y cuál sería la solución en el mediano plazo?

- Los únicos países que pueden desarrollarse con un crecimiento sostenido son aquellos que tienen un sector industrial respetable. Y en la Argentina eso no ha sucedido. Todo se ha concentrado en el sector agropecuario.

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